PLANTEAMIENTO

 

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Una de las frecuentes controversias que se suscitan entre aquellos que intentan vivir en la Divina Voluntad, es el saber si es fácil o no el hacerlo.  Algunos opinan que es lo más sencillo, mientras que otros dicen que es muy difícil; algunos dicen que no hay que hacer otra cosa que dejarse llevar por Ella, sin preocuparse de nada más; otros, que se necesita poseer las virtudes, mientras otros dicen que no es necesario.  ¿A quién creerle?  ¿Cuál es la realidad?  Lo único que queda en claro es que no hemos llegado a comprender los escritos, que nos falta profundizar y reflexionar mucho para llegar a tener una idea clara acerca de este vivir, y lo que es o no necesario para lograrlo, aunado a que el lenguaje de Jesús no es puntual, lo que complica un poco más la situación.

Aunque esta santidad es la más antigua del mundo, pues es con la que fue dotado nuestro primer padre Adán, pero que no la pudo conservar debido a su desobediencia, para nosotros es una realidad nueva, y por lo mismo resulta un poco confuso.  Cuando se nos habla de hacer vivir a la Divina Voluntad en nosotros, de permitirle repetir su Vida, y que para ello se requiere que abandonemos nuestra propia voluntad, no alcanzamos a percibir lo que esto quiere decir, aunque se definen perfectamente dos planos:

El primero de ellos es un plano Divino, pues tratándose de repetir una Vida Divina en la

criatura, no está al alcance de ella el hacerlo, es por eso que, siendo la parte más difícil, al hombre le resulta la parte más fácil, pues la tiene que hacer Dios mismo, y el hombre no debe hacer nada.  De aquí surge la idea de que es muy FÁCIL el vivir, por supuesto, pues todo lo hace Dios, debiendo, el hombre, quitar solamente su voluntad, lo que teóricamente resulta muy sencillo.  Jesús nos lo da a entender en los siguientes capítulos:

16/02/21:  "Hija mía, para entrar en mi Querer no hay caminos, ni puertas, ni llaves, porque mi Querer se encuentra por todas partes, corre bajo los pies, a derecha, a izquierda y sobre la cabeza, por todas partes.  Para entrar, la criatura no debe hacer otra cosa que quitar la piedrecilla de su voluntad.”

El 25/09/13 recalca que es muy sencillo:  “Hija mía, Yo debía hacer de modo que la santidad debía ser fácil y accesible a todos, excepto para quien no la quisiera, y en todas las condiciones, en todas las circunstancias y en todos los lugares."

En el volumen 33 nos dice que lo único que se necesita es el desearlo, veamos:  "Hija mía bendita, ¿dime qué quieres?  ¿Quieres tú que mi Voluntad reine y viva en ti como Vida?  Si verdaderamente lo quieres, todo está hecho, porque es tanto nuestro Amor y el deseo ardiente de que la criatura posea nuestra Voluntad como vida, para hacerla vivir de Ella, que en cuanto su voluntad humana verdaderamente lo quiere, la nuestra llena el querer humano de nuestro Supremo Querer para formar en él su Vida, y vivir en ella como en su propio centro.”

En este mismo capítulo reitera que Él no sabe enseñar cosas difíciles:  “Mucho más si quiere la Vida de nuestra Voluntad en la suya, querido, ordenado por Nosotros con tantos suspiros, si de veras la quiere tendrá el gran bien de poseer nuestra Voluntad como vida, y si esto no fuera, la santidad del vivir en mi Querer sería una santidad difícil y casi imposible, y Yo no sé ni enseñar cosas difíciles, ni quiero cosas imposibles.”

Más adelante da la clave par entender el por qué es tan fácil:  “Es mi costumbre facilitar por cuanto es posible a la criatura las cosas más arduas y los sacrificios más duros, y si es necesario pongo de lo mío para hacer que la pequeña potencia de su querer venga sostenida, ayudada, animada por la invencible Potencia del mío, y así volver fácil el bien, o la Vida de mi Querer que quiere poseer la criatura.”

Esta parte habla, como lo hemos visto, de la facilidad para poder habitar en esta Voluntad, en su reino, pues tratándose de cosas divinas, todo es realizado por Dios mismo, y la criatura no debe ni puede hacer nada.  Nos da a entender que lo único que necesitamos es, conocerlo y desearlo.  Por lo que debemos concluir que en efecto, es muy fácil.

El segundo plano, es un plano humano, en el que deberá apoyarse la acción de Dios, (descrita anteriormente) consistente a su vez en dos acciones:  La primera es la decisión firme de querer hacer vida en esta Divina Voluntad, que como ya vimos es ayudada por la misma Divinidad; esta decisión consiste en vaciarnos TOTALMENTE de nuestro querer, para vivir del Divino.  La segunda, y más importante, el permanecer inmutable en esta decisión, sin cambiarse jamás.  Ésta sería la parte más fácil para Dios, pues Él es inmutable por naturaleza, y una vez decidido no cambia jamás; sin embargo, todas las cosas son llevadas a cabo entre dos, nunca es uno solo el que debe actuar, y para el vivir en esta Voluntad, el hombre debe poner su parte, y es ésta la que debe poner, pues de lo contrario sería un forzarnos, un obligar a nuestra voluntad, siendo que debe ser, este vivir, por voluntad, nunca una acción forzada, así que se la deja a él, resultando que para la criatura es la parte más DIFÍCIL, pues el hombre es cambiante por naturaleza, tiene una voluntad finita, limitada y sujeta a todos sus enemigos, los cuales la tiranizan y la obligan a hacer las obras que no quiere hacer, ¿recuerdan a San Pablo?  Desde esta perspectiva, se ve un panorama diferente, pues se ve que es un camino lleno de sacrificios, de sufrimiento, de renuncia, de firmeza en el bien, para lograr llegar a dicho reino, donde, una vez alcanzado, la Divina Voluntad morará en la criatura, y entre todos los bienes que le llevará, estará el de volverla firme en el bien y la hará partícipe de su inmutabilidad, por lo que jamás se saldrá ya de este reino.  Pero primero hay que alcanzarlo, y las armas que tenemos, dadas por Dios, son las virtudes, debemos practicarlas, hacer uso de ellas para acercarnos a dicho reino.  Apoyemos esto en las mismas verdades de la Divina Voluntad:  En la parte final del capítulo anterior muestra esta condición de inmutabilidad:  “Por eso no se necesita mucho para vivir de mi Voluntad, el todo está en el querer, si éste se decide y lo quiere firme y perseverantemente, ya ha vencido a la mía y la ha hecho suya.”

Pero qué difícil es encontrar a alguien que persevere en el bien, y sobre todo en el desapego total de todo, hasta de sí mismo.  Jesús mismo se queja de esto, a pesar de haber mencionado lo fácil que es el vivir en su Voluntad.  En el Vol. 6 dice:  "Hija mía, esto que dices es verdad, que hay muchas almas buenas y que mucho hacen por Mí, pero cómo es difícil encontrar una que me dé todo para poderme dar todo; quién se retiene un poco de amor propio, quién la propia estima, quién un afecto incluso a personas aun santas, quién una pequeña vanidad, quién se retiene un poco de apego a la tierra, quién al interés, en suma, quién a una cosita y quién a otra, todos retienen alguna cosa de propio y esto impide que todo sea divino en ellos."

En el Vol. 16:  "Así es de mi Voluntad, para hacerse vida del alma, ella debe hacer desaparecer la propia voluntad en la mía, su querer no debe existir más, mi Voluntad debe entrar en todos sus actos como acto primero, la cuál se dará al alma, ahora como agua para quitarle la sed con sus aguas divinas y celestiales, ahora como fuego, no solo para calentarla sino para destruir en ella todo lo que es humano y reedificar en ella la Vida de mi Voluntad, y ahora como alimento para alimentarla y hacerla fuerte y robusta.  ¡Oh! cómo es difícil encontrar una criatura que ceda todos sus derechos para dar sólo a mi Querer el derecho de reinar; casi todos quieren reservarse alguna cosa del propio querer, y por eso mi Voluntad, no reinando completamente en ellas, no puede formar su Vida en todas las criaturas."

En el Vol. 17  "Hija mía, el vivir en mi Querer lleva consigo la pérdida de cualquier derecho de voluntad propia, todos los derechos son por parte de la Voluntad Divina, y si el alma no pierde los propios derechos, no se puede decir verdadero vivir en mi Querer, a lo más se puede decir vivir resignada, uniformada, porque el vivir en mi Querer no es la sola acción que haga según mi Voluntad, sino es que todo el interior de la criatura no dé lugar ni a un afecto, ni a un pensamiento, ni a un deseo, ni siquiera a un respiro en el cual mi Querer no tenga su lugar; ni mi Querer toleraría aun un afecto humano del cual Él no fuera la vida; tendría asco de hacer vivir al alma en mi Voluntad con sus afectos, pensamientos, etc., que pudiera tener una voluntad humana.  ¿Y crees tú que sea fácil que un alma voluntariamente pierda sus propios derechos?  ¡Oh, cómo es difícil!  Es más, hay almas que cuando llegan al punto de perder todos los derechos sobre su voluntad se echan para atrás, y se contentan con llevar una vida mediana, porque el perder los propios derechos es el más grande sacrificio que puede hacer la criatura, y que dispone a mi Bondad a abrirle las puertas de mi Querer, y haciéndola vivir en Ella, recompensarla con mis derechos divinos."

En el Vol. 18  “Sólo la constancia es sobre lo que el rey puede confiar y estar seguro de lo que quiere hacer de la criatura.  El sacrificarse, el hacer el bien un día, es cosa fácil para la criatura, pero el sacrificarse y el hacer el bien toda la vida, ¡oh, cómo es difícil!”

¿Contradictorio?  Por supuesto que no, Jesús no puede contradecirse, y en caso de que así fuera, estaríamos ante un gran fraude, y la doctrina de la Divina Voluntad sería un engaño.  Lo que debemos hacer es profundizar un poco más, y veremos que se trata de dos pasos diferentes, una cosa es el entrar al reino, y otra muy diferente el quedarse a hacer vida en él.  ¿O será que no hemos entendido bien los escritos?  Esto no debería de hacernos sentir mal, Jesús le dice a Luisa en el año 1926, Vol. 20:  "Hija mía, tú no has comprendido bien qué significa vivir en mi Voluntad.”  Si ella, para el año 1926, después de 37 años de estar en continuo contacto con estas verdades, con la asistencia continua de Jesús, aún no entiende bien, ¿qué podremos esperar de nosotros?  Nos debe bastar con permanecer en la decisión firme, y con estar ciertos que lo deseamos y que queremos conocer este gran don, para continuar nuestra lucha, efectivamente, lucha, guerra, contienda contra nuestra propia voluntad que se niega a morir en forma definitiva.  Pero si no estamos conscientes de esto, corremos el enorme peligro de nunca llegar a la meta, a fundir nuestra vida con la Vida de Jesús.

Por ahora dejémoselo hasta aquí, y que lo expuesto nos sirva para reflexionar acerca de esta aparente discrepancia.  Continuaremos en el transcurso de la semana con el tema.

 

Antes de seguir adelante, trataremos de reafirmar la última idea, la de la dificultad para permanecer en la Divina Voluntad, oigamos las palabras de la Virgen en la 5° meditación de la Reina del Cielo:

”Hija mía, tal vez a ti no te parezca grande mi sacrificio de vivir sin mi voluntad, pero Yo te digo que no hay sacrificio semejante al mío, más bien, todos los otros sacrificios de toda la historia del mundo se pueden llamar sombras comparados al mío; sacrificarse un día, ahora sí y ahora no, es fácil, pero sacrificarse en cada instante, en cada acto, en el mismo bien que se quiere hacer, por toda la vida, sin jamás dar vida a la propia voluntad, es el sacrificio de los sacrificios y el testimonio más grande que puede ofrecerse, y el amor más puro, cribado por la misma Voluntad Divina, que puede ofrecerse a nuestro Creador. Es tan grande este sacrificio, que Dios no puede pedir nada más de la criatura, ni ella puede encontrar como puede sacrificarse más por su Creador.”

Habiendo puesto en claro estas dos realidades, aparentemente contradictorias entre sí:  1.- La facilidad para entrar y 2.- la dificultad para permanecer, lo primero que nos salta a la mente es:  ¿Qué se necesita para poder vivir en este reino?

Nuevamente nuestra respuesta es en apariencia contradictoria, pues mientras que en algunos lugares Jesús nos da la sensación de que no se requiere de otra cosa aparte de la decisión de vivir en Ella, en otros lugares dice que es necesaria la práctica de las virtudes.  Sería muy extenso el poner aquí todos los lugares donde se habla de una y otra opinión, frases como:  Sólo mi Voluntad basta, Por eso no les di (a Adán y Eva) otra cosa que mi Voluntad, Los hijos de mi Voluntad no necesitarán otra cosa, pues mi Voluntad les será de guía, de ley, etc., abundan en los escritos, pero nuevamente se les interpreta mal, aduciendo que lo más importante es el abandono en Dios, dejando todo en manos de la equivocada definición del abandono.

Lo primero que se necesita saber acerca del abandono, es que no es una cualidad o actividad específica, sino que es el resultado de la práctica de una virtud, “La Humildad”.  Así que, de entrada, para vivir abandonados, es indispensable la práctica de la virtud, y para crecer en este estado, se requiere practicar otra virtud, la confianza en Dios.  16/05/09 "Así es mi Gracia, más que sol majestuoso envuelve a todas las criaturas con su benéfico influjo, pero no entra sino sólo en los corazones vacíos, y por cuanto vacío encuentra, tanta luz hace penetrar dentro de los corazones.  Pero, ¿cómo se forman estos vacíos?  La humildad es la pala que excava y forma el vacío; el desapego de todo, aun de sí mismo, es el vacío mismo; la ventana para hacer entrar la luz de la Gracia en este vacío es la confianza en Dios y la desconfianza de sí mismo; así que por cuanto confía en Dios, otro tanto ensancha la puerta para hacer entrar la luz y tomar de ella mayor Gracia; la custodia que guarda la luz y la engrandece es la paz."

Jesús mismo nos confirma la necesidad de las virtudes para pasar del “hacer su Voluntad” al “Vivir en su Voluntad”.  30/07/38  “Hija mía, quien vive en mi Voluntad viene custodiado en mi estancia divina, posee todos nuestros bienes, la Fuerza, la Luz están en su poder; en cambio quien hace mi Voluntad se forma el camino para llegar a entrar en Ella, ahora, en el camino hay peligros, debe estar expuesto al calor y al frío excesivo, no encontrará el agua para beber, alimentos buenos para nutrirse, un lecho para reposar, se puede decir que será un pobre caminante que no llegará jamás a su habitación.  Qué diferencia entre quien vive en mi Querer y quien hace mi Voluntad, sin embargo es necesario formarse el camino, esto es, vivir resignado, hacer mi Voluntad en todas las circunstancias de la vida, para poder llegar a vivir en mi Querer, donde encontrará su estancia divina, el centro de su reposo, el exilio cambiado en patria."

En las siguientes palabras de Jesús, se confirma que su Voluntad es todo, que no tiene necesidad de nada, pero al mismo tiempo se menciona que para llegar a vivir en Ella es necesario la práctica de lo anterior (virtudes).  “Mi Voluntad es el lenguaje del Cielo, y principia donde las demás ciencias y virtudes terminan; Ella es Reina que domina todo y corona a todos, de modo que ante la Santidad de mi Voluntad todas las demás virtudes empequeñecen y tiemblan.  Es por esto por lo que primero quise hacerte de maestro del alfabeto, para disponer tu inteligencia y luego pasar a hacerte de maestro celestial y Divino, que sólo se ocupa del lenguaje de la patria y de la ciencia más alta que contiene mi Voluntad...”  “...Si esto era necesario para ti, mucho más para toda la Iglesia, a la cual debía hacer conocer primero las cosas inferiores y luego la más superior de todas, cual es mi Voluntad."

Luisa, el 18/06/25 se pregunta a sí misma acerca de este reino, y da su punto de vista acerca de lo que se requiere para llegar a vivir en él, conviene tenerlo en mente y tratar de reflexionar un poco para entender qué quiso decir:  "¿Cómo podrá ser que el hombre dé la muerte como de un solo golpe a todos los vicios para dar vida a todas las virtudes, como se requiere para vivir en este ambiente de la Voluntad Suprema?  Porque para vivir en Ella no hay términos medios, vidas a mitad de virtudes y vicios, sino que es necesario sacrificar todo para convertir todas las cosas en Voluntad de Dios; la voluntad humana y las cosas humanas no deben tener más vida, sino que deben existir para cumplir en ellas la Voluntad de Dios y para hacer desarrollar su Vida en nosotros.”

La criatura que vive en la Divina Voluntad, cambiará todos sus actos en actos divinos, pero esta Voluntad transformará acto por acto, ejemplo:  Paso por paso, mirada por mirada, pensamiento por pensamiento.  El 23/04/32 Jesús dice lo siguiente:  "Hija mía, el alma que vive en mi Voluntad está en continuo acto de renacer en los actos que hace en Ella, si ama está en acto continuo de renacer en el Amor divino, y mientras nace forma la vida del amor en ella, y como vida toma el primado en todo su ser, de modo que su latido, su respiro, el movimiento, la mirada, el paso, la voluntad, y todo lo demás, se vuelve amor, y cuantas veces renace, tantas veces más crece el amor, este amor como vida y en acto de siempre nacer y crecer, tiene la fuerza raptora y que hiere, y mientras nos hiere nos rapta, pero con nuestra misma Potencia divina, y Nosotros sintiéndonos heridos desbordamos amor de nuestras heridas, y herimos a nuestra amada criatura, y en cada renacimiento duplicamos nuestro Amor por ella.  Así si repara, y cuantas veces repara en nuestra Voluntad, tantas veces renace en la reparación divina y forma la vida de la reparación en su alma, así que el respiro, el movimiento, la voluntad y todo su ser adquiere la vida de la reparación; y como no es con un solo acto que nos repara, sino con una vida entera, como vida tiene la potencia que desarma, y desarmándonos convierte los flagelos en gracias, así de todo lo demás que la criatura puede hacer en nuestra Divina Voluntad, son vida que adquiere, las cuales son alimentadas por nuestra fuentes divinas.”

Así que, cada acto que hacemos en la Divina Voluntad, Ésta lo convierte en divino, pero tomando la materia prima de la criatura, lo que ella hace o quiere hacer, es lo que la Voluntad transforma.  Cuando Jesús dice a Luisa que ella será la destructora de las virtudes en modo humano y la que hará resurgir las virtudes en modo divino, no le está dando virtudes infusas, no le está participando nada nuevo, simplemente el acto de Luisa se transforma.  Si ella ama, la D.V. transforma este amor en Divino; si usa de la bondad, ésta se transforma en la Bondad Divina; y así de todas las demás virtudes, de lo contrario sería un obligarnos, sería una virtud no espontánea, sino forzada.

Recordemos que Dios no es bondadoso, es la Bondad; no es amoroso, es el Amor; no es santo, es la Santidad; y así de todo lo demás, Él mismo nos dice que su naturaleza es virtud.  Nosotros, cuando actuamos tratando de imitar estas cualidades, hablamos de virtud, o sea, participación de una cualidad divina, y quién participa más, y quién participa menos, se puede medir, por eso nuestros actos humanos, aunque sean santos, deben esperar el día de la muerte para ser juzgados y pesados.  Esta virtud nos debe servir de base para que se nos dé, como NATURALEZA, la cualidad divina, ejemplo:  Debemos amar, y sobre esta acción, Dios hará resurgir el Amor Divino como naturaleza; debemos ser misericordiosos, para que resurja en nosotros la Misericordia Divina como naturaleza; debemos tratar de ser santos, con actos santos humanos, y así resurgirá sobre esta santidad humana, la Santidad Divina; etc., pero es forzoso la práctica de dichas virtudes.

No intento desanimarlos, por el contrario, trato de poner las bases firmes para llegar a vivir realmente de Divina Voluntad.  Parece complicado, sin serlo, lo único que hace falta es entender que Dios arde en deseos de dar nuevamente este don a la familia humana, y es por eso que facilita todo, aun la entrada a dicho reino, pero lo hace para enseñárnoslo, para hacer que lo conozcamos, que nos enamoremos de él, que nos acostumbremos a vivir en él y que lleguemos a no querer vivir de nuestra voluntad.  En esta etapa, es facilísimo el entrar, pues se trata de una estratagema de amor para atraparnos, no hay requisitos, todo es puesto por Él.  PERO..., siempre hay un pero, al llegar el momento de la prueba, porque también existe una prueba para los hijos de la Div. Vol. y Jesús les reserva la sola prueba de no hacerlos hacer jamás su voluntad, sino sólo y siempre la suya; entonces es cuando la criatura inicia el periodo de sufrimiento, el más atroz, según palabras de Nuestra Madre Santísima.  Si no tenemos el uso de las virtudes, se corre el inmenso peligro de confundir nuestra voluntad con la Voluntad de Dios, y entonces hay una falsificación de santidad, lo que en ocasiones llega a ser causa de vicios, sobre todo la soberbia, lo cual es incompatible con la Vida Divina.  Sin embargo, una vez que el alma entra en posesión de dicho reino, todo cambia, es entonces cuando entra en vigor, en plenitud, la ley de Ella, la cual nos servirá de guía, de ley, de luz, de preservativo, y ya no necesitaremos más de las cosas humanas, solamente vivir sin preocuparnos más por las virtudes, vivir solamente de Voluntad Divina, al igual que los bienaventurados; en este estado, las virtudes serían ya un estorbo, corriendo el peligro de cambiar la virtud por Jesús.  Dice Él:  “Todas las demás santidades no están exentas de pérdida de tiempo y de interés personal, como por ejemplo:  un alma que vive en todo a la obediencia, tiene mucha pérdida de tiempo, aquel hablar y hablar continuado la distraen de Mí, pone la virtud en lugar mío, y si no tiene la oportunidad de tomar todas las órdenes, vive inquieta; alguna otra que sufre tentaciones, ¡oh! cuánta pérdida de tiempo, no se cansa de decir todos sus obstáculos y pone la virtud  del sufrimiento en lugar mío, y muchas veces estas santidades se esfuman; pero la santidad del vivir en mi Querer está exenta de interés personal, de pérdida de tiempo, no hay peligro de que me cambien por la virtud, porque el vivir en mi Querer soy Yo mismo.”

Así que lo que es necesario para llegar, nos estorbaría para estar ya en el lugar de destino.  Ésta es la clave para entender cómo y cuándo se requiere de las virtudes, y cuándo ya no son necesarias.  Dejo al último el siguiente capítulo, que nos dará la clave de todo lo que hemos tratado de explicar.

Debemos estar conscientes que el vivir en el Divino Querer es un don, que no se da sino a quien está dispuesto, a quien debe amarlo más que la propia vida, y estar dispuesto a sacrificarla para hacer que este don tenga la supremacía sobre todo y sea tenido en cuenta más que la propia vida.  Por eso, Jesús dice que primero quiere ver que el alma quiere hacer en verdad su Voluntad y nunca la propia, que está pronta a cualquier sacrificio para hacer la Divina, y que en todo lo que hace pida siempre, aun como préstamo, el don de su Querer.  Cuando Él vea que la criatura nada hace sin el préstamo de su Querer, entonces lo da como don, porque con pedirlo y volver a pedirlo ha formado el vacío en su alma donde poner este don celestial, y con haberse habituado a vivir con el préstamo de este alimento divino, ha perdido el gusto del propio querer, y por eso, viéndose en posesión del don que ella tanto suspiraba, anhelaba y amaba, vivirá de la vida de aquel don, lo amará y lo tendrá en la estima que merece.”

Fiat

Salvador Thomassiny