Cómo saber cómo actuar

 

Vivir en la Divina Voluntad para repetir en nosotros la Vida Divina, que es la santidad original del hombre, la que tenía Adán antes de su caída, es muy sencillo, la razón es que todo lo hace Dios, nosotros como criaturas no hacemos nada, solamente la disposición de quitar nuestra voluntad:

“Hija mía, para entrar en mi Querer no hay caminos, ni puertas, ni llaves, porque mi Querer se encuentra por todas partes, corre bajo los pies, a derecha, a izquierda y sobre la cabeza, por todas partes.  Para entrar, la criatura no debe hacer otra cosa que quitar la piedrecilla de su voluntad.”

Sin embargo, el permanecer ahí, no salirse jamás, nunca darle vida a la voluntad humana, es lo más difícil que existe, porque aquí todo lo tiene que hacer el hombre.  Oigamos a nuestra Madre Santísima hablar de lo que significa no dar vida nunca a la voluntad humana, pues esta fue su prueba:

“Yo te digo que no hay sacrificio semejante al mío, más bien, todos los otros sacrificios de toda la historia del mundo se pueden llamar sombras comparados al mío; sacrificarse un día, ahora sí y ahora no, es fácil, pero sacrificarse en cada instante, en cada acto, en el mismo bien que se quiere hacer, por toda la vida, sin jamás dar vida a la propia voluntad, es el sacrificio de los sacrificios y el testimonio más grande que puede ofrecerse, y el amor más puro, cribado por la misma Voluntad Divina, que puede ofrecerse a nuestro Creador. Es tan grande este sacrificio, que Dios no puede pedir nada más de la criatura, ni ella puede encontrar cómo puede sacrificarse más por su Creador.”

Así que el permanecer, el hacer vida perenne en este ambiente es lo más difícil que existe, pues no se trata de abandonar cosas materiales, afectos, no, mucho más que eso, se trata de abandonar nuestra vida humana, nuestra voluntad, nuestra forma de pensar, nuestro criterio, nuestro razonamiento, nuestras ideas, nuestros ideales, nuestra forma de ver el mundo, y no sólo eso, sino hasta nuestra forma de practicar nuestra religión, dejar de lado nuestras costumbres religiosas, nuestras prácticas piadosas, etc., debemos abandonar nuestra meta de ”santidad” que nos habíamos forjado, dejando nuestras virtudes (digo dejar no en el sentido de abandonarlas, pues es en ellas donde tiene su asiento la Divina Voluntad, sino dejarlas en el sentido de práctica religiosa, pues debemos hacerlas surgir en modo divino), pues se trata de una santidad diferente, una santidad no basada en nuestro esfuerzo personal, que rompe con todo lo que se ha practicado, que nada tiene que ver con lo conocido hasta ahora, a pesar de ser la santidad más antigua, pues como ya se dijo, es la santidad de Adán, es santidad eterna, pues no sólo ha estado en la mente de Dios desde toda la eternidad, sino que es la misma Santidad Divina.

Alguien podría cuestionar si esto es realidad o simplemente es una forma de decir de algunas mentes exaltadas.  Sin embargo, el mismo Jesús nos advierte que debemos prepararnos a grandes cambios, veamos una de estas advertencias:

“¡Oh! el bello vivir en mi Querer, me agrada tanto, que haré desaparecer todas las demás santidades, bajo cualquier otro aspecto de virtud en las futuras generaciones, y haré reaparecer la santidad del vivir en mi Voluntad, que son y serán no las santidades humanas, sino divinas, y su santidad será tan alta, que como soles eclipsarán las estrellas más bellas de los santos de las pasadas generaciones, por esto quiero purgar la tierra, porque es indigna de estos portentos de santidad”.

“Tú nada harás, sólo pondrás tu querer en mi Voluntad y Yo haré todo; tú no serás otra cosa que el sonido de mi voz, la portadora de mi Querer, la destructora de las virtudes en modo humano y la que hará resurgir las virtudes en modo divino, selladas por un punto eterno, inmenso, infinito."

Sin comentarios.

Entonces, para arraigarnos en este plano de la Santidad Divina, debemos superar los obstáculos que ponga nuestra voluntad, donde éstos son todo lo mencionado con anterioridad, o sea, los modos humanos.

Sólo algunos pocos se interesan en esto, les atrae la idea, pero encuentran muchas piedras en el camino, donde tropiezan; algunas de estas piedras sí las quitan, otras no creen que sean perjudiciales para continuar, les da miedo quitarlas, y hasta se escandalizan si se les dice que las hagan a un lado, están seguros que no se deben quitar, creen que son correctas y hasta necesarias.  ¿Difícil?  Por supuesto, estamos incidiendo en la propia interpretación de lo que pensamos debe ser nuestra relación con el Ser Supremo, y en lo que nosotros consideramos que es este Ser.  En pocas palabras estamos entablando una feroz batalla con nuestra propia voluntad.  Nuestro Señor habla de esta dificultad de la siguiente manera:

"Hija mía, el vivir en mi Querer lleva consigo la pérdida de cualquier derecho de voluntad propia, todos los derechos son por parte de la Voluntad Divina, y si el alma no pierde los propios derechos, no se puede decir verdadero vivir en mi Querer, a lo más se puede decir vivir resignada, uniformada, porque el vivir en mi Querer no es la sola acción que haga según mi Voluntad, sino es que todo el interior de la criatura no dé lugar ni a un afecto, ni a un pensamiento, ni a un deseo, ni siquiera a un respiro en el cual mi Querer no tenga su lugar; ni mi Querer toleraría aun un afecto humano del cual Él no fuera la vida; tendría asco de hacer vivir al alma en mi Voluntad con sus afectos, pensamientos, etc., que pudiera tener una voluntad humana.  ¿Y crees tú que sea fácil que un alma voluntariamente pierda sus propios derechos?  ¡Oh, cómo es difícil!  Es más, hay almas que cuando llegan al punto de perder todos los derechos sobre su voluntad se echan para atrás, y se contentan con llevar una vida mediana, porque el perder los propios derechos es el más grande sacrificio que puede hacer la criatura, y que dispone a mi Bondad a abrirle las puertas de mi Querer, y haciéndola vivir en Ella, recompensarla con mis derechos divinos.  Por eso sé atenta y no salgas jamás de los confines de mi Voluntad."

Y ahora, con justa razón nos preguntamos, ¿quién me dirá qué hacer, cómo hacerlo, cuándo hacerlo?  ¿Debo tener alguien que me guíe?

"Hija mía, el mar que tú ves es mi Voluntad, Ella es luz y nadie puede navegar este mar sino quien quiere vivir de luz.  La barca que ves con tanta gracia navegar este mar es el alma que vive en mi Querer; con su continuo vivir en mi Querer ha respirado el aire de mi Voluntad y mi Voluntad la ha vaciado de la madera, de las velas, del ancla, del mástil y la ha convertido toda en luz, así que el alma, conforme va haciendo sus actos en mi Querer se vacía de sí y se llena de luz; el capitán de esta barca soy Yo, Yo la guío de acuerdo a su velocidad, Yo la sumerjo para darle reposo y tener tiempo para confiarle los secretos de mi Querer; ninguno podría ser hábil en guiarla, porque no conociendo el mar no pueden conocer el modo como guiarla, ni Yo me fiaría de ninguno, a lo más escojo una guía como espectador y oyente de los grandes prodigios que hace mi Querer.  ¿Quién puede ser hábil y capaz para guiar la carrera en mi Querer?  En cambio Yo, en un solo instante la hago hacer la carrera que otro guía la haría hacer en un siglo."

Es Jesús mismo quien nos debe guiar, es el único que conoce el camino, el único que conoce en plenitud el mar de la Divina Voluntad, pero sobre todo, es el único que conoce el plan personal que Dios tiene para cada uno de nosotros desde toda la eternidad.  Esta asistencia está garantizada, se dará por medio de la inspiración del Espíritu Santo, debemos abandonar el “yo digo” o el “yo creo”, pues corremos el riesgo de que éstos no sean inspiración divina, sino inspiración de voluntad humana, siempre debemos confrontar nuestras ideas con Jesús, pues Él está siempre presente junto a cada uno de nosotros, dispuesto a decirnos cómo debemos actuar, y si lo que pensamos es correcto o no, ¿dónde?  En los escritos, en ellos está la misma palabra de Jesús, así que, si lo que yo creo, opino, hago, lo puedo apoyar en los escritos, tengo entonces el aval del mismo Jesús, pero si no lo puedo apoyar en ellos, por muy atractivo, piadoso que sea, NO es lo correcto.  Nuestra guía en la tierra deben ser los escritos, de ahí la necesidad absoluta de leer, y NUNCA OPINAR sin tener el aval de dichos escritos.

Fiat

Salvador.