Los Ángeles

 

 

El por qué de este trabajo:

 

Hablar en la actualidad sobre los ángeles, puede llevar a una verdadera encrucijada, puesto que es un tema que lo ha tomado la New Age y lo ha puesto de moda, se han escrito infinidad de libros donde se habla de ellos, pero en una forma no apegada a nuestra fe y que solamente arroja confusión.  En estos libros se dice que los ángeles pueden hacer milagros, que pueden curar todo tipo de enfermedades, que intervienen en el tarot, en los horóscopos, que dependiendo de la vestimenta que tengan es la categoría de los ángeles y los favores que puedan hacernos.  Esto sucede porque consideran a los ángeles como personificación de los atributos divinos[1], o se revuelve la angelología judeocristiana con un politeísmo primitivo, todo lo cual nos lleva a alejarnos de la fe y la práctica de nuestra religión.

 

Resumen de los principales puntos que se tocan:

 

Intentaremos estudiarlos apegándonos a las enseñanzas de la Iglesia Católica, a las Sagradas Escrituras, y a las opiniones de los Padres de la Iglesia.

En la primera parte de este trabajo recopilaremos lo que se ha dicho acerca de los ángeles, naturaleza, creación, prueba, división, jerarquización, dones con que fueron dotados, funciones, poniendo las opiniones más autorizadas; solamente en los puntos donde no haya un pronuciamento claro de la Iglesia, una clara enseñanza, o falte del todo, recurriremos a otras fuentes, como son las revelaciones privadas, pero cuidando que sean, hasta donde sea posible, lo más confiables, y que de algún modo estén avaladas por alguna autoridad dentro de la Iglesia; tal es el caso de las revelaciones hechas a Sor María de Jesús de Ágreda (1602-1665), que al menos en el punto que trataremos basados en ella, se encuentra indiciado por San Agustín, quien da una opiniòn muy cercana a esa cuestión.

En la segunda parte vamos a tomar toda la enseñanza acerca de los ángeles, tratando de ver si es aplicable a la naturaleza humana, puesto que toda la Revelación lleva, aparte de la finalidad de mostrarnos lo que Dios ha hecho, hace y hará por el hombre, la finalidad de que este hombre tome sus enseñanzas para que se perfeccione y se acerque más a su Creador, a su Padre, no solamente tratando de conseguir la ‘salvación’, sino de alcanzar la finalidad para la cual fue creado.”  Para avalar esto que hemos dicho, veamos el pasaje del joven rico, donde claramente se muestran dos situaciones ‘diferentes’:  Una cosa es la salvación, y otra la perfección, o sea la finalidad que Dios nos había establecido cuando nos creó.  Al mismo tiempo veremos la reacción que provoca esto en Jesús, al ver a un alma con ansia, con hambre de perfección.  Tendremos que juntar dos evangelios, Mateo y Marcos, para analizar del todo esta situación:

Mt 1916-22  “Se le acercó entonces un hombre joven que le dijo:  Maestro bueno, ¿qué obras buenas debo hacer para conseguir la vida eterna?  Él respondió:  ¿Por qué me llamas bueno?  Sólo Dios es bueno.  Por lo demás, si quieres entrar en la vida eterna, guarda los mandamientos.  Le dijo él:  ¿Qué mandamientos?  Respondió Jesús:  No matarás; no cometerás adulterio; no hurtarás; no levantarás falsos testimonios; honra a tu padre y a tu madre y ama a tu prójimo como a ti mismo.  Y le dijo el joven:  Todos ésos los he guardado desde mi juventud; ¿qué más me falta?  Le respondió Jesús:  Si quieres ser perfecto, anda y vende cuanto tienes, y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo; ven después, y sígueme.

Como vemos, el mismo Jesús, con tres palabras hace la diferencia:  “Si quieres ser perfecto.”  Ahora, veamos qué dice San Marcos en el versículo 21 del cap. 10:  “Entonces Jesús lo miró con amor y le dijo.”  Con esto vemos el sentimiento que despierta el ansia de perfección, aquel deseo de no quedarse solamente con lo mínimo, lo que era cumplir los mandamientos.  No quiere decir esto que Jesús no lo amara, lo cual resultaría hasta blasfemo el pensarlo, pero nos da una idea de lo que quiere decir tratar de llegar a la santidad, siguiendo lo dicho en Mt 548:  “Sed, pues, vosotros, perfectos, así como vuestro Padre celestial es perfecto, imitándole en cuanto podáis.”  Y lo haremos basados en las enseñanzas de Jesús a Luisa Piccarreta, la pequeña hija de la Divina Voluntad.

 

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Introducción:

 

Es nuestra fe que Dios ha creado todo lo visible y lo invisible, sacándolo de Sí, no de una materia preexistente.  En seis días hizo Yavhé los cielos y la tierra, el mar y cuanto ellos contienen, y el séptimo descansó (Ex 2011).

Dios ha creado una infinidad de seres muy distintos y desiguales entre sí, existe una gran variedad de especies, y una gran desigualdad entre los individuos de una misma especie.  ¿De dónde procede esta diversidad?  ¿Cómo se compaginan entre sí esta diversidad y la unidad que significa la palabra universo, y especialmente con la unidad, el poder, la sabiduría y bondad de Dios creador?

Esta diversidad proviene de Dios, y con ella nos da a conocer sus infinitas cualidades y perfecciones que quiso manifestar de Sí en lo creado, lo cual es la base de la perfección del universo.  Y así, podemos entender en esta diversidad una mínima parte de la infinitud de las perfecciones y cualidades de Dios, pues es a través de las cosas creadas que podemos conocer las perfecciones invisibles de Dios, aun su eterno poder y su Divinidad, las cuales quiso revelar después de la creación del mundo (Rm 120)

La misma escritura en el relato de la creación nos confirma cómo Dios va sacando la multiplicidad de cosas creadas, manifestando que todo procede de sus manos creadoras (Gn 11-31)  De igual manera se ve en este relato el orden y la sabiduría de Dios, al ir creando de lo más elemental a lo más complejo.  Inicia con la creación del lugar donde poner sus obras, pues crearlas y no tener donde depositarlas no sería digno de la sabiduría y poder de Dios; luego crea las cosas menores como preparación para las mayores, y a éstas como corona de las menores.[2]

 

Existen 3 grupos dentro de los seres creados, a saber:

 

1.        Los puramente corporales.

2.        Los puramente espirituales, o sea, los ángeles.

3.        Los compuestos de espíritu y cuerpo, o sea, los hombres.

           

            Según Sto. Tomás, para demostrar la conveniencia de los seres puramente espirituales (ángeles) dice:  La perfección de las cosas creadas consiste en semejarse a Dios, dicho de otra manera:  entre más se parezca el efecto a la causa, no sólo en razón de efecto, sino precisa y formalmente según aquella misma forma por la cual es producido el efecto.  Dios causa las cosas por el entendimiento y la voluntad, mas el entender y el querer trascienden la naturaleza corpórea, consiguientemente, dándose entre las cosas creadas una naturaleza intelectiva incompleta y en estado imperfecto, y en su operación propia dependiente extrínsicamente del cuerpo, como forma sustancial de él (así es el alma humana), es lógico que se dé también entre las cosas existentes una naturaleza intelectiva más perfecta, que sea sustancia completa y espiritual.  Hay criaturas que se parecen a Dios solamente en el existir, como las piedras; otras, como las plantas y los animales, que al existir agregan el vivir; otras agregan el entender imperfectamente, como el hombre; por último hay criaturas puramente espirituales y perfectamente intelectivas.[3]

 

Según la Sagrada Escritura, los ángeles, en cuanto criaturas puramente espirituales, se presentan como los seres cuya naturaleza es la más cercana a la naturaleza divina, y es la que mejor representa a Dios que es Espíritu puro y excluye de Sí toda composición.  Así que en cuanto a naturaleza, los ángeles son los seres más perfectos, por ser los que más se acercan a la perfección infinita de Dios, su Creador.

 

¿Quiénes son?

 

            Ángeles:  Se entiende por esto ciertas substancias creadas, completas y subsistentes, de naturaleza espiritual, dotadas de gran inteligencia y de poder superior a los hombres.

            Analicemos:

1.      Ciertas substancias, o sea, seres o entidades reales, no meras abstaracciones, alegorías o personificaciones de las fuerzas de la naturaleza.

2.      Creadas.  Para dar a entender que son distintas de Dios, único Ser increado, del cual los ángeles son simples servidores y ejecutores de sus decretos.

3.      Completas y subsistentes.  No sólo en razón de substancia, sino también en razón de especie; pues no se unen como forma a un cuerpo (como sucede con el alma humana), sino que subsisten perfectamente en su propio ser espiritual.

4.      Puramente espirituales, pues carecen de toda materia, a semejanza de Dios, pero distintos e infinitamente inferiores a Él.

5.      Dotados de gran inteligencia.  Sabido es que la inmaterialidad es la raíz del conocimiento intelectual.  Un ser es tanto más inteligente cuanto menos contacto tiene con la materia.[4]

6.      Y de poder superior a los hombres.

 

Etimológicamente el nombre viene del latín ‘angelus’ (mensajero), y distingue al mensajero espiritual (angelus), del mensajero humano (legatus).  Del griego ‘aggelos’ (mensajero, enviado).  En hebreo se les designa con el nombre de ‘malak’ (delegado o embajador).

El IV Concilio de Letrán (1215) confirma la sentencia de que son seres creados.  El decreto llamado ‘Firmiter’ contra los albigenses, habla del hecho de que ellos fueron creados, y que los hombres fueron creados después de ellos.  Este decreto fue repetido por el Concilio Vaticano I en su decreto ‘Dei Filius’.

            También en la Sagrada Escritura se manifiesta el que son creados:  ‘Porque el Señor habló, y con sólo quererlo quedaron hechas las cosas, Él mandó que existiesen y quedaron creadas. (Sal. 1485), Pues por Él fueron creadas todas las cosas en los cielos y en la tierra, las visibles y las invisibles, ora sean tronos, ora dominaciones, ora principados, ora potestades; todas las cosas fueron creadas por Él mismo y en atención a Él mismo (Col. 116).

            San Agustín dice:  El nombre de ángel indica su oficio, no su naturaleza.  Si preguntas por su naturaleza, te diré que es un espíritu; si preguntas por lo que hace, te diré que es un ángel.

            Son criaturas personales e inmortales, superan en perfección a todas las criaturas visibles. (Pio XII D 2318, Lc 2036)

            La naturaleza de los ángeles es espiritual; a diferencia de la naturaleza humana compuesta de cuerpo material y alma espiritual, la naturaleza angélica es puramente espiritual, es decir libre de toda materia.  La Sagrada Escritura llama expresamente espíritus a los ángeles (Dan 386, Sap 723, 2Mac 324, Mt 816, Lc 619, Heb 114, Apoc 14).  Son por naturaleza inmortales, y lo podemos ver en Lc 2036, ‘Ellos (los resucitados) ya no pueden morir, pues son semejantes a los ángeles.’

            Cristo es el centro del mundo de los ángeles (Mt 2531), le pertenecen porque fueron creados por y para Él (Col 116)

 

Alcances y limitaciones de cada uno de ellos:

 

Son seres espirituales con entendimiento y libre voluntad. El conocimiento y voluntad de los ángeles, por ser su naturaleza puramente espiritual, son mucho más perfectos que el conocimiento y voluntad humana.[5]  Pero por ser criaturas de Dios, son inferiores a Él en conocimiento y voluntad.  No conocen los secretos de Dios (1Cor 211), ni tienen conocimiento cierto de las acciones futuras (Is 469ss), desconocen el día y la hora del juicio (Mt 2436, Mc 1332).  No pueden conocer nuestros más íntimos pensamientos y deseos si nosotros no los manifestamos, pues sólo Dios conoce lo que hay en nuestro corazón.  Pueden conocer lo que queremos, o nuestras intenciones, de modo semejante a como los demás hombres lo intuyen por nuestras palabras, gestos, etc.[6]  Los misterios sobrenaturales, enseñan los Santos Padres, que no los conocen sino por revelación.  Más unos parecen dar a entender que los conocen todos en el Verbo.

            Expliquemos un poco acerca del conocimiento de los ángeles:  Ellos se conocen a sí mismos por su propia forma y substancia.  Conoce todas las cosas creadas y a los demás ángeles, porque Dios imprime en la mente de los ángeles, en el momento mismo de su creación, las especies inteligibles de todas las cosas creadas.  Todo lo que hay en las cosas materiales, escribe Sto. Tomás, preexiste en los ángeles de modo más simple e inmaterial que en las cosas mismas, si bien menos simple y más imperfectamente que en Dios.  Conocen naturalmente a Dios en su propia substancia angélica, porque en ésta, está impresa de algún modo la imagen de Dios, por eso pueden conocer naturalmente a Dios, aunque de una manera imperfecta y remota; pero, naturalmente no pueden ver la Divina esencia en sí misma (visión beatífica), ya que esto pertenece al orden estrictamente sobrenatural, y debe ser recibida como don.  No pueden conocer naturalmente los futuros libres, o sea aquellas acciones de las criaturas dotadas de libre albedrío, con un conocimiento cierto e infalible.  No pueden naturalmente conocer con certeza los pensamientos de los corazones de los hombres o de los otros ángeles antes de que éstos los dirijan voluntariamente hacia ellos, porque esto es exclusivo de Dios.  No pueden naturalmente conocer los misterios de la gracia, por tratarse de misterios sobrenaturales que trascienden toda inteligencia natural creada; los conocen sobrenaturalmente, o sea, en la visión beatífica, pero en la medida que Dios se los quiera revelar.  Conocen perfectamente los futuros necesarios, o sea aquellos cuya existencia está determinada en sus causas (mañana saldrá el sol), pero los que dependen de causas contingentes (si habrá o no buena cosecha el año que viene) o libres (lo que hará Pedro tal día y a tal hora), sólo pueden conjeturarlo con más o menos probabilidad, pero no pueden saberlo con un conocimiento cierto e infalible; sólo podrían saberlo por divina revelación.  Actúan naturalmente sobre la materia, pero no pueden de ninguna manera hacer milagros,[7]

 

Oficio:

 

            Para conocer su oficio haremos un recorrido por la Sagrada Escritura, poniendo sólo algunas de las múltiples citas donde se manifiestan sus diferentes encargos, tanto para Dios como para el hombre:

1.        Gen 324  Expulsó al hombre y puso delante del jardín del edén un querubín, que blandía flameante espada para guardar el camino del árbol de la vida.

2.        Gen 167ss  La encontró el ángel de Yahvé junto a la fuente que hay en el desierto, camino del sur, y le dijo: ‘Agar, esclava de Sarai, ¿de dónde vienes y a dónde vas?’

3.        Gen191ss  Llegaron a Sodoma los dos ángeles ya de tarde.

4.        Gen 2211ss  (Sacrificio de Isaac) Pero le gritó desde los cielos el ángel de Yahvé.

5.        Gen 2812  (Visión de Jacob) ... Y que por ella subían y bajaban los ángeles de Dios.

6.        Gen 321ss  Jacob prosiguió su camino y le salieron al encuentro ángeles de Dios.

7.        Ex 2320  Yo mandaré un ángel ante ti para que te defienda en el camino.

8.        Tob 521  Porque un ángel bueno le acompaña tendrá un viaje feliz y volverá sano.

9.        Tob 1215  Yo soy Rafael, uno de los siete santos ángeles que presentamos las oraciones de los justos y tienen entrada ante la majestad del Santo.

10.    Is 62-3  Había ante Él serafines, cada uno tenía seis alas .... y los unos y los otros se gritaban y se respondían: ¡Santo, Santo, Yahvé de los ejércitos!

11.    Dan 349  Pero el ángel del Señor había descendido al horno con Azarías y sus compañeros.

12.    Dan 622  Mi Dios ha enviado a su ángel.

13.    Mat 2653  ¿O crees que no puedo rogar a mi Padre, quien pondría a mi disposición al punto más de doce legiones de ángeles?

14.    Col 116  Porque en Él fueron creadas todas las cosas del cielo y de la tierra, las visibles y las invisibles; los tronos, las dominaciones, los principados, las potestades, todo fue creado por Él y para Él.

15.    Gal 319  La ley fue promulgada por los ángeles.[8]

16.    II Pe 211  Audaces, pagados de sí mismos, no temen blasfemar de las glorias, cuando los ángeles, aun siendo superiores en fuerza y poder no profieren ante el Señor un juicio injurioso contra ellos.

17.    Apoc 511  Vi y oí la voz de muchos ángeles en rededor del trono.

 

Concluyendo:  Son seres con una naturaleza espiritual, que es la más perfecta entre las naturalezas creadas, por su semejanza con Dios, Espíritu purísimo; fueron creados antes que los hombres,[9] su cabeza y finalidad es Jesucristo, sirven de mensajeros, ejecutan las órdenes de Dios, sirven para cuidar al hombre (ángel de la guarda)[10], para cuidar de las iglesias, de las naciones,[11] interceder, ayudar, corregir, bendecir, curar, servirán como testigos en el juicio divino.[12]  Tienen poder sobre la materia, dominan sobre de ella, cuidan del orden de todo el universo.[13]  Si tienen poder sobre la materia, lo tienen también sobre nuestro cuerpo, pero no tienen capacidad de obrar sobre la inteligencia y la voluntad,[14] sino sólo con inspiraciones; esto es importante, pues el ángel, no importa su jerarquía, ni si es de los buenos o de los réprobos, no puede dominar sobre estas potencias del alma, pues éstas son libres por creación y Voluntad de Dios.  No tienen conocimiento de los sucesos futuros, ni pueden conocer los pensamientos de las criaturas, a menos que ella misma se los manifieste de alguna manera.  Pero el oficio primario y común a todos ellos es alabar a su Creador.

 

Número:

 

En cuanto al número, no hay dato en la Escritura que nos sirva para calcularlo, pero por medio de ella intuimos que el número es inmenso, ejemplo: Hb 1222, Ap 511, Mt 2653, etc. Algunos autores creyeron que el número de los ángeles es infinito, como San Gregorio Magno (Moral. 17,13: ML 76.20) y San Jerónimo, para quien el género humano no es nada comparado con los ángeles.  San Irineo, San Cirilo de Alejandría, San Juan Crisóstomo, etc., hablan de innumerables ángeles.

 

Clasificación:

 

            Dionisio Areopagita dice que los nombres dados a las inteligencias celestiales, significan los modos distintos de recibir la impronta de Dios.  Es él quien clasifica a los ángeles en 9 coros (se entiende por esto los distintos grados que pueden distinguirse dentro de las jerarquías angélicas), agrupados en 3 jerarquías.

Jerarquía es un orden sagrado, un saber y actuar lo más próximo posible de la Deidad; cada jerarquía comprende 3 coros angélicos.  Se elevan a imitar a Dios en proporción de las luces que de Él reciben.  Luego que sus miembros han recibido su esplendor, transmiten generosamente la luz conforme al plan de Dios a aquellos que les siguen en la escala.  Llegan a ser cooperadores de Dios y reflejo de la actividad divina.  Vamos a estudiarlos de los más alejados a los más cercanos a Dios por la participación de sus cualidades:

 

San Gregorio Magno asegura que la diferencia de los nombres de los coros, no se refiere a naturaleza, sino a sus diversos oficios o funciones.

 

Características de cada Jerarquía y Coro:

 

Primera jerarquía:  Ángeles, Arcángeles y Principados.[15]

Los ángeles constituyen el grado inferior pues son los que están más cerca de los hombres, son los que se nos manifiestan, son los que están cerca del mundo, intervienen en nuestras necesidades (Tob 317, 122), todos tenemos un ángel de la guarda, anuncian las cosas de menos importancia, evangelizan (anuncian a los pastores el nacimiento del Redentor), son mensajeros de Dios (un ángel anuncia a José que reciba a María y le explica la razón de su embarazo; otro anuncia que tome al niño y a su madre y se vaya a Egipto; otro le anuncia que regrese); en pocas palabras, su característica es la obediencia, su servicio al hombre y su alabanza continua a Dios.  Se representan como simples soldados.

 

Los arcángeles son los que lucharon contra los demonios, anuncian las cosas de gran importancia o trascendencia.  Tienen la característica de ser reconocidos individualmente y de ser llamados ‘santos’.

 

Los principados tienen la capacidad de orientarse plenamente hacia el Principio, y como príncipes guían a otros hacia Él, dirigen las obras ministeriales que han de ejecutarse por orden de Dios.  Su nombre hace referencia al mando principesco que ejercen a imitación de Dios, hace referencia a los sujetos más aptos para ejercer poderes de príncipes, y como príncipes guiar a otros hacia Dios.  Tienen poder de recibir plenamente la marca del Principio de principios.

 

Segunda jerarquía:  Potestades, Virtudes y Dominaciones.[16]

A las potestades resulta difícil distinguirlas, y en ocasiones suelen confundirse con las dominaciones y virtudes.  Mantienen a distancia a los espíritus perversos y les impiden tentar a los hombres a medida de sus deseos.  Indican la naturaleza ordenada del poder celestial e intelectual.  Esta jerarquía gobierna el espacio, las estrellas y los elementos de la naturaleza.  Los miembros de esta jerarquía son los responsables del universo entero (Sal 102).

 

A las virtudes se les adjudica ser las portadoras de la gracia y el valor, su nombre alude a la fortaleza viril, inquebrantable en todo obrar, al modo de Dios, firmeza que excluye toda pereza o molicie.  Transmite a sus inferiores el poder dinámico y divinizante.  Realizan los milagros.

 

El nombre dominaciones significa, ‘yo creo’, un elevarse libre, limpias de toda desemejanza se esfuerzan constantemente por alcanzar el verdadero dominio y fuente de todo señorío, se encaminan totalmente hacia el verdadero Señor, dominan de una manera trascendente el poder de los principados.  Libres de toda opresión, sin el menor temor servil, permanecen solícitos ante Dios, están siempre a su servicio.   Suelen llevar corona y cetro.

 

Tercera jerarquía:  Tronos, Querubines y Serafines.[17]

El nombre tronos significa que están muy por encima de toda deficiencia terrena, han entrado por completo a vivir para siempre de Aquél que es el Altísimo.  Esto se manifiesta por su ascender hasta las cumbres, y que están siempre alejados de cualquier bajeza, y que libres de toda pasión y cuidados materiales están siempre listos para recibir la visita de la Deidad; significa que son portadores de Dios y están prontos como los sirvientes para acogerle a Él y sus dones, asisten a los juicios divinos.  Esta jerarquía se dedica a glorificar, amar y alabar a Dios (Sal 102 (103).

 

El nombre de querubín significa plenitud de conocimiento o rebosante de sabiduría.  Su extrema inteligencia les permite conocer a Dios como ninguno puede hacerlo.  Este nombre significa poder para conocer y ver a Dios, recibir los mejores dones de su luz, acoger en sí la plenitud de dones portadores de sabiduría y compartirlos generosamente con los inferiores, conforme al plan de la Sabiduría desbordante.

 

El nombre serafín equivale a decir ‘inflamado’ o ‘incandescente’, son enfervorizantes.  Significa incesante movimiento en torno a las realidades divinas, calor permanente, ardor desbordante.  Tienen capacidad de grabar su impronta en los subordinados prendiendo y levantando en ellos llama y amor parecidos; poder de purificar por medio de llama y rayo luminoso, actitud para mantener evidente y sin merma la propia luz, poder de ahuyentar las tinieblas.  Son considerados el orden mayor de la jerarquía celestial.  Es el que rodea el trono de Dios y está en constante alabanza.  Son los ángeles del amor, de la luz y del fuego.

 

Los arcángeles, como hemos visto, constituyen uno de los nueve coros de ángeles.  Dios ha encomendado a ellos las misiones más importantes en relación a los hombres.  Son guardianes de personas a las cuales Dios ha confiado grandes misiones.

            Según las Sagradas Escrituras hay siete arcángeles,[18] pero mencionan el nombre de sólo tres:  Miguel (Dan1013,20, Ap 127, Jdt 9) su nombre Mica-El significa ‘Quién como Dios; Gabriel (Lc 1 11-20, 26-38) su nombre Gabri-El, significa ‘mi poder es Dios’ o ‘poder de Dios’, figura vinculada al misterio de la encarnación del Hijo de Dios (cf Lc 119,26); y Rafael (Tob 126, 15), su nombre Rafa-El significa ‘Dios cura’.  Los nombres de los otros cuatro arcángeles, San Uriel (fuego de Dios), representado con una espada de fuego en el jardín del edén, se le considera como puesto por Dios para resguardar la entrada al árbol de la vida.  San Baraquiel (bendición de Dios).  San Jehudiel (Alabanza de Dios).  San Saeltiel (Plegaria a Dios), no aparecen en la Biblia.  Estos se encuentran en los libros apócrifos de Enoc, el cuarto libro de Esdras, y en la literatura rabínica; se pueden tener como referencia, pero no son doctrina de la Iglesia, ya que provienen de libros que no son parte del canon de la Sagrada Escritura.  Debemos tener cuidado con otros nombres dados a los ángeles, algunos de los cuales son de origen ocultista o de la New Age.

 

Momento de su creación:

 

Ahora asomémonos al momento de su creación, y en ese lapso tendremos conocimiento también de su prueba, cuando los ángeles eran viadores.  Aunque es un relato fascinante, pues narra las motivaciones de la creación, el orden que tuvo al crear, lo principal y lo último en su pensamiento, etc., por razones de espacio vamos sólo a ver lo referente a los ángeles, reservándonos lo demás para cuando hablemos acerca de la creación en general, pero sobre todo cuando hablemos de la creación del hombre, la ‘obra maestra de Dios.’ [19]

 

            Este relato, para ser entendible a nuestra mente creada, se divide en instantes:  En el quinto instante fue determinada la creación de la naturaleza angéli­ca, que, por ser más excelente y correspondiente en ser espiritual a la Divinidad, fue primero prevista, y decretada su creación y dispo­sición admirable de los nueve coros y tres jerarquías.  Siendo cria­dos de primera intención para gloria de Dios y asistir a su divina grandeza y que le conociesen y amasen, y secundariamente fueron ordenados para que asistiesen, glorificasen y honrasen, reverenciasen y sirviesen a la Humanidad deificada en el Verbo eter­no, reconociéndola por cabeza, y en su Madre Santísima María, Reina de los mismos ángeles, y les fuese dada comisión para que por todos sus caminos los llevasen en las manos (Sal 9012).  Y en este instante les mere­ció Cristo Señor nuestro con sus infinitos merecimientos, presentes y previstos, toda la gracia que recibiesen; y fue instituido por su cabeza, ejemplar y supremo Rey, de quien eran vasallos; y aunque fuera infinito el número de los ángeles, fueron suficientísimos los méritos de Cristo para merecerles la gracia.

            El capítulo I del Génesis dice:  En el principio creó Dios el cielo y la tierra. Y estaba la tierra sin frutos y vacía, las tinieblas cubrían la superficie del abismo, y el espíritu del Señor era llevado sobre las aguas.  Y dijo Dios: sea hecha la luz, y fue hecha la luz. Y vio Dios la luz que era buena y dividióla y apar­tóla de las tinieblas; y a la luz llamó día y a las tinieblas noche; y fue hecho día de tarde y mañana (Gen. 11-5).  Y para que el orden fuera también perfectísimo, antes de crear cria­turas intelectuales y racionales, formó el cielo para los ángeles y hombres, y la tierra donde primero los mortales habían de ser via­dores.  De la tierra, dice Moisés que estaba vacía, y no lo dice del cielo; porque en éste creó los ángeles en el instante cuando dice Moi­sés:  ‘Dijo Dios: sea hecha la luz, y fue hecha la luz’; porque no habla sólo de la luz material, sino también de las luces angélicas o inte­lectuales.’  Esta opinión es avalada por el pensamiento de San Agustín.[20]

 

Fueron los ángeles criados en el cielo empíreo y en gracia, para que con ella precediera el merecimiento al premio de la gloria; que aunque estaban en el lugar de ella, no se les había mostrado la Divinidad cara a cara y con clara noticia, hasta que con la gracia lo merecieron los que fueron obedientes a la Voluntad Divina.  Y así estos ángeles santos, como los demás apostatas, duraron muy poco en el primer estado de viadores.  En este instante, a todos les fue propuesta e intimada la Voluntad de su Creador, y se les puso ley y precepto de obrar, reconociéndole por supremo Señor, y para que cumpliesen con el fin para que los había creado.  Antes que los ángeles se pudiesen inclinar a diversos fines, determinó su providencia manifestarles inmediatamente después de su creación el fin para el que los había creado de naturaleza tan alta y excelente:  Lo primero, tuvie­ron inteligencia muy expresa del ser de Dios, Uno en sustancia y Trino en Personas, y recibieron precepto de que le adorasen y reve­renciasen como a su Creador y Sumo Señor. 

En segundo lugar, les manifestó Dios que había de crear una na­turaleza humana y criaturas racionales inferiores, para que amasen, temiesen y reverenciasen a Dios, como a su autor y Bien eterno, y que a esta naturaleza había de favorecer mucho; y que la Segunda Perso­na de la misma Trinidad Santísima se había de humanar y hacerse hombre, levantando a la naturaleza humana a la unión hipostática y Persona Divina, y que a aquel hombre y Dios habían de reconocer por cabeza, no sólo en cuanto Dios, sino juntamente en cuanto hombre, y le habían de reverenciar y adorar; y que los mis­mos ángeles habían de ser sus inferiores en dignidad y gracias, y sus siervos.

Pero sucedió en esto otro misterio: que cuando se les propuso a todos los ángeles que habían de obedecer al Verbo humanado, se les puso otro tercer precepto, de que habían de tener juntamente por superiora a una mujer, en cuyas entrañas tomaría carne humana este Unigé­nito del Padre; y que esta mujer había de ser su Reina y de todas las criaturas, y que se había de señalar y aventajar a todas, angélicas y humanas, en los dones de gracia y gloria.

Obró aquí el Todopoderoso otro misterio maravilloso: que habiéndoles manifestado por inteligencia a todos los ángeles el sa­cramento grande de la unión hipostática, les mostró a la Virgen San­tísima en una señal o especie, al modo de nuestras visiones imagi­narias, según nuestro modo de entender.  Y así les dio a conocer y representó la humana naturaleza pura, en una mujer perfectísima, en quien el brazo poderoso del Altísimo había de ser más admirable que en todo el resto de las criaturas, porque en ella depositaba las gracias y dones de su diestra en grado superior y eminente.

 

            Tenemos entonces que los ángeles fueron creados en el primer día del obrar de Dios, y están representados en la palabra Fiat Lux.  Lo que es avalado por San Agustín, como ya vimos anteriormente.  A la prueba de aceptación de las extensiones de conocimiento de su Voluntad, los ángeles rebeldes no quisieron aceptar la de ‘servir’ al Dios humanado, y mucho menos aceptar a nuestra Madre Santísima, por tratarse de un ser con naturaleza inferior a la de ellos.  Esta prueba la abordaremos exhaustivamente cuando hablemos del ‘demonio’.

 

Forma de actuar, y en qué lugar está el ángel. 

 

            Aunque los ángeles no tienen cuerpo, pueden, sin embargo, aparecerse en forma corporal, tomando para ello, circunstancialmente, algún cuerpo aparente.

  1. Los ángeles toman cuerpo, no para provecho suyo, sino para el nuestro.
  2. Los ángeles toman cuerpo condensando el aire, milagrosamente, cuanto sea necesario para plasmar el cuerpo que han de asumir.
  3. El ángel no informa el cuerpo que toma accidentalmente, ni ejerce a través de él ninguna función vital (comer, beber, sentir, etc.) como dijo a Tobías el propio arcángel Rafael:  «Cuando estaba con vosotros parecía que comía y que bebía; pero yo uso una comida y una bebida que los hombres no pueden ver (Tob. 1219) »  Se vale del cuerpo de una manera extrínseca, pero sin informarle vitalmente, como informa el alma humana  a su propio cuerpo.

 

Acción sobre las cosas corporales:

Que los ángeles buenos o malos ejercen su benéfica o maléfica influencia incluso sobre las cosas corporales es tradición universal y común a todas las religiones, lo cual hace presumir que esa creencia se debe al influjo de alguna primitiva revelación.

Al concretar el modo y la extensión de esta acción de los ángeles sobre las cosas corporales, establece Sto. Tomás las siguientes precisiones:  Las cosas corporales no obedecen sin más al arbitrio o simple voluntad de los ángeles buenos, ni mucho menos al de los malos.  Los ángeles no tienen poder alguno creador, ni pueden transformar substancialmente, con el imperio de su voluntad, unos seres materiales en otros, pero pueden utilizar las causas naturales para producir rápidamente sus efectos (hacer germinar las plantas en poco tiempo) y producir con ello efectos sorprendentes y aparentemente milagrosos.  El poder de crear y de suplir las causas propias de tales efectos es propio y exclusivo de Dios.

Tampoco pueden obrar por cuenta propia verdaderos y propios milagros, aunque sí como instrumentos de Dios, porque el milagro trasciende las fuerzas de toda naturaleza creada, pues es una alteración de las leyes de la naturaleza.

Los ángeles buenos o malos pueden mover las cosas, trasladándolas de un lugar a otro (Mt 4 5 y 8,  Hech 8 39)

 

Acción sobre los hombres:

         Pueden iluminar intelectualmente a los hombres:  Sto. Tomás lo razona diciendo que pertenece al orden de la Divina Providencia que los seres inferiores estén sometidos a la acción de los superiores.  Esta iluminación la hace a través de la imaginación, ya que no puede penetrar directamente en el entendimiento, proponiéndole al hombre las verdades bajo semejanzas de cosas sensibles.  A veces el que recibe esta iluminación la percibe como procedente del ángel, como a Abraham (Gn 22 11) y a San. José (Mt. 2 13), pero de ordinario se recibe sin advertir su procedencia angélica.

            No pueden obrar directamente sobre la voluntad de los hombres, obligándola a querer o no una cosa; pero pueden influir en ella indirectamente, por vía de persuasión intelectual, o excitando las pasiones corporales.

            Tanto los ángeles buenos como los malos pueden actuar sobre la imaginación del hombre, y sobre los demás sentidos internos y externos.  Esto mismo puede aplicarse al sentido común, la memoria natural y la facultad estimativa o instinto.

            En cuanto a los sentidos externos (vista, oído, olfato, gusto y tacto) pueden excitarlos de dos maneras:  a). Poniendo delante sus objetos sensibles propios, ya sea tomándolos de la naturaleza o formándolos ellos mismos como cuando se aparecen en forma corporal.  b). Excitando los centros nerviosos que ponen en contacto esos sentidos externos con el cerebro, y produciendo con ello la misma sensación que hubieran producido en ellos los objetos externos correspondientes.

            En conclusión, de acuerdo a lo dicho, pueden, si Dios se los permite, hacer naturalmente los ángeles buenos o malos:

1.- En la vida vegetativa:  favorecer o impedir la generación, la nutrición, las enfermedades, etc., pero no resucitar a un verdadero muerto, ni hacer nada que rebase las fuerzas de su naturaleza.

2.- En la vida sensitiva:  pueden producir movimientos carnales, sensaciones, dolores, ira, etc.; pueden impresionar los sentidos externos (visiones, olores, tactos, etc.) y los internos, sobre todo la imaginación (alucinaciones) y la memoria sensitiva.

3.- En la vida racional:  Pueden mover indirectamente el entendimiento a través de la imaginación y solicitar por vía de persuasión a la voluntad, presentándole objetos apetecibles.  Pero de ninguna manera pueden arrastrar por la violencia al entendimiento ni a la voluntad, que permanecen siempre libres de toda acción directa, a excepción de la de Dios.

 

            Ángeles custodios:  algunos ángeles son destinados por Dios para guardia y custodia de los hombres (Mt 18 10).El magisterio de la Iglesia lo enseña oficialmente a través de la liturgia (el día 2 de octubre se celebra en toda la Iglesia la fiesta de los ángeles custodios).  La guarda para cada hombre comienza en el momento de su nacimiento y se prolonga hasta su muerte.  Estos ángeles no experimentan tristeza por los males físicos o morales que puedan afectar a sus custodiados.  Cada nación, provincia, pueblo, iglesia, órdenes religiosas, etc., tienen su propio ángel de la guarda.  Derraman sobre sus custodiados innumerables beneficios de orden espiritual y corporal:  nos libran y defienden constantemente de multitud de males y peligros del alma y del cuerpo.  Contienen a los demonios para que no nos hagan todo el daño que ellos quisieran.  Suscitan en nuestras almas pensamientos santos y consejos saludables.  Ofrecen a Dios nuestras oraciones e imploran el auxilio divino sobre nosotros.  Iluminan nuestro entendimiento, no infundiéndole nuevas especies, sino proponiéndole las verdades de modo más fácil a través de la imaginación y de los sentidos internos.  Nos asisten en la hora de nuestra muerte.  Nos consuelan en el purgatorio y nos acompañan eternamente en el cielo.

 

            Respecto al lugar donde está el ángel, debemos decir que solamente está donde obra, no puede estar donde no obra.  Veamos:  sólo puede estar en un lugar cuando ejerce en él alguna acción, pues el ángel no tiene una cantidad dimensiva (como la tienen los cuerpos), sí la tiene virtual, o sea, puede ejercer su acción en un determinado lugar, y cuando de hecho lo ejerce, se dice que el ángel está en aquel lugar, porque allí se deja sentir su acción.

No pueden estar dos o más ángeles en un mismo lugar para producir un mismo efecto adecuadamente, o sea como causas totales e inmediatas del mismo, pero sí como causas parciales e incompletas del efecto, o para producir efectos distintos.  La razón es porque un mismo e idéntico efecto no puede proceder de dos causas completas e inmediatas; y como el ángel está únicamente donde obra, no puede estar donde no puede obrar.  Pero si podría estar con otro o con otros como causas parciales e incompletas del efecto, o para producir efectos distintos.

Como los ángeles, por su inmaterialidad no ocupan lugar material alguno, y sólo están donde obran, cuando están inactivos no están en ningún lugar.

El ángel puede moverse localmente (Ex 1419, Gn 2812, Job 17).  Al trasladarse de un sitio a otro no necesita hacer el camino que media entre ambos, pues donde no actúa no está, pero su movimiento, aunque rapidísimo, no es instantáneo, existe por eso un intervalo, pero si quisiera transportar un cuerpo material, se vería obligado a recorrer todo el trayecto intermedio, ya que el objeto corpóreo no puede desaparecer de un lugar y aparecer en el otro.

 

Culto:

 

            Los ángeles, en cuanto criaturas de naturaleza espiritual, están dotados de inteligencia y libre voluntad, como el hombre, pero en grado superior a él, si bien siempre finito.  La Escritura aparte del nombre genérico de ángeles, se refiere a ellos con nombres colectivos (el de los coros) y personales.  La Iglesia honra con culto litúrgico a tres figuras de ángeles que en las Sagradas Escrituras se les llama con un nombre:  El primero es San Miguel arcángel.  El segundo es Gabriel.  Finalmente el tercer arcángel se llama Rafael.  A éstos, la Iglesia los festeja juntos el 29 de septiembre, y la fiesta de los ángeles custodios se celebra el 2 de octubre.[21]

            Este culto encuentra su justificación en las relaciones antes mencionadas, de los mismos para con Dios y para con los hombres.  Todo lo que el Concilio de Trento nos enseña acerca de la invocación y culto de los santos, se puede aplicar también a los ángeles.  La censura que hizo San Pablo (Col 218) del culto a los ángeles se refiere a una veneración exagerada e improcedente de los mismos, inspirada en errores gnósticos.

 

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Segunda Parte:

 

Ahora que de alguna manera hemos esbozado las partes características de la naturaleza angélica, pasemos a la segunda finalidad de nuestro trabajo, que como ya hemos mencionado consistirá en ver qué podemos aplicar a nuestra vida de todo ello:

Los ángeles, al igual que nosotros, son seres creados, poseen una naturaleza espiritual muy superior a la nuestra en cuanto a creación y semejanza con el Creador; también ellos pasaron por una etapa de viadores, en la cual fueron probados por medio de la aceptación de las diferentes verdades que les fueron comunicadas, en primer lugar acerca de ellos mismos en su relación con el Ser Supremo, y en segundo lugar acerca de lo que la Divina Voluntad había decidido hacer.  De acuerdo al número de estos canales de conocimiento comunicados a ellos, les fue asignado un lugar diferente en la jerarquía celestial, lo cual nos pone de manifiesto la importancia de una verdad de más acerca de la Divina Voluntad.  Aparte de que conforme iban siendo asignados a una jerarquía superior, sus posesiones y características individuales iban en aumento, y todo lo que poseen estos seres, y su función en el orden universal querido por Dios, dependen únicamente del número de verdades aceptadas y vividas por ellos, junto con la permanencia en ese puesto que les ha sido asignado, todo esto de acuerdo a lo que hemos expuesto hasta ahora.

 

Es interesante ver como la división de los ángeles realizada por el Areopagita en 9 coros, de acuerdo al conocimiento o impronta de Dios, es expresada y reafirmada por las palabras de Jesús dichas a Luisa Piccarreta:

‘... ¿Y sabes tú por qué hay diferentes coros de ángeles, uno superior a otro?  Están aquellos más cercanos a mi trono, ¿sabes por qué?  Porque mi Voluntad, a quién se ha manifestado por un acto solo de mi Voluntad, y a quién por dos, a quién por tres, a quién por siete, y en cada cosa del acto que mi Voluntad manifestaba de más, se volvían superiores a los demás, y se volvían más capaces y más dignos de estar cercanos a mi trono.  Así que por cuanto más mi Voluntad se manifiesta, y en Ella se conservan, tanto más quedan elevados, embellecidos, felices y superiores a los demás’. [22]

Fijémonos cómo en esta parte ya no se habla de un conocimiento de más, sino de un acto comunicado al ser.  ¿Cuál es la diferencia?  Un conocimiento se tiene en la inteligencia, en la memoria, pero no en la voluntad, se puede usar o no, dependiendo de las circunstancias, inclusive se puede llegar a olvidar; este conocimiento no comunica los bienes que posee, y por lo mismo no se transforma en naturaleza del ser que lo recibe; mientras que un acto es vida, y para poseerla se requiere hacerlo vida propia, o sea tenerlo en la voluntad para convertirlo en acto incesante, pues la vida no puede estar inactiva, lo que sí puede hacer el conocimiento, y entonces esta vida comunica al ser que la recibe su propia naturaleza, lo que lo hace poseedor de todas sus cualidades y bienes que posee.  Así que la diferenciación en los coros angélicos no es por conocimiento o sabiduría, sino por participación directa de las cualidades de aquel acto que se les comunicó, esto sin merma, claro está, del conocimiento que ese mismo acto trae consigo.

¿Esto lo podemos aplicar a la vida humana, a nosotros?[23]

Existen referencias en los escritos acerca de la Divina Voluntad donde se asegura que así como Él tiene su jerarquía en el cielo, así tendrá la jerarquía de los hijos de su reino:

‘... Hija mía, así como tengo la jerarquía de los ángeles con nueve coros distintos, así tendré la jerarquía de los hijos del reino de mi Fiat Divino.  Ese reino tendrá sus nueve coros y se distinguirán el uno del otro por la variedad de las bellezas que habrán adquirido con el conocer, quién más y quién menos, los conocimientos que pertenecen a mi Fiat.’[24]

Tenemos entonces una realidad sorprendente y que debería mover a la criatura hacia su Creador, y con toda humildad y reverencia acoger estos actos que la Divina Voluntad quiere darnos para nuestro provecho, y gloria de Él y también, por qué no, para gloria nuestra; y para hacer realidad en cuanto a criatura es posible, la imagen y semejanza con Él.  Pero como dijimos antes, no basta el sólo recibirlo, sino que lo más importante es el conservarse en ese acto, pasarlo a la voluntad, volverlo vida, para que así como el respiro es vida de la criatura, el latido, etc., y si se suspendieran se suspendería la vida, así el acto de la Divina Voluntad comunicado y vuelto vida, necesita ser continuo, para que esa participación se vuelva acto creciente y crezca esa vida comunicada por medio de aquel acto, lo que no tiene el ángel, pues su voluntad actúa unida al acto único de Dios, por lo que ha quedado fija, y aunque se mantiene en ese punto por su libre albedrío, ya no tiene posibilidad de crecimiento, sólo lo que le fue comunicado es lo que puede disfrutar.

‘... Mira entonces como todo está en mi Voluntad y en el saberse conservar, sin jamás salir, en aquella misma Voluntad de la cual han salido.[25]

 

¡Oh, bondad infinita de nuestro Dios!  Nos quiere semejantes a Él, y como somos incapaces de lograrlo por nosotros mismos, pues es Vida Divina que debemos desarrollar, y eso le es imposible a la criatura si no se da por participación, es Él mismo quien nos da su misma vida para poderlo realizar.  ¡Cómo nos doleremos en la patria celestial por no haber sabido acoger estos actos de su Voluntad, hacerlos vida propia y agradecerlos!  A los ángeles has comunicado sólo 9 actos de conocimiento de tu Voluntad, ¿y a mí?  ¿Cuántos has tratado de darme y a los que yo no he prestado atención?

‘... Así que por las tantas cosas que te he manifestado de mi Voluntad, puedes comprender lo que quiero hacer de ti y cómo te amo, y cómo tu vida debe ser una cadena de actos continuos hechos en mi Voluntad.  Si la criatura, como el ángel no saliera jamás del acto primero en el cual mi Voluntad la hizo salir a la luz, ¿qué orden, qué portentos no se deberían ver sobre la tierra?  Por eso hija mía, no salgas jamás de tu principio, en el cual mi Voluntad te creó y tu acto primero sea siempre mi Voluntad.”[26]

‘… ¿Quién es quien me asemeja?  ¿Quién sabe imitar mi voz dulce, armoniosa y fuerte, de poder sacudir Cielo y tierra?  ¿Quién tiene tanta fuerza de raptarme en sus obras para hacerme obrar junto con ella?  ¿Quién es?  ¿Quién es?’  ¡Ah! es quien vive en nuestros campos divinos, es justo que nos asemeje en todo, por cuanto a criatura es posible, es nuestra hija, y basta, dejémosla que nos imite, que nos asemeje, será nuestra gloria de nuestra obra creadora, la suspirada de su Padre Celestial, estas almas formarán la nueva jerarquía en nuestra patria celestial, donde hay un puesto reservado para ellos, que a ningún otro es dado ocupar.”[27]

También menciona que la Reina del Cielo formará la nueva jerarquía con los hijos de la Divina Voluntad.[28]

 

            Si esto es así, que cada acto comunicado, ya sea a los ángeles o a la criatura humana, comunica sus cualidades para volverse vida en la criatura, veamos las características de los diferentes coros angélicos para tratar de dilucidar qué actos les fueron comunicados, y por analogía podremos ver qué debemos recibir si aceptamos los múltiples actos que la Divina Voluntad quiere darnos:

 

         Primera jerarquía: Principados, arcángeles, ángeles.  Los ángeles recibieron un solo acto de comunicación, y con este acto les fue comunicado el conocimiento, de acuerdo a su capacidad, de la Majestad Divina, de las Tres Divinas Personas, el acto de la creación de todas las cosas, de su creación por Dios (Dios creador, ellos criaturas), lo cual los hace poseedores de su existencia junto con todas las cualidades que les fueron aplicadas en ese momento.  Debido a la libertad de Dios, Él sabe por qué sólo una comunicación.  Al aceptarla, aceptan al mismo tiempo su subordinación a su Creador, le profesan amor, obediencia, respeto, agradecimiento, gloria, aceptan además el servir a la finalidad para la cual fueron creados, o sea, servir y amar a Dios en el hombre, en Jesús, y servir al hombre por ser imagen y semejanza del Verbo humanado, sobre todo a su Reina, la Virgen María, Madre del Verbo.  Esto, aunado a las características admirables de su naturaleza angélica, los vuelve bienaventurados para toda la eternidad, pues su prueba fue aceptar todo aquello que la Divina Voluntad había dispuesto para ellos, venciendo la seducción que Lucifer ponía ante su mente, queriendo que se rebelaran como lo hizo él.  Esto no quiere decir que no tengan noticia de los demás conocimientos de la Divina Voluntad, sí, los saben, los conocen, pero no los poseen como vida, se felicitan en ellos, no hay envidia hacia los demás coros que sí los poseen como vida, pues es gracias a ellos que los pueden disfrutar.

Cabe aclarar que lo que para el ángel fue una comunicación establecida por parte de Dios, y que a él sólo le tocaba aceptar o no, para el hombre no es así, pues desde toda la eternidad había establecido hacernos semejantes a su Hijo, a Jesús, por lo que nos daba la libertad de tomar y crecer de acuerdo a nuestra voluntad, haciendo uso del libre albedrío que nos fue dado.  Así que para el hombre era necesario el uso de su libre albedrío para determinar cuántos actos quería tomar.  Si sólo tomaba el primero, sería como los ángeles, que están muy en contacto con la tierra, pero que a ellos estando confirmados en la Gracia no les afecta y no son atraídos hacia la parte natural, sino siempre hacia la sobrenatural; cosa que nosotros por vivir en el tiempo, estamos sujetos a un continuo escoger entre lo natural y lo sobrenatural, incitados por nuestra concupiscencia que nos lleva a desear lo que halaga nuestros sentidos.

Este coro es el de todo cristiano, recibir el acto de comunicación de nuestra creación, saberse hijo de Dios, reconocer su infinita Majestad, reconocer nuestra dependencia, saber que todo lo que tenemos se lo debemos a Él, aceptar estar a sus órdenes, amarlo, vivir para servirlo, obedecerlo, glorificarlo, alabarlo, y aceptar en todo su Voluntad.  Junto con esto, debemos luchar también para vencer la seducción de hacer nuestra voluntad, o al menos vencer nuestras concupiscencias por medio del cumplimiento de la ley (mandamientos), por medio de las virtudes, de los sacramentos, de los consejos evangélicos, de la guía de nuestra madre la Iglesia, y así lograr al menos la salvación.

 

Al resto de los ángeles les fue comunicado un segundo acto de la Divina Voluntad, y que a los anteriores les quedó solamente como conocimiento, el cual debió ser la creación de una naturaleza humana y criaturas racionales inferiores, para amar, temer y reverenciar a Dios como su autor y Bien eterno, y que a esta naturaleza debía de favorecerla mucho, ya que la Segunda Persona de la Trinidad, el Verbo eterno, se había de humanar y hacerse hombre, levantándola a la unión hipostática y Persona Divina, y que a aquel Hombre y Dios habían de reconocer por cabeza, no sólo en cuanto Dios, sino juntamente en cuanto hombre, y le habían de reverenciar y adorar, y que ellos habían de ser sus inferiores en dignidad y gracias, y sus siervos.  Y les dio inteligencia de la conveniencia y equidad, justicia y razón que en esto había; porque la aceptación de los merecimien­tos previstos de aquel Hombre y Dios les había merecido la gracia que poseían y la gloria que poseerían; y que para gloria de Él mismo habían sido creados ellos y todas las otras criaturas, porque a todas había de ser superior; y todas las que fuesen capaces de co­nocer y gozar de Dios, habían de ser pueblo y miembros de aquella cabeza, para reconocerle y reverenciarle.

Este segundo acto de comunicación de la Divina Voluntad, la comunicación de la Humanidad de Jesús, los méritos que consigue con su vida, la comunicación de la Humanidad de nuestra madre Santísima y todos los bienes que ello conlleva, traen consigo no sólo la bienaventuranza eterna en el cielo, sino la bienaventuranza en la tierra, compartiendo con nosotros su Vida Divina.  Cabe notar que en ese momento apenas se estaba dando la rebelión de Satanás, por lo que esta primera batalla[29] en el cielo es para salvaguardar los derechos divinos y arrojar al rebelde.  Ahora, cuando nosotros tomemos este acto de comunicación, nos dará la posibilidad de ser acordes a la dignidad a la que Dios quería elevarnos, siempre y cuando nos asociáramos a la Humanidad de su Hijo.  Pero en vista de que hubo pecado en nuestros primeros padres, estos méritos de Jesús se unen para lograr la salvación, y nos dan la fuerza y las dotes necesarias para entablar la lucha contra Satanás y sus secuaces y poder vencerlos, uniéndonos al grito de ¿Quién como Dios?  Así las cosas, con la unión hipostática recibimos la impronta de hijos de Dios, y nuestra naturaleza inferior por creación, se eleva en dignidad y realeza por la filiación divina.  Aquí debemos poner forzosamente los méritos de la pasión, muerte y resurrección de Jesús, puesto que la humanidad de Él se vuelve pasible por causa del pecado y de su gran amor que no nos deja inermes ante el enemigo.  Por ellos, ya no recibimos la salvación solamente por los méritos de Jesús, sino que usufructuando los méritos de su pasión, podemos vencer a Satanás en nosotros mismos, para mayor gloria de Dios, y poder ayudar a toda la humanidad, pues se hacen vida propia los méritos de Jesús, y al repetirlos es como si Jesús los estuviese consiguiendo nuevamente.  Al igual que los arcángeles, que debido a su jerarquía merecen ser llamados santos, así la criatura humana, viviendo esta segunda comunicación, merecerá ser llamada santa.

 

El siguiente acto de comunicación en el cielo, forzosamente debe ser la pasión, muerte y resurrección del Dios encarnado, todo para rehacer la gloria del Padre, y por amor del hombre caído.  Los principados reciben por efecto de este tercer acto de comunicación la capacidad de orientarse plenamente hacia el Principio, y como príncipes guían a otros hacia Él.

En el hombre, este tercer acto va unido al anterior, y solamente se diferenciará en intensidad, y nos hará orientarnos siempre hacia Dios, buscando no sólo la salvación, sino que iremos buscando también la perfección, lo cual se volverá un potente imán para atraer a otros y orientarlos hacia el mismo Principio, pues la Redención, su primera finalidad es la restitución del hombre a su puesto, a su origen y a la finalidad por la cual fue creado.

De aquí en adelante es difícil intuir cuáles fueron los actos de comunicación, pero no quedan más que los actos de la santificación, o sea la tercera obra de Dios ad extra, la Vida Divina en el hombre gracias a la Divina Voluntad obrante en la criatura, y como consecuencia de ello, la gloria, el amor, que Dios recibe, y que por comunicación les corresponde también a todos los habitantes de las regiones celestiales, entre ellos los ángeles.  Probablemente el primer acto de esta serie, sea la decisión de Dios de volver a dar su reino a las criaturas.  Ahora, en la medida que Dios se los comunica a los ángeles, y en la medida que el hombre se dispone a tomarlos, será la comunicación de los bienes, lo que sí se puede distinguir en los siguientes coros.

 

Segunda jerarquía:  Potestades, virtudes y dominaciones.  Aunado a las características de los 3 coros anteriores, tienen como naturaleza el poder celestial e intelectual, tienen también el gobierno del espacio, las estrellas y los elementos de la naturaleza, son los responsables del universo entero.  Se les adjudica ser las portadoras de la gracia y el valor, su nombre alude a la fortaleza viril, inquebrantable en todo obrar, al modo de Dios, firmeza que excluye toda pereza o molicie.  Su característica es el ‘yo creo’, continuamente su ser se eleva libre; limpias de toda desemejanza se esfuerzan constantemente por alcanzar el verdadero dominio y fuente de todo señorío, se encaminan totalmente hacia el verdadero Señor.  Suelen llevar corona y cetro.

            Para la criatura, estas características representan el total desapego de las cosas terrenas, son portadoras continuas de la Vida Divina, y con ella afrontan con valor inquebrantable los sucesos de su vida, sin ceder ni siquiera un ápice a sus tendencias naturales, tienen pleno dominio de su naturaleza, volviéndose dominadores de su universo personal, y trabajan incansablemente en ser cada día más semejantes a su Creador, en cuanto a criatura es posible.

 

Tercera jerarquía:  Tronos, Querubines y Serafines.  Los tronos están muy por encima de toda deficiencia terrena, viven completamente del Altísimo, ascienden hasta lo más alto, están alejados de cualquier bajeza, y libres de toda pasión y cuidados materiales están siempre listos para recibir la visita de la Deidad; significa que son portadores de Dios y están prontos como los sirvientes para acogerle a Él y sus dones.

            En el hombre, la adquisición de estos actos que la Divina Voluntad comunica, lo ponen prácticamente a vivir vida de cielo, ya no ven la tierra de su naturaleza, y menos la tierra física, nada les atrae, nada necesitan, no hay debilidades, viven siempre unificados a Dios por medio de la Divina Voluntad obrante en ellos.  No quieren, no ansían, no desean nada, sino a Dios y sus bienes, y si llegara a faltarles, lo que no sucede, morirían, pues les faltarían hasta los actos más indispensables para su existencia.

Los querubines reciben el acto de la plenitud de la ciencia divina, en cuanto a criatura es posible.  El ángel posee un doble conocimiento del Verbo; el natural y el de la gloria.  Con el natural conoce al Verbo por su imagen reflejada en la propia naturaleza, y con el de la gloria conoce al Verbo por la esencia del Verbo.  Conoce asimismo las cosas en el Verbo por uno y otro conocimiento, pero por el natural, con conocimiento imperfecto, y, en cambio, por el de la gloria con conocimiento perfecto.  Por consiguiente, el ángel tuvo el primer conocimiento de las cosas en el Verbo desde el principio de su creación, pero el segundo no lo tuvo hasta que fue hecho bienaventurado por su conversión al bien.

En el hombre, una vez que ha pasado todas las etapas anteriores, y quiere tomar el acto de conocer, le es dada la ciencia infusa, la cual es un don sobrenatural, y por tanto, muy superior al conocimiento angélico, sea natural o el de la gloria.  Claro está que tendremos que ver todas las cosas en el Verbo, pero al mismo tiempo, esta ciencia nos permite entrar en el grandioso acto de la generación del Verbo, el cual el ángel lo conoce en su efecto, o sea conoce al Verbo, más no en el Padre, que es la causa del efecto Verbo.  Así que nuestra ciencia será muy superior a la angélica, siempre y cuando nos mantengamos siempre en este estado de vida ensimismada en Dios, y así se convertirá en realidad la promesa evangélica:  ‘Cuando venga el Espíritu de verdad, Él os conducirá poco a poco hasta la Verdad plena.’[30]

            Por último, el serafín que ya posee aun la ciencia más excelsa tomada siempre en el Verbo, sólo le queda tomar el acto completo del amor divino, e inflamarse tanto, que su vida se vuelve fuego de amor, respira fuego de amor, y comunica a todos aquellos con los que tiene contacto el ardor inmenso del amor divino, enfervorizándolos, o sea, inflama de amor de Dios a todo aquel con el que tiene contacto.  Tiene un incesante movimiento en torno a las realidades divinas, tienen capacidad de grabar su impronta en los subordinados prendiendo y levantando en ellos llama y amor parecidos; poder de purificar por medio de llama y rayo luminoso, actitud para mantener evidente y sin merma la propia luz, poder de ahuyentar las tinieblas.  Son considerados el orden mayor de la jerarquía celestial.  Es el que rodea el trono de Dios y está en constante alabanza.  Son los ángeles del amor, de la luz y del fuego.

            En la naturaleza humana, el tomar este acto de amor divino en su plenitud, lo convertirá en un serafín humano, que no se moverá más que por amor, para hacer obrante a toda nuestra naturaleza, pues toda ella es amor, formada por el Amor eterno.

 

            Hasta aquí llega la naturaleza angélica, es su punto máximo de participación, pero para la naturaleza humana se puede decir que es apenas el inicio, pues una vez alcanzado este punto, apenas ha llegado al estado en el cual fue creada – estado que perdió por el pecado de Adán –  pero gracias a que Dios ha decidido darnos nuevamente su Voluntad para hacer adquisición de Ella, todos sus demás actos serán un hacer crecer más la misma Vida Divina que posee, con todo lo que ella contiene, tomando con cada acto, más semejanza, más dotes y bienes divinos, cualidades divinas, para gloria de Dios y bien y gloria de la propia alma, y de todo lo creado.

 

            Ahora, enumeraremos algunas citas donde Luisa hace mención de los ángeles:

Los nombra un total de 254 veces.

            Aparecen en las veces que Jesús la hace sufrir, en los desposorios con Él, portan los instrumentos de la pasión para ella, la asisten.  Esto en el Vol. 1.  Se sorprenden por lo que Jesús hace con ella.[31]  El alma que posee la cruz es de admiración para los ángeles.[32]  Habla del ángel custodio.[33]  No pueden hacer lo que hace el alma víctima.[34]  Honran al alma que vive fundida en el Divino Querer.[35]  Custodian ciudades.[36]  Millones de ellos acompañan a Jesús.[37]  El ángel no comprende totalmente lo que hace el alma en el Divino Querer.[38]  Millones custodian los actos hechos en el Divino Querer.[39]  Se horrorizan, tiemblan si el alma hace algún movimiento para salirse de la Divina Voluntad.[40]  Llevan al Espíritu Santo a las almas.[41]  Tuvieron una prueba.[42]  Jesús confía a los ángeles al recién bautizado.[43]  Si no obramos en la Divina Voluntad, nuestro ángel se queda en ayunas.[44]  La gloria de los ángeles y santos no está completa si la Divina Voluntad no obtiene su triunfo.[45]  El acto de la criatura en la Divina Voluntad eclipsa a los ángeles.[46]  Toman parte en los actos hechos en el Divino Querer.[47]  Jerarquía con 9 coros.[48]  Un ángel custodia el paraíso.[49]  Etc.              Esto es sólo una muestra, que sirve para ver que los escritos de Luisa acerca de los ángeles, son acordes a la doctrina de la Iglesia.

 

            Para terminar quisiera señalar que de acuerdo a lo expuesto hasta aquí, parecería que se confunden las extensiones de conocimiento que Dios da a sus ángeles, con los actos con los que la Divina Voluntad se comunica a ellos; y parecería también que estos últimos van siendo en forma sucesiva, por lo que van ascendiendo de un coro a otro conforme se les van comunicando, entrelazándose con la aceptación a los conocimientos dados.  No, no es así, Dios haciendo uso de su libertad crea a los espíritus angélicos con las características de participación de los actos de su Voluntad, y los crea así desde el principio, o sea, que a algunos los crea como ángeles, a otros como arcángeles, otros como tronos, serafines, etc., y esto no tiene relación con los conocimientos que les va comunicando al momento de su prueba.  Para dejar en claro esto, es necesario fijarse en las palabras que Jesús dice en el capitulo antes mencionado, donde dice el por qué los ángeles son ángeles, veamos:

            “... Hija mía, ¿quieres tú saber por qué los ángeles son tales, por qué se han conservado bellos y puros como salieron de mis manos?  Porque se han mantenido siempre firmes en el acto primero en el cual fueron creados, por lo tanto, estando en aquel acto primero de su existencia, están en el acto único de mi Voluntad, que no conociendo sucesión de actos no se cambia, ni crece ni decrece, y contiene en sí todos los bienes posibles e imaginables; y los ángeles, conservándose en el acto único de mi Voluntad en el cual los hice salir a la luz, se mantienen inmutables, bellos y puros, nada han perdido de su primaria existencia, y toda su felicidad es el mantenerse voluntariamente en el acto único de mi Voluntad.  Todo encuentran en el círculo de mi Querer y no quieren, para hacerse felices, sino lo que les suministra mi Voluntad.

            Parecería que esto es irrelevante, sin embargo solamente así se puede entender la caída de los ángeles.  Sabemos que entre los espíritus rebeldes se encuentran ángeles, tronos, potestades, etc., con Lucifer a la cabeza, el cual es arcángel, o sea de todos los coros.  Si no fuera como lo estamos planteando, y la prueba hubiera sido, como en realidad lo fue, en el segundo conocimiento comunicado, o sea, la unión hipostática del Verbo eterno con una Humanidad, junto con la creación de María, y que ellos, los ángeles, tendrían que adorar y servir a Dios en esta Humanidad, y que María sería elevada en dignidad muy por encima de ellos por ser la Madre del Verbo encarnado, aunado a la creación de más humanidades creadas a imagen y semejanza de la humanidad del Verbo, querría decir que su prueba fue en un mismo instante para todos, y que todos habrían estado en el mismo coro o nivel, exceptuando a los ángeles, los cuales ya habían agotado la extensión de conocimiento que Dios había determinado darles, pero si ellos ya habían dicho que sí, ¿cómo pudieron después decir que no?  ¿Cómo sería posible que hubieran caído tronos, dominaciones, y demás dignidades?  O, ¿es que tal vez hubo diferentes pruebas?  Y en ese caso, ¿cómo es posible que Lucifer, siendo un simple arcángel, haya sido la cabeza de la rebelión, si en el momento en que él se rebeló, algunos ángeles ya se habían rebelado, y los demás permanecieron fieles y cooperaron a su derrota?  Además, esto sería ir en contra del principio de que la inteligencia y voluntad angélica, por ser perfectas y desenvolverse en la eternidad, no en el tiempo, decididas una vez quedan fijas en esa decisión y no pueden cambiar, uniéndose al acto único de Dios, así que, ¿cómo compaginar esto con diferentes pruebas, en diferentes momentos, cuando ya esa voluntad se había adherido a la Voluntad de Dios?  Sólo aceptando que la prueba les fue puesta cuando ya tenían su dignidad asignada, y que el momento de la rebelión fue el mismo para todos, se puede compaginar todo lo que sabemos acerca de los espíritus rebeldes.

 

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Conclusión:

 No se puede dudar de la existencia de los ángeles:  Un ángel guarda el paraíso después de la caída de Adán y Eva, un ángel detiene el brazo de Abraham, un ángel protege a los jóvenes en el horno de Babilonia, un ángel acompaña a Tobías, un ángel acompañaba al ejército de Israel, el ángel del Señor dijo:  Vuélvete a tu señora y humíllate debajo de su mano, un ángel anuncia la encarnación, y múltiples pasajes de la Escritura que se refieren a la concurrencia de los ángeles durante la vida, pasión, muerte, resurrección y ascensión de nuestro Señor Jesús, que mencionarlos todos sería demasiado largo, un ángel libera a los apóstoles de la prisión, y ante todo a Pedro, un ángel guía a Pedro con el centurión Cornelio.  Por eso creemos que es incuestionable la existencia de estos seres, y de alguna forma hemos revisado su naturaleza, sus funciones en la economía divina, sus nombres, su distribución, algo referente a su creación, el por qué de las diferentes categorías, etc.

            Así que no debemos permitir que estas modas sobre los ángeles nos confundan, nos aparten de nuestra fe, pero sobre todo de la unión que debemos tener con estos seres creados para nuestro servicio, pues están orientados para llevarnos hacia aquel Ser Inmenso, Omnipotente, Poderoso, puro Amor, etc., que nos ama y nos creó para Él.  No permitamos que mentes perversas deformen nuestra concepción real de los ángeles, poniendo fábulas, mitos, e ideas absurdas en cuanto a estos seres de luz, que, ni más ni menos, pueden ser el resultado de la incitación de aquellos que no queriendo ser luz, se convirtieron por su libre voluntad en tinieblas, “los demonios”.  Siempre se nos ha inculcado dentro de la fe católica una especial reverencia a los ángeles.  ‘A sus ángeles ha mandado Dios para que te guarden en tus caminos.’  ¡Cuánta reverencia debe inspirarte esta palabra, cuánta devoción, cuánta confianza!  Reverencia por la presencia, devoción por la benevolencia, confianza por la custodia.[50]

 

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APÉNDICE

 

En este apartado, solamente quisiera hacer una pequeña reflexión:  Se habla de una gran batalla en el Cielo, en la cual, San Miguel Arcángel se pone a la cabeza de los ángeles fieles en contra de las huestes de los ángeles réprobos, encabezados a su vez por Lucifer, del cual se dice que también era arcángel.  San Miguel con su grito:  ¿quién como Dios?  Y Lucifer con el suyo: no serviré, protagonizan esta batalla.  Ahora, ¿qué debemos entender por batalla?  Por supuesto no era una guerra con armas o cuerpo a cuerpo, no se trataba de expulsar a los demonios del Cielo, pues estos seres espirituales, al no ocupar un lugar, con el solo hecho de no estar acordes a la Voluntad Divina, ya no estaban en el Cielo, aunado a que el Cielo no es un lugar, sino un estado.  No se trataba de conquistar las posesiones o territorios de los vencidos, pues simplemente no los tenían, entonces, ¿por qué se nos ejemplifica este suceso como una gran batalla?

Respondamos:  en primer lugar, hay que entender que esta batalla fue de inteligencia, voluntad y actos, que son las características principales de los seres espirituales.  En segundo lugar necesitamos analizar el significado que esos gritos encierran.  Con el primero, se trataba de animar a los espíritus indecisos a volver toda la atención hacia el Ser Supremo, a acatar la Voluntad de Aquel que los había creado y tanto los amaba, mostrándoles la suma justicia que había en estas decisiones que Él había tomado.  El segundo grito los incitaba a la desobediencia, pues les imbuía la idea de injusticia cometida por Aquel que los había despreciado, al escoger a una naturaleza aparentemente inferior para tal acontecimiento, pues debería de ser en él, en Lucifer, en quien debía realizarse la unión hipostática con el Verbo eterno, y todos los demás deberían adorar y servir al Dios «angelizado», aunado a esto, les quería convencer de que podían vivir sin Dios, sustentados únicamente por los dones de naturaleza recibidos en el momento de su creación.  Así que hubo un tiempo en que algunos ángeles estuvieron indecisos, y hubo guerra entre los dos bandos, pero no entre ellos, sino que tanto unos como otros querían convencer a los demás para que se afiliaran a sus filas; esta fue la batalla.

            Esto es también una semejanza con la gran batalla que libramos los viadores en este mundo; algunos ya tomaron partido, o con Dios o con Satanás, pero la inmensa mayoría están indecisos, así que nosotros, siguiendo el ejemplo de San Miguel, debemos ir a la batalla para convencer a estos hermanos nuestros de que sólo a Dios debemos seguir, mientras que los afiliados a las fuerzas del mal tratan de convencerlos de que deben adorar a la bestia, la cual está representada por todos los vicios, que en la actualidad se nos presentan como virtudes, como logros de la civilización y la tecnología, y que nos inducen a actuar conformes a nuestra «naturaleza caída»

 

           

Que Dios los bendiga, y su ángel los guíe hasta depositarlos en la Divina Voluntad.  Son mis mejores deseos para ustedes.

 

 

 

Salvador Thomassiny Frías

 



[1] Hay que diferenciar entre una personificación de los atributos divinos, lo cual nos llevaría a un panteísmo,  condenado por  la Iglesia (cfr D 1803), y una participación de diversas cualidades de Dios, que se hacen manifiestas en la criatura.

[2] Dios creó de la nada juntamente al principio del tiempo, a ambas clases de criaturas: las espirituales y las corporales, es decir el mundo angélico y el mundo terrestre; y después, a la criatura humana, que compuesta de espíritu y cuerpo los abraza en cierto modo a los dos.  Símbolo nicenoconstantinopolitano. Esto ha sido confirmado en el Concilio Lateranense IV (1215), cuya formulación ha tomado el Concilio Vaticano I 

[3] Suma Teológica. Tratado de los ángeles.

[4] Cuanto más potente es una inteligencia, conoce mayor número de cosas con menos ideas o especies inteligibles.  Y así, Dios, inteligencia infinita, conoce todas las cosas en una sola idea, que es su Verbo.  Y cuanto más cercano a Dios se halle alguna inteligencia, menos ideas o especies inteligibles necesita para conocer todas las cosas.

[5] Cfr nota Nº 4  pag. 4

[6] Además de los testimonios aducidos por parte de la Sagrada Escritura, la imposibilidad de que los ángeles conozcan los secretos de los corazones, es doctrina unánime en la tradición patristica:  San Atanasio, San Hilario, San Basilio, San Ambrosio, San Jerónimo, etc., dicen que sólo Dios conoce los corazones.  San Agustín, aunque afirma que sólo Dios conoce el pensamiento íntimo de los hombres (serm 24,3, 5) dice que los ángeles conocen nuestros pensamientos secretos a pesar nuestro (De Gen. Ad litt. 12, 22, 48:  ML 34,473).  Esta sentencia, filosóficamente carece de base.  En tal opinión no sería milagroso y sobrenatural conocerlos; si pueden hacerlo naturalmente, lo milagroso entonces sería por parte de Dios, el hacer continuamente que no los conozcan.

[7] El milagro es romper a voluntad una ley natural, lo cual le corresponde sólo a Dios, o a aquellos a quienes Él quiera comunicárselo.

[8] Hech 753

[9] cfr.  Nota 2

[10] Mt 1810, Hech 1215

[11] Dan 7 y 8, Ap 120

[12] (Lc 128-9, Ap35)

[13] Ver las cualidades de los diferentes coros angélicos (pag. 8-9)

[14] Inteligencia, memoria y voluntad:  Son las tres potencias del alma, infundidas por Dios en nuestra alma.

[15] Es la más alejada de Dios y la más próxima al hombre, sobre el que ejerce su benéfico influjo.

[16] Ocupan un lugar intermedio, y sirve de enlace entre la primera y la tercera.

[17] Los más cercanos y unidos a Dios.

[18] Yo soy Rafael, uno de los siete ángeles que tiene entrada a la gloria del Señor (Tb 1215), Gracia a vosotros y paz de parte de Aquél que es, y que era, y que viene; y de los siete espíritus que están delante de su trono   (Ap 14)

[19] Todo está tomado de la obra: ‘La Mística Ciudad de Dios’ de Sor María de Jesús de Ágreda (1602-1665)  Queremos dejar este relato con las palabras y la construcción original.

[20] Dice San Agustín que los ángeles no fueron omitidos al describir aquella primera creación de las cosas, sino designados con el nombre de ‘cielo’ y también con el de ‘luz’ (C.9:  ML 41,323; C.33:  ML 41347)

[21] Catequesis del Papa durante la audiencia general del miércoles 6 de agosto de 1986

[22] Volumen 17  30/10/24

[23] San Gregorio Magno dice que estas funciones de los diferentes coros son para el hombre un ejemplo que debe procurar reproducir en su vida.

[24] Volumen 23   28/02/28

[25] Volumen 17  30/10/24

[26] Ibíd

[27] Volumen 30  21/12/31

[28] Volumen 35    9/08/37

[29] Ver apéndice

[30]  Jn 1613

[31]  Vol. 2  6/05/99, 10/08/99,  Vol. 12   27/06/19 

[32]  Vol. 3   2/12/99,  Vol. 5   25/10/03,  Vol. 11   16/06/16

[33]  Se mencionan en el Vol. 11

[34]  Vol. 3  17/05/00

[35]  Vol. 3  21/05/00,  Vol. 14  25/04/22

[36]  Vol. 4  22/11/02

[37]  Vol. 11  13/10/16

[38]  Vol. 12  12/12/17

[39]  Vol. 14  25/04/22

[40]  Vol. 17  11/09/24

[41]  Ibíd

[42]  Vol. 17  8/12/24

[43]  Vol. 18  5/11/25

[44]  Vol. 19  28/02/26

[45]  Vol. 19  23/05/26

[46]  Vol. 19  15/09/26

[47]  Vol. 21  18/05/27

[48]  Vol. 23  28/02/28,  Vol. 35  9/08/37

[49]  Vol. 30  6/12/31

[50] Liturgia de las horas 2 de octubre.