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LA Divina Voluntad Y EL REINO DE DIOS

 

Jesús nos hace una solemne promesa en el «Padre Nuestro»  Nos promete el Reino de su Voluntad, y nos aconseja pedir dicho Reino al Padre, asegurándonos que Él mismo se pone al frente de dicha petición.  Ésta se encuentra en el capítulo del 5/02/28 de los escritos de Luisa Piccarreta, donde dice lo siguiente:

 

"Hija mía, en cuanto Adán pecó Dios le hizo la promesa del futuro Redentor; pasaron siglos, pero la promesa no vino a menos y las generaciones tuvieron el bien de la Redención.  Ahora, cuando vine del Cielo y formé el reino de la Redención, antes de partir al Cielo hice otra promesa más solemne, la del reino de mi Voluntad, y ésta la hice en el Padre Nuestro, y para darle más valor y para obtenerlo más pronto, esta promesa formal la hice en la solemnidad de mi oración, pidiendo al Padre que hiciera venir su reino, que es la Voluntad Divina como en el Cielo así en la tierra, y me puse Yo a la cabeza de esta plegaria, conociendo que tal era su Voluntad, y que rogado por Mí no me habría negado nada, mucho más que con su misma Voluntad Yo rogaba y pedía una cosa querida por mi mismo Padre, y después de haber formado esta plegaria ante mi Padre Celestial, seguro que me era concedido el Reino de mi Voluntad Divina sobre la tierra, la enseñé a mi apóstoles a fin de que la enseñaran a todo el mundo, para que uno fuera el grito de todos:  Hágase tu Voluntad como en el Cielo así en la tierra.”

 

Así que el Reino no es utopía, una cosa de la cual no se tenga la seguridad, la certeza de ello.  Es una promesa de Jesús, y esta promesa está dando validez a las diferentes profecías que se encuentran en la Sagrada Escritura, profecías acerca de él, de su establecimiento, y sobre todo, de los dones que dicho Reino ha de traer.  Vendrá la hora de la paz y del perdón, vendrá la hora en la cual volveremos a hacer alianza con el Señor Dios, después de haber permanecido durante siglos en manos de Satanás, alejados de nuestro Creador y Padre.  Las palabras de Joel, Cap. II, V. 18 – 32, [1] no son dichas particularmente para un pueblo determinado, son dichas para el pueblo de Dios, para el pueblo del único, verdadero, gran Rey, el pueblo del Señor Dios nuestro, Uno y Trino, Creador y Redentor del género humano:  La Iglesia [2]

Aquel periodo de bienestar del cual habla Joel, es el anticipado anuncio de lo que mucho tiempo después profetizara San Juan en su Apocalipsis.[3]

Después de las guerras tremendas que Satanás habrá traído a la tierra a través de su mensajero de tinieblas, vendrá el período de la tregua, en el cual Dios buscará atraernos, colmándonos con sus dones.  De dichos dones, Isaías nos da una somera semblanza:

 

ISAÍAS:  CAPITULO 65, V. 17 – 25.

“Porque he aquí que yo voy a crear nuevos cielos y nueva tierra, y de las cosas o tribulaciones primeras no se hará más memoria, ni recuerdo alguno; sino que os alegraréis, y regocijaréis eternamente en aquellas cosas que voy a crear; pues he aquí que yo formaré a Jerusalén, ciudad de júbilo, y a su pueblo, pueblo de alegría. Y colocaré yo mis delicias en Jerusalén, y hallaré mi gozo en mi pueblo; nunca jamás se oirá en él la voz de llanto, ni de lamento. No se verá más allí un niño que viva pocos días, ni anciano que no cumpla el tiempo de su vida; pues el que morirá más niño, tendrá cien años, y el pecador o el que no viva cien años, será reputado como maldito. Y edificarán casas, y las habitarán y plantarán viñas, y comerán de su fruto. No acontecerá que ellos edifiquen, y sea otro el que habite; ni plantarán para que otro sea el que coma; pues los días de mi pueblo serán duraderos como los días del árbol de la vida, y permanecerán largo tiempo las obras de sus manos. No se fatigarán en vano mis escogidos, ni tendrán hijos que los conturben, porque estirpe de benditos del Señor son, así ellos como sus nietos. Y antes que clamen, yo los oiré: Cuando estén aún con la palabra en la boca otorgaré su petición. El lobo y el cordero pacerán juntos; el león, como el buey, comerá heno; el alimento de la serpiente será el polvo; no habrá quien haga daño ni cause muerte en todo mi santo monte, dice el Señor”.

 

Estos dones serán nuestra dulzura, no conoceremos hambre, calamidades; nuestros cuerpos, pero más nuestras almas, serán alimentados por su mano.  La tierra parecerá surgir como de una segunda Creación, nueva en sentimientos, que serán de paz y concordia entre los pueblos, y de paz entre Cielo y tierra, porque Él hará que se extienda sobre todos su Espíritu, que nos penetrará y nos dará la vista sobrenatural de los decretos de Dios.  Será el Reino del Espíritu, el reino de Dios, aquél que pedimos en el Padre Nuestro, pero en el que nunca reflexionamos.  Este Reino se desarrollará en nuestras almas, es aquí donde debe iniciarse su Reino sobre la tierra.  Dios obrará todos los prodigios para atraer a Sí el mayor número de personas, porque Él es el Dios de misericordia, de perdón, y de un amor tan infinito, que nunca lo llegaremos a comprender.

 

Si analizamos detenidamente las palabras de las dos profecías mencionadas anteriormente, parecería un cuento de hadas, un verdadero paraíso, realmente una nueva creación.  El pecado original fue el verdadero causante de todos nuestros males sobre la tierra.  Debido a que Adán quiso hacer su voluntad, rechazó la de Dios, la cual estaba constituida en el hombre como vida, pero además como depositaria de todos los dones que se nos habían otorgado, como preservativo de todos los males, tanto espirituales, morales y físicos, o sea en los tres estadios del hombre; una vez perdida esta Divina Voluntad, Adán no la pudo recuperar más, por lo que tuvo que enfrentarse con una realidad que no había sido creada para él, una realidad de corrupción, y no quiero decir que el mundo físico, externo, o sea toda la Creación sea donde esté la corrupción, no, me refiero al mundo de corrupción de su verdadero y único enemigo, su propia voluntad, la cual se pone en contra de Dios, y los resultados los vemos diariamente, no es necesario entrar en detalles.  Desde Adán hasta la fecha, Dios ha ido formando un camino sobre el cual podemos acercarnos a Él, pero siempre sujetos a las leyes naturales, pues seguimos gobernados por nuestra misma voluntad, que impide que nos sea restituida la Divina, razón por la cual las promesas de ese paraíso mencionado como la venida del Reino, nos suenen a una realidad alegórica; aunado a que el Reino que esperamos, enseñado por la Iglesia, es en la vida futura, en el Cielo, pues hemos dado como realidad, el que el Reino de la Redención es el único que se llevará a cabo sobre esta tierra, no otro, y para prueba basta el siguiente artículo del Catecismo de la Iglesia Católica:  (677)  La Iglesia sólo entrará en la gloria del Reino a través de esta última Pascua en la que seguirá a su Señor en su muerte y su Resurrección (cf. Ap 19, 1-9). El Reino no se realizará, por tanto, mediante un triunfo histórico de la Iglesia (cf. Ap 13, 8) en forma de un proceso creciente, sino por una victoria de Dios sobre el último desencadenamiento del mal (cf. Ap 20, 7-10) que hará descender desde el Cielo a su Esposa (cf. Ap 21, 2-4). El triunfo de Dios sobre la rebelión del mal tomará la forma de Juicio final (cf. Ap 20, 12) después de la última sacudida cósmica de este mundo que pasa (cf. 2 P 3, 12-13).

 

Así las cosas, cabría preguntar:  ¿Qué pasaría si le fuera dada nuevamente al hombre la Divina Voluntad?  ¿Las cosas seguirían igual?  Por supuesto que no, pues entonces el origen del mal, en cualquiera de sus estadios, habría sido quitado, y no habiendo germen de mal, no sería remoto el que las palabras de las profecías se llevaran a cabo al pie de la letra.  Así que si el hombre pudiera tener nuevamente la Divina Voluntad como vida, como depositaria de los bienes que Dios sacó de Sí mismo para el hombre, y como preservativo de los males, todo cambiaría.  ¿Hasta dónde?  Solamente Dios lo sabe, pero en los escritos acerca de la Divina Voluntad nos da, además de la seguridad de que quiere otorgarnos nuevamente su Voluntad, que quiere que Ésta reine en las almas, que podemos adquirir su Reino, nos habla también de los bienes que esto traerá consigo; y con alegría constatamos que concuerda cien por ciento con lo dicho en la Sagrada Escritura.  Tenemos entonces la plena seguridad de que este Reino es una realidad, y de que lo podemos adquirir porque nos lo quiere dar, lo único que necesitamos es, actuar al contrario de Adán:  Él renunció a la Voluntad Divina por hacer su propia voluntad, ahora nosotros debemos renunciar a la nuestra, para hacer y vivir solamente de la Divina.

 

Toca ahora el turno, habiendo hablado un poco del Reino, ver en qué consiste, qué beneficios traerá.  En primerísimo lugar debemos hablar de la adquisición de la Vida Divina a través de la Divina Voluntad obrante en nosotros, de la igualdad, tanto en Vida como en bienes con nuestro Creador, todo ello expresado a lo largo de todos los escritos.  En segundo lugar trataremos de ver qué bienes traerá, y esa parte la dejamos en manos de Jesús, poniendo los capítulos donde se habla de ello:

 

Octubre 22, 1926

 

Estaba pensando en el Santo Querer Divino y decía entre mí:  "¿Pero cuál será el gran bien de este Reino del Fiat Supremo?"  Y Jesús como interrumpiendo mi pensamiento y como de prisa, se ha movido en mi interior diciéndome:

 

"Hija mía, ¿cuál será el gran bien?  ¿Cuál será el gran bien?  El Reino de mi Fiat encerrará todos los bienes, todos los milagros, los portentos más estrepitosos, más bien los sobrepasará a todos juntos, y si milagro significa dar la vista a un ciego, enderezar a un cojo, sanar un enfermo, resucitar un muerto, etc., el Reino de mi Voluntad tendrá el alimento preservativo, y cualquiera que entrará en él, no habrá ningún peligro de que pueda permanecer ciego, cojo y enfermo, la muerte en el alma no tendrá más poder, y si lo tendrá sobre el cuerpo, no será muerte, sino paso, y faltando el alimento de la culpa y la voluntad humana degradada que produce la corrupción en los cuerpos, y estando el alimento preservativo de mi Voluntad, tampoco los cuerpos estarán sujetos a descomponerse y a corromperse tan horriblemente de infundir temor aun a los más fuertes, como es ahora, sino que quedarán compuestos en sus sepulcros esperando el día de la resurrección de todos.  Entonces, ¿qué crees tú que sea más milagro, dar la vista a un pobre ciego, enderezar a un cojo, sanar un enfermo, o bien tener un medio preservativo para que el ojo no pierda jamás su vista, que se camine siempre derecho, que se esté siempre sano?  Creo que sea más el milagro preservativo, que el milagro después de sucedida la desventura.  Esta es la gran diferencia del Reino de la Redención y del Reino del Fiat Supremo, en el primero fue milagro para los pobres desventurados, como lo es todavía ahora, que yacen, quién en una desventura y quién en otra, y por eso Yo di el ejemplo también en lo exterior haciendo tantas diferentes curaciones, que eran símbolo de las curaciones que Yo hacía en las almas, y que fácilmente regresan a su enfermedad.  El segundo será milagro preservativo, porque mi Voluntad posee la milagrosa potencia que quien se hace dominar por Ella no estará sujeto a ningún mal, por lo tanto no tendrá ninguna necesidad de hacer milagros, porque los conservará siempre sanos, santos y bellos, dignos de aquella belleza que salió de nuestras manos creadoras al crear a la criatura.”

 

“El Reino del Fiat Divino hará el gran milagro de desterrar todos los males, todas las miserias, todos los temores, porque él no hará el milagro a tiempo y a circunstancia, sino que se mantendrá sobre sus hijos de su reino con un acto de milagro continuado para preservarlos de cualquier mal y hacerlos distinguir como hijos de su reino, esto en el alma, pero también en el cuerpo habrá muchas modificaciones, porque es siempre la culpa el alimento de todos los males, y quitada la culpa faltará el alimento al mal, mucho más que mi Voluntad y pecado no pueden existir juntos, por lo tanto también la naturaleza humana tendrá sus benéficos efectos.”

 

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Enero 28, 1927

 

Estaba toda abandonada en el Supremo Fiat siguiendo sus actos en la Creación, y mi dulce Jesús ha salido de dentro de mi interior y me ha dicho:

 

"Hija mía, mira cómo es bello el orden del cielo, así cuando el Reino de la Divina Voluntad tenga su dominio sobre la tierra en medio de las criaturas, también en la tierra habrá orden perfecto y bello.  Entonces tendré tres reinos, uno en la patria celestial, otro en la Creación, y el tercero entre las criaturas, y uno será el eco del otro, uno el reflejo del otro.  Todas las cosas creadas tienen su puesto de honor y mientras están todas ordenadas y en armonía entre ellas, una no tiene necesidad de la otra, porque cada una no sólo abunda, sino sobreabunda de los bienes con los que Dios las dotó al crearlas, porque habiendo sido creadas por un Ser feliz y riquísimo, que con dar jamás vienen disminuidas sus riquezas, por eso todas las cosas creadas llevan la marca de la felicidad y la abundancia de los bienes de su Creador.  Y así como todas las cosas creadas, así los hijos del reino del Fiat Supremo, todos tendrán su puesto de honor, de decoro y de dominio, y mientras poseerán el orden del cielo y estarán en perfecta armonía entre ellos, más que esferas celestes, será tal y tanta la abundancia de los bienes que cada uno poseerá, que uno jamás tendrá necesidad del otro, cada uno tendrá en sí la fuente de los bienes de su Creador y de su felicidad perenne.  Así que desterrada será la pobreza, la infelicidad, las necesidades, los males de los hijos de mi Voluntad; no sería decoroso para Ella, que es tan riquísima y feliz tener hijos que carecieran de alguna cosa y no gozaran toda la opulencia de sus bienes que surgen continuamente; ¿qué dirías tú si vieras al sol pobre de luz, que apenas enviara algún tenue resplandor a la tierra?  ¿Si vieras un pedazo de cielo en algún punto, con alguna estrella apenas, y todo el resto sin el encanto del cielo azul?  No dirías:  'Aquél que ha creado el sol no posee la inmensidad de la luz que surge, y por eso sólo de algún pequeño resplandor hace alumbrar la tierra; no posee la potencia para extender un cielo dondequiera y por eso un pedazo apenas ha extendido sobre nuestra cabeza.'  Así que te habrías hecho el concepto de que Dios es pobre de luz, que no tiene potencia para extender por todas partes las obras de sus manos creadoras.  En cambio al ver que el sol abunda tanto de luz, que el cielo se extiende dondequiera, tú te convences que Dios es rico y posee la fuente de la luz, y por eso nada ha perdido de su luz al abundar con tanta luz al sol, ni su potencia ha disminuido con extender por todas partes el cielo.  Así si los hijos de mi Querer no abundaran de todo, se podrá decir que mi Voluntad es pobre y no tiene Potencia de volver felices a los hijos de su Reino, lo que no será jamás.  Es más, como éste será la imagen del Reino que mi Voluntad tiene en la Creación, así como el cielo se extiende por dondequiera y abunda de estrellas, como el sol abunda de luz, el aire de pájaros, el mar de peces, la tierra de plantas y de flores, así, haciendo eco a la Creación el Reino del Fiat Supremo, los hijos de mi Reino serán felices y abundarán en todo, así que cada uno poseerá la plenitud de los bienes y plena felicidad en el puesto en el cual el Querer Supremo los haya colocado, cualquiera que sea la condición y el oficio que ocuparán, todos estarán felices de su suerte…”

 

Después, habiéndose enterado el muy reverendo padre Di Francia que yo tenía fiebre, me mandó decir que si tenía necesidad tomara lo que necesitara de su dinero que había depositado conmigo para una obra suya.  Y mi amable Jesús al venir, casi sonriendo me ha dicho:

 

"Hija mía, manda decir al padre a nombre mío, que Yo le agradezco y recompensaré la bondad de su corazón por el cuidado que toma de ti, pero hazle saber que la hija de mi Querer no tiene necesidad de nada, que mi Voluntad la abunda de todo, es más, Ella es celosa que otros pudieran ofrecerle alguna cosa, porque a su hija quiere Ella darle todo, porque donde reina mi Querer Divino no hay temor de que los medios naturales, la abundancia de los bienes puedan dañar, más bien, por cuantos más bienes tiene y abundancia goza, más ve en ellos la Potencia, la Bondad, la riqueza del Fiat Supremo y todo lo convierte en oro purísimo de Voluntad Divina, así que mi Voluntad, por cuanto más le da, tanto más se siente glorificada en desenvolver su Vida en la criatura, en ofrecer sus cosas a quien la hace dominar y reinar.”

 

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Enero 30, 1927

 

“Así como la naturaleza del sol es dar luz, la del agua quitar la sed, la del fuego calentar y convertir todo en fuego, y si esto no hicieran perderían su naturaleza, así es naturaleza en mi Voluntad, que donde Ella reina hacer surgir la felicidad, la alegría, el paraíso; Voluntad de Dios e infelicidad no existe, ni puede existir, o bien no existe toda su plenitud y por eso los ríos de la voluntad humana forman las amarguras a las pobres criaturas.”

 

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Nos queda por tratar un solo punto, punto por demás controversial, y en el que los estudiosos no se han puesto de acuerdo, se trata del reinado de Cristo en la tierra durante 1000 años, acompañado por sus ángeles, santos, y por todos aquellos que no sirvieron a la bestia.  Hay varios pasajes de la Biblia que hacen mención de esto, pero el que lo menciona abiertamente es el capítulo 20 del Apocalipsis.  Sin querer entrar en discusiones inútiles, simplemente vamos a poner algunas premisas, que por sí mismas serán suficientes para dejar en claro este asunto, y tratar de encontrar una concordancia con los escritos de la Divina Voluntad.

 

1.-  La primera la tomamos del Magisterio de la Iglesia Católica.  En el número 2296 se refiere a este punto con las siguientes palabras:

 

[Decreto del Santo Oficio, de 21 de julio de 1944]

2296.  En estos últimos tiempos se ha preguntado más de una vez a esta Suprema Sagrada Congregación del Santo Oficio qué haya de sentirse del sistema del milenarismo mitigado, es decir, del que enseña que Cristo Señor, antes del juicio final, previa o no la resurrección de muchos justos, ha de venir visiblemente para reinar en la tierra.

Respuesta:  El sistema del milenarismo mitigado no puede enseñarse con seguridad.

De la presencia de Cristo en los misterios de la Iglesia

[De la Encíclica Mediator Dei, de 20 de noviembre de 1947]

 

2.- En el Catecismo, en el número 676, dice:  Esta impostura del Anticristo aparece esbozada ya en el mundo cada vez que se pretende llevar a cabo la esperanza mesiánica en la historia, lo cual no puede alcanzarse sino más allá del tiempo histórico a través del juicio escatológico: incluso en su forma mitigada, la Iglesia ha rechazado esta falsificación del Reino futuro con el nombre de milenarismo (581), sobre todo bajo la forma política de un mesianismo secularizado, «intrínsecamente perverso» (582). (cf. Pío XI, "Divini Redemptoris" que condena el "falso misticismo" de esta "falsificación de la redención de los humildes"; GS 20-21).

 

Estas dos citas dejan muy clara la postura de la Iglesia acerca de la presencia de Jesús en la tierra para reinar durante un lapso de tiempo.  Es muy nítido que visto con ojos de voluntad humana, es absolutamente inadmisible dicha posibilidad, no habiendo fundamento para apoyarla.  Debemos decir que los puntos principales son que vemos a un Jesús corporal nuevamente sobre la tierra, compartiendo con sus íntimos y rigiendo «políticamente» las naciones, aunado al encadenamiento de Satanás, lo cual también es inadmisible, pues esto daría como consecuencia que el hombre no sería tentado por el enemigo, quitándole la posibilidad de adquirir méritos a través de la prueba, que todos tenemos, desde Adán, incluso Jesús mismo la tuvo.

 

3.- Si viéramos las cosas con mirada de Voluntad Divina, veríamos a un Jesús triunfante (sobre la voluntad humana), estableciendo su reino en la tierra (del hombre, no globo terráqueo), y presentándose en cada uno de aquellos que permitan a la Div. Voluntad formar la Vida de Jesús en su alma; así que Él estaría más que presente en este mundo, en la persona de cada uno de aquellos que vivan en el Reino de su Querer, estaría actuante, dirigiendo a cada alma, por lo que sería realmente un Rey, pues Rey y Creador significa extender la propia vida, que los seres creados y los súbditos vivan de la misma vida del Creador y del Rey.  Satanás atado, con esta perspectiva, resulta muy comprensible; no es atado y arrojado al abismo, sino que es una manera alegórica de representarlo, pues ante una criatura en la que reina la Divina Voluntad, es absolutamente un lisiado, sin poder causar ningún daño, al igual que en nuestra Madre Santísima, y en Jesús.  Así que resulta muy fácil el entender que sí es verdad lo que está en las profecías, pero al mismo tiempo ver que es una manera de representar físicamente una realidad espiritual, que va mucho más allá de lo material, y que resulta también mucho más congruente con Dios, sobre todo por la parte de amor, gloria, honor, reconocimiento, agradecimiento, etc., que podría rescatar de sus criaturas.

 

4.- Respecto al tiempo.  Sabemos que Dios usa los números de una manera figurativa, baste decir que los mil años representan una cantidad de tiempo x, y que realmente no importaría si es un día (mil años ante Ti son como un día), o son realmente los mil años en función de calendario.  Muy importante poner las palabras de Jesús dichas a Luisa acerca del tiempo de reinado de su Voluntad, aclarando solamente que, debemos entender que su Voluntad reina, aunque velada e incompletamente, desde la Redención, así que hay dos posibilidades:  O contamos el tiempo de la Redención en adelante, o lo cronometramos a partir del establecimiento del Reino de su Voluntad obrante, el cual se establece a partir de la muerte de Luisa; yo, en lo particular, basándome en este mismo fragmento que pongo a continuación, infiero que se debe contar a partir de la Redención.  Ahora veamos el mencionado capítulo:

 

Septiembre 8, 1927

 

“Hija mía, el número de cuarenta días de mi vida aquí abajo es simbólico y significativo.  Cuarenta días desde que nací quise estar en la gruta de Belén, símbolo de mi Voluntad Divina que mientras estaba en medio de las criaturas, estaba como escondida y fuera de la ciudad de sus almas, y Yo para reparar los cuarenta siglos de voluntad humana, quise estar por cuarenta días fuera de la ciudad en una vil choza a llorar, gemir y orar, para llamar de nuevo mi Voluntad Divina a la ciudad de las almas para darle su dominio, y después de cuarenta días salí para presentarme al templo y revelarme al santo anciano Simeón.  Era la primera ciudad que llamaba al conocimiento de mi Reino, y fue tanta su alegría que cerró los ojos a la tierra para abrirlos a la eternidad.  Cuarenta estuve en el desierto, y después, súbito hice mi vida pública para dar a las criaturas los remedios y los medios para alcanzar el Reino de mi Querer.  Cuarenta días quise estar sobre la tierra después de mi Resurrección para confirmar el reino del Fiat Divino y sus cuarenta siglos de reino que debía poseer.”

 

Fiat

Salvador



[1] 18. El Señor mira con ardiente amor a su tierra, y ha perdonado a su pueblo. 19. Y ha hablado el Señor, y ha dicho a su pueblo: Yo os enviaré trigo, y vino, y aceite, y seréis abastecidos de ello, y nunca más permitiré que seáis el escarnio de las naciones. 20. Y arrojaré lejos de vosotros a aquel enemigo que vino del septentrión, y lo echaré a un país despoblado y desierto, su vanguardia hacia el mar de oriente; y la retaguardia hacia el mar más distante; y allí se pudrirá y despedirá fétido olor por haber obrado con tanta soberbia. 21. No tienes ya que temer, ¡oh tierra de Judá!, Gózate y alégrate, porque el Señor ha obrado grandes maravillas a favor tuyo. 22. Vosotros, ¡oh animales del campo!, no temáis ya; porque las campiñas del desierto van a cubrirse de hierba, darán su fruto los árboles, los higuerales y las viñas han brotado con todo vigor. 23. Y vosotros, ¡oh hijos de Sión!, gozaos y alegraos en el Señor Dios vuestro, porque os ha dado que nazca de vosotros el maestro de la justicia o santidad, y os enviará las lluvias de otoño y de primavera como antiguamente. 24. Y se llenarán de trigo las eras, y los lagares o prensas rebosarán de vino y de aceite. 25. Y compensaré los años estériles que ocasionó la langosta, el pulgón, la roya, y la oruga, terribles ejércitos que envié contra vosotros. 26. Y comeréis abundantemente hasta saciaros del todo, y bendeciréis el Nombre del Señor Dios vuestro, que ha hecho a favor de vosotros cosas tan admirables; y nunca jamás será confundido mi pueblo. 27. Y conoceréis que yo resido en medio de Israel, y que yo soy el Señor Dios vuestro, y que no hay otro sino yo; y jamás volverá a ser confundido el pueblo mío. 28. Y después de esto sucederá que derramaré yo mi espíritu divino sobre toda clase de hombres; y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos tendrán sueños misteriosos, y tendrán visiones vuestros jóvenes. 29. Y aun también sobre mis siervos y siervas derramaré en aquellos días mi espíritu. 30. Y haré aparecer prodigios en el cielo y sobre la tierra, sangre, y fuego, y torbellinos de humo. 31. El sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes de la llegada de aquel grande y espantoso día del Señor. 32. Y sucederá que cualquiera que invocare el Nombre del Señor, será salvo; porque en el monte Sión y en Jerusalén hallarán la salvación, como ha dicho el Señor, los restos del pueblo de Judá; los cuales serán llamados por el Señor a su pueblo escogido.

[2]  Iglesia, del griego ekkaleo = elegir, apartar.  Significa una congregación de hombres apartados, entresacados de la gran muchedumbre.  De ahí que se llama a los fieles de la Iglesia “los elegidos” (DRAE)

[3]Apoc. Cap. 21

1. Y vi un cielo nuevo y tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra desaparecieron; y ya no había mar. 2. Ahora, pues, yo, Juan, vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, descender del cielo por la mano de Dios, compuesta, como una novia engalanada para su esposo. 3. Y oí una voz grande que venía del trono, y decía: Ved aquí el Tabernáculo de Dios entre los hombres, y el Señor morará con ellos. Y ellos serán su pueblo, y el mismo Dios habitando en medio de ellos será su Dios.  4. Y Dios enjugará de sus ojos todas las lágrimas; y no habrá ya muerte, ni llanto, ni alarido, ni habrá más dolor, porque las cosas de antes son pasadas. 5. Y dijo el que estaba sentado en el solio: He aquí que renuevo todas las cosas. Y me dijo a  mí: Escribe, porque todas estas palabras son dignísimas de fe y verdaderas. 6. Y me dijo: Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin de todo. Al sediento yo le daré de beber gratuitamente, o sin interés, de la fuente del agua de la vida. 7. El que venciere poseerá todas estas cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo.

22. Y yo no vi templo en ella; por cuanto el Señor Dios omnipotente es su templo, con el Cordero. 23. Y la ciudad no necesita sol ni luna que alumbren en ella; porque la claridad de Dios la tiene iluminada, y su lumbrera es el Cordero. 24. Y a la luz de ella andarán las gentes; y los reyes de la tierra llevarán a ella su gloria y su majestad. 25. Y sus puertas no se cerrarán al fin de cada día, porque no habrá allí noche. 26. Y en ella se introducirá, y vendrá a parar, la gloria y la honra de las naciones.