¿Qué es y cómo se vive la Divina Voluntad?

 

 

Prólogo

 

Muy importante es iniciar este tema, al igual que todos los referentes a la Divina Voluntad, poniendo una breve premisa:

 

Las palabras expresadas en los escritos de Luisa Piccarreta son infalibles, puesto que son las mismas palabras de Jesús, no son recuerdos que Luisa hace de sus vivencias con Él, ni siquiera palabras inspiradas como sucede en las Sagradas Escrituras (Biblia), sino que es el mismo Jesús, la misma Divina Voluntad los que escriben en ella, por lo que no tenemos que ir buscando el significado, el qué habrá querido decir, no tendremos que estudiar el tiempo en que fueron escritas, ver el tipo de sociedad en que se desarrolló el suceso, la cultura y costumbres que regían en su ciudad, la cultura de la escritora, tal como se debe hacer con los libros inspirados de la Biblia, pues la inspiración es, como su nombre lo indica, la sugerencia que Dios hace al escritor de lo que debe poner en el papel, pero deja la iniciativa, la forma y palabras a elección de la persona escogida, de acuerdo a su cultura.

Voy a poner algunos capítulos donde Jesús hace de nuestro conocimiento este hecho:

 

“…Hija mía, así como es muy doloroso y humillante para mi Suprema Voluntad hacer de sierva a las criaturas que no la hacen reinar en ellas, tanto más se sentirá glorificada y feliz en quien la hará reinar.  Mírala en ti cómo es feliz de servirte, Ella reina en ti mientras escribes y se siente honrada, feliz de servirte al guiar tu mano mientras escribes, a fin de que pongas las palabras en el papel para hacerse conocer.  Ella pone a servicio en tu mente su Santidad para suministrarte las ideas, las palabras, los ejemplos más tiernos que se refieren a mi Supremo Querer, a fin de que se haga camino en medio de las criaturas para formar su reino.  Ella sirve a tu vista para hacerte mirar lo que escribes, a tu boca para ponerte las palabras, a tu corazón para hacerlo palpitar de su mismo Querer.”[1]

 

“…Hija mía, no sabes tú que estos nuestros escritos salen del fondo de mi corazón, y Yo hago correr en ellos la ternura de él para enternecer a aquellos que los leerán, la firmeza de mi hablar divino para reforzarlos en las verdades de mi Voluntad.  En todos los dichos, verdades, ejemplos que te hago poner en el papel, hago correr la dignidad de mi Sabiduría celestial, de modo que aquellos que los leen o leerán, si están en gracia, sentirán en ellos mi ternura, la solidez de mi hablar y la luz de mi Sabiduría, y como entre imanes quedarán atrapados en el conocimiento de mi Voluntad.  Quienes no estén en gracia, no podrán negar que es luz, y la luz hace siempre bien, jamás hace mal, ilumina, calienta, hace descubrir las cosas más escondidas y mueve a amarlas, ¿quién puede decir que no recibe bien del sol?  Ninguno.  En estos escritos estoy poniendo más que un sol salido de mi corazón, a fin de que hagan bien a todos; por eso tengo tanto interés que tú escribas, por el gran bien que quiero hacer a la familia humana, tanto que los miro como escritos míos, porque siempre soy Yo quien dicta y tú la pequeña secretaria de la larga historia de mi Voluntad.”[2]

 

 “…Entonces debiendo servir mis manifestaciones para uso de criaturas formadas de alma y cuerpo, también Yo tengo necesidad de la materia para escribir, y me la debes prestar tú, así que tú me sirves de tinta, de pluma y de papel, y con esto formo en ti mis caracteres, y tú sintiéndolos en ti, los haces salir y los vuelves palpables con escribirlos sobre el papel.  Por eso tú no puedes escribir sin Mí, te faltaría el tema, el sujeto, el dictado delante para copiar, así que no sabrías decir nada, y Yo no puedo escribir sin ti, me faltarían las cosas principales para escribir:  el papel de tu alma, la tinta de tu amor, la pluma de tu voluntad.  Por eso es un trabajo que debemos hacer juntos y de acuerdo ambas partes.”[3]

 

“…Hija mía, ¿quieres saber por qué Yo no escribí?  Porque debía escribir por medio tuyo; soy Yo el que animo tu inteligencia, que te pongo las palabras, que doy movimiento con mi mano a la tuya para hacerte sostener la pluma y hacerte escribir las palabras en el papel, así que soy Yo el que escribo, no tú; tú no haces otra cosa que prestar atención a lo que quiero escribir, por eso todo tu trabajo es la atención, el resto lo hago todo Yo, y tú misma no ves muchas veces que no tienes fuerza de escribir y te decides a no hacerlo, y Yo para hacerte tocar con la mano que soy Yo el que escribo te invisto y animándote de mi misma Vida escribo lo que quiero, ¿cuántas veces no lo has experimentado?”[4]

 

Creo que con esto es suficiente para entender que las palabras vertidas en los escritos de Luisa no están sujetas a interpretaciones personales, ni a sesudos juicios teológicos, se deben creer como están, y debemos estar seguros que quieren decir lo que dicen.

 

Introducción:

 

Durante todo el período de existencia del hombre sobre la faz de la tierra, ha sido unánime la manifestación religiosa.[5]  Ésta, puede ser a una deidad, a múltiples deidades, como culto a los muertos, adoración a fenómenos naturales, a los astros esparcidos en el cielo, a diferentes animales, plantas, a nuestro mismo planeta, a fuerzas vitales que impulsan el obrar del hombre, etc., etc., pero todo ello se identifica en una sola idea:  «La existencia de algo superior al hombre, del, o de lo cual depende tanto la vida como la conservación de la misma, junto con todas las cosas que se han  esparcido tanto en el cosmos como en nuestra habitación llamada “tierra”»  Esta manifestación varía de acuerdo al desenvolvimiento de la comunidad en estudio, a sus necesidades, concepciones del medio externo, a sus diferentes experiencias etc., pero siempre está presente el sentimiento de dependencia a esa deidad.

 

Muy discutible e infantil la postura que asume la antropología respecto a esta característica, diciendo que es una necesidad del hombre recién evolucionado, al sentirse inferior a las fuerzas naturales y como una necesidad por no poder comprender el mundo donde vive.  Esta postura, de ser cierta, sería un verdadero milagro, pues, imaginémonos por un solo instante a este animal recién ascendido a hombre, haciendo uso de la razón y de un pensamiento tan elaborado, que le permite tener ideas abstractas acerca de su origen, del origen de todas las cosas, y sobre todo, el conceptuar a un ser superior, al que debe dirigirse para pedirle protección, y lo más sorprendente, el rendirle culto para poder de alguna manera llegar a disfrutar de él o del lugar que habita este ser superior, después de su propia muerte, lo que lleva implícita la preocupación sobre su destino después de su muerte, o sea, estaríamos hablando de un animal que no sólo piensa, razona, que tiene capacidad de conceptuar, sino que ahora quiere perdurar más allá de su propio espacio y tiempo; ¿verdad que sería un verdadero milagro?  ¿No sería más viable el pensar que este animal evolucionado, o como lo quieran llamar, hubiera continuado con sus costumbres ancestrales y, no digo conformarse,[6] sino simplemente seguir existiendo sin ningún cuestionamiento acerca de su existencia, origen y fin?  Seguiría haciendo uso de sus instintos y disfrutando de las nuevas prerrogativas que la evolución le brindó.  Pero dejemos que sigan pensando como quieran, mejor dicho, que sigan aferrados a su loco intento de negar a Dios, guiados por su verdadero ancestro espiritual:  “La soberbia”, mejor conocido como Satanás.

 

El hombre, un ser religioso por naturaleza

 

Si tomamos en cuenta la definición de religión,[7] debemos entender que es la forma que el hombre tiene para relacionarse con Dios, por lo que las concepciones de esta religión pueden ser múltiples, aunque no todas ellas sean válidas.  Si afirmamos que el hombre fue creado por Dios, y que su finalidad es llegar a estar con este Dios, forzosamente debemos concebir la religión como el comportamiento «natural» del hombre, y que debe ser el mismo Dios creador el que infunda estas normas en su criatura.  Lo contrario sería «antinatural» pues no llevaría al hombre a su única finalidad, sería tanto como decir que el instinto de conservación es una conducta aprendida, y que no tiene relación con algún peligro externo que amenace al hombre, sino que es producto de sus temores y su debilidad.

 

En el principio Dios crea al hombre (Adán) a imagen y semejanza[8] de la Humanidad pensada para su Hijo, el cual es la razón de toda la creación, tanto material como espiritual,[9] dotándolo de todas las características y prerrogativas necesarias para ponerlo a la altura de la misma naturaleza humana y Divina (Unión hipostática).  La vida del hombre es trina, al igual que trino es Dios, contiene una vida material, muy semejante a la vida de los animales, de la cual participamos, tenemos en nosotros los mismos elementos, las mismas funciones, etc.  Aunado a lo anterior fuimos dotados con una vida espiritual, el alma, infundida en nosotros en el momento de nuestra concepción y representada en la creación del hombre al decir que Dios le insufló su aliento.[10]  Esta alma no es parte de Dios, no es que nos haya puesto algo de Él, no, pues si así fuera sería imposible el que esta alma se condenara, y es artículo de Fe el que el alma es capaz de condenación, junto con el cuerpo,[11] por lo que, aunque es una parte espiritual, no es parte divina.  Por último, esta vida material y espiritual, unidas, trabajando para el bien, son capaces de recibir el bien querido por Dios, su misma Vida Divina, y para hacerla crecer tenemos en nosotros, como don, la Divina Voluntad, para hacer crecer esta Vida Divina a su justa estatura, y llegar así a la participación que Dios quiso para nosotros, para cada uno en particular.

 

 Así que tomando en cuenta lo anterior, forzosamente tendremos que tener en nuestra mente a Jesús cuando pensemos en el hombre, o sea, un ser del todo diferente de lo que conocemos actualmente.  El verdadero hombre es Él, y sólo seremos hombres cuando lleguemos a semejarnos a nuestro modelo.  El llamado hombre caído, dejó de ser hombre, llámesele como quiera, todo menos hombre, pues no tiene la totalidad de las características del verdadero hombre pensado por Dios, «Jesús»  Pero para saber exactamente qué debe ser el hombre, debemos saber exactamente qué o quién es Jesús, por lo tanto debemos repetir aquella ancestral pregunta, ¿y tú, quién dices que es Jesús?[12]  De acuerdo a nuestra respuesta será nuestra visión de lo que debemos ser, pues situamos a Jesús en alguna escala de santidad toda humana si es que no respondemos acorde a la verdad absoluta, la cual nos dice que Jesús es Dios, Segunda Persona de la Santísima Trinidad, que por medio de la unión hipostática une su naturaleza Divina a la naturaleza humana en una sola Persona, la Persona del Verbo eterno.  Esta es nuestra meta.  Pero no adelantemos hechos, volvamos a nuestra meditación.

 

Etapas

 

Primera etapa

En el transcurso de la historia de la humanidad, solamente 3 seres han sido creados siguiendo el modelo que Dios había pensado, a saber:

  1. El modelo primigenio:  «La Humanidad de Jesús»  El cual, aunque es la idea original, aparece en la historia mucho tiempo después, pues así convenía a los planes de Dios.
  2. La humanidad de su Madre Santísima, a la cual se le aplican los méritos anticipados de su Hijo, pues Ella, como miembro de la familia humana, era heredera de la mancha original, o sea la ausencia tanto de la Vida Divina como de la Divina Voluntad obrante, la que haría crecer dicha Vida hasta la magnitud que el Padre hubiera determinado; y debido a esos méritos, su vida fue toda de Voluntad Divina, desde el primer instante de su concepción fue plasmada, enfervorizada y puesta en su luz, la cual purificó con su potencia su germen humano y quedó concebida sin mancha original; fue el Fiat omnipotente, que volcándose sobre su germen humano, el responsable de que quedara pura y santa al quedar concebida.  Así que si el Querer Divino no se hubiera vertido sobre su germen, más que una tierna madre para impedir los efectos del pecado original, Ella habría encontrado la triste suerte de las otras criaturas, de ser concebida con el pecado original; así que la causa primaria de ser concebida sin mancha de origen fue la Divina Voluntad.
  3. Adán, que fue puesto por Dios como cabeza de la misión humana, dotado de todas las prerrogativas necesarias a un ser creado, para ser «imagen y semejanza» del Verbo encarnado.  Veamos la manera en que fue creado nuestro primer padre:  «...”Hija mía, la creación del hombre fue el centro donde nuestra Divinidad concentraba todos los bienes que debían surgir en la criatura, poníamos en ella Vida Divina y Voluntad Divina, vida humana y voluntad humana; la vida humana debía servirnos de habitación, y las dos Voluntades fundidas juntas debían hacer vida en común, con sumo acuerdo, más bien la voluntad humana debía tomar de la nuestra para formar sus actos, y la nuestra debía estar en acto continuo de dar de lo suyo para hacer que la voluntad humana quedase modelada y toda uniformada en la Divina Voluntad.  Ahora, no hay vida, tanto humana, espiritual y Divina, que no tenga necesidad de alimento para crecer, para fortalecerse, embellecerse y felicitarse.  Nosotros poníamos nuestra Vida Divina en el hombre porque era incapaz de recibir toda la plenitud de nuestro Ser Divino, pusimos en él cuanto podía contener de nuestra vida, dándole libertad de hacerla crecer cuanto más pudiera y quisiera, pero nuestra Vida en el hombre, para crecer, tenía necesidad de alimento, he aquí la necesidad de poner en él una Voluntad Divina; nuestra Vida Divina no se habría adaptado a alimentos de voluntad humana”»[13]

 

Existe un ser más, que todos dirían que fue creado siguiendo el modelo original, y este ser es Eva, nuestra primera madre.  ¿Por qué no la incluimos en los anteriores?  Veamos:

Ø      Como punto central y principal argumento, es que Jesús no le da el reconocimiento de tener actos realizados en la unidad de su Voluntad, y esto debería ser suficiente para estar seguros de que Eva no tenía estas prerrogativas.  En el volumen 24, Jesús dice lo siguiente:  «“...Tú debes saber que verdaderamente Adán posee en el Cielo una gloria que a ningún otro, por cuan santo sea, le es dada, fuera de la Mamá Celestial, porque ningún otro posee un solo acto en la unidad de mi Voluntad Divina”»[14]  ¿Cómo puede ser posible que teniendo Eva la Divina Voluntad obrante en ella, no tenga ningún solo acto realizado en esa unidad?

Ø      Eva no es creada, sino formada de Adán, así que en forma puntual Eva es hija de Adán, y por tanto debe tener, por derecho, todo lo que su padre posee.  Pero resulta que Adán, aunque tenía el uso de esta Divina Voluntad, NO la poseía aún, pues para que Dios se la diera en posesión y la pudiera heredar, debía primero pasar la prueba, por lo que no la podía heredar antes de poseerla.  Creo que estos dos argumentos son contundentes.

 

Anticipadamente escucho la siguiente objeción:  “No puede ser que Dios le haya dado a Adán una compañera «inferior» a él, y que hubiera sido imposible que Adán hubiera reparado en ella si no tenía la misma Vida.  Esto sería como decir que el compañero que le fue dado a la Virgen (San José) era inconveniente, o que debiera tener forzosamente Vida Divina y Voluntad Divina, lo que no es cierto, ¿qué opinan?  Oigamos algunas palabras de Jesús acerca de San José:[15]

 

“…Después pensaba entre mí mientras estaba acompañando a mi dulce Jesús en la estancia de Nazaret para seguir sus actos:  “Mi amado Jesús tuvo con certeza el reino de su Voluntad en su Vida escondida, porque la Soberana Señora poseía su Fiat, Él era la misma Voluntad Divina, San José en medio de estos mares de luz interminable, ¿cómo no podía hacerse dominar por esta Santísima Voluntad?”  Mientras esto pensaba, mi sumo bien Jesús suspirando de dolor en mi interior me ha dicho:

“Hija mía, cierto que en esta casa de Nazaret reinaba mi Voluntad Divina como en el Cielo así en la tierra, Yo y mi Mamá Celestial no conocíamos otra voluntad, San José vivía a los reflejos de la nuestra.”

 

No es lo mismo el vivir a los reflejos de, que vivir de.  Espero que con esto haya quedado claro el que ni San José ni Eva vivieron en la Divina Voluntad, pues es necesario entender esto, para entender que Luisa es la primera en vivir de Ella, y es la que viene a ocupar el lugar de primera criatura creada por Dios, dejado por Adán:

 

“…Ahora, mientras esto decía, mi sumo Bien Jesús se ha conmovido todo y enternecido, y haciéndome presente a mi primer padre Adán, ha hecho que él me dijera con un énfasis de amor todo especial:

“Hija bendita, finalmente mi Señor Dios después de tantos siglos ha hecho salir a la luz del día a aquella que debía pensar en volverme a dar el honor y la gloria que perdí con hacer, desdichadamente, mi voluntad.  Cómo me siento duplicada mi felicidad, hasta ahora ninguno ha pensado en volver a darme este honor que perdí, por eso agradezco vivamente a Dios que te ha hecho salir a la luz, y te agradezco a ti, como hija a mí muy amada, que hayas tomado el empeño de volver a dar a Dios la gloria como si jamás su Voluntad hubiese sido ofendida por mí, y a mí el gran honor de que el reino del Fiat Supremo sea restablecido en medio de las generaciones humanas.  Es justo que te ceda el lugar que a mí me tocaba, como primera criatura salida de las manos de nuestro Creador.”[16]

Quedamos entonces en que solamente tres personas han sido creadas por Dios en su estado original, una de ellas, cabeza de misión de la familia humana, y por tanto el encargado de heredarnos esta santidad divina, perdió esta prerrogativa; las otras dos tuvieron que restituirle al hombre la posibilidad de volver a recibirlas para ser a imagen y semejanza.  En estas tres personas vemos claramente la primera manifestación de religiosidad, la cual no era a base de manifestaciones externas, de cultos o prácticas inventados por el hombre o sugeridos por inspiración divina, no, sino que era la experiencia misma de la Divinidad en el interior de él, y que por medio de su mismo actuar iba engrandeciendo la antes mencionada experiencia de Dios.  No había separación entre Dios y la criatura, no había invocaciones, no había prácticas especiales, no había necesidad de leyes, reglas, sacramentos, etc., simplemente la Voluntad Divina suplía a todo eso, y sobrepasaba en modo infinito a todo lo que se lleva a cabo después del pecado original, y es así como tenemos la primera etapa, la manifestación original de religiosidad, la cual se lleva a cabo a través de la misma Divina Voluntad.  Así lo expresa Jesús con estas palabras:  “...Hija mía, mi Voluntad es todo y contiene todo y además es principio, medio y fin del hombre.  Por eso al crearlo no le di leyes, ni instituí sacramentos, sino sólo le di al hombre mi Voluntad, porque era más que suficiente, estando en el principio de Ella, para encontrar todos los medios para llegar no a una santidad baja, sino a la altura de la santidad divina y así encontrarse en el puerto de su fin.  Esto significa que el hombre no debía tener necesidad de otra cosa sino sólo de mi Voluntad, en la cual debía encontrar todo en modo sorprendente, admirable y fácil para hacerse santo y feliz en el tiempo y en la eternidad.[17]  La mejor descripción que se puede encontrar de este modo de vida, es lo expresado en varias ocasiones por Jesús en su evangelio:

 

“…Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, ¿y aún no me habéis conocido? Felipe, quien me ve a mí, ve también al Padre. ¿Pues cómo dices tú: Muéstranos al Padre?  ¿No creéis que yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo de mí mismo. El Padre que está en mí, él mismo hace conmigo las obras que yo hago.  ¿Cómo no creéis que yo estoy en el Padre, y que el Padre está en mí?  Creedlo al menos por las obras que yo hago. En verdad, en verdad os digo, que quien cree en mí, ése hará también las obras que yo hago, y las hará todavía mayores; por cuanto yo me voy al Padre.”[18]

 

“…El Hijo no puede hacer nada por su cuenta, sino lo que ve hacer al Padre; pero lo que hace Él, eso también lo hace igualmente el Hijo.”[19]

 

“…Entonces conoceréis quién soy Yo, y que nada hago por Mí mismo, sino que hablo lo que mi Padre me ha enseñado.  El que me envió está conmigo, Él no me ha dejado solo, porque Yo hago  siempre  lo que le agrada a Él.”[20]

 

Segunda etapa

Ésta tiene comienzo inmediatamente después del pecado original.  Dios hace la promesa de un Redentor, y su justificación y santidad dependen entonces de su fe y adhesión a dicha promesa, y todo se basa en lo que el mismo Adán transmite a sus descendientes, que aunque había perdido ya el conocimiento de su Creador, sin embargo lo poco que su inteligencia humana alcanzaba a recordar bastó por algún tiempo para hacer que el hombre permaneciera fiel a dicha promesa.  Veamos:

“…Hija mía, Adán, mientras estuvo en el edén terrestre y vivió en el reino del Supremo Querer, conoció todos los conocimientos, por cuanto a criatura es posible, de lo que pertenecía al reino que poseía, pero en cuanto salió de él su inteligencia se oscureció, perdió la luz de su reino y no encontraba las palabras adecuadas para manifestar los conocimientos que había adquirido sobre la Suprema Voluntad, porque faltaba en él el mismo Querer Divino que le proporcionara las palabras necesarias para manifestar a los demás lo que él había conocido; esto por parte suya, y mucho más que cada vez que recordaba su sustracción de mi Voluntad, el sumo bien que había perdido, sentía tal intensidad de dolor de volverlo taciturno, porque estaba sumergido en el dolor de la pérdida de un reino tan grande y por los males irreparables causados por eso, y porque por cuanto Adán pudiese hacer, no le era dado reparar, sino que se necesitaba aquel Dios mismo que había ofendido para poner remedio.  Ahora, por parte de su Creador no tenía ninguna orden, y por eso no le daba capacidad suficiente para manifestarlo, porque, ¿en qué aprovecharía manifestar un conocimiento cuando no debía darles el bien que contenía?  Yo sólo hago conocer un bien cuando lo quiero dar.  Pero a pesar de que Adán no habló difusamente sobre el reino de mi Voluntad, enseñó muchas cosas importantes sobre lo que le pertenecía, tan es verdad, que en los primeros tiempos de la historia del mundo, hasta Noé, las generaciones no tuvieron necesidad de leyes, ni hubo idolatrías (no diversidad de lenguas), sino que todos reconocían un solo Dios (un solo lenguaje), porque tenían un alto concepto de mi Voluntad.”[21]

 

Como vemos, la razón principal de que Adán no manifestara mucho acerca de la Divina Voluntad, era que Dios no tenía decidido el darlo, por lo tanto hubiera sido inútil, y sólo permitió que se difundiera lo poco que el hombre sí podía conseguir.

 

Tercera etapa

La humanidad llega a una corrupción tal, que se decreta su destrucción, dejando solamente a una familia, la de Noé, el cual se había conservado grato a los ojos de Dios.  Desde Noé hasta Abram, la humanidad queda con las mismas reglas que habían sido transmitidas por Adán, pero la humanidad se iba envileciendo cada vez más.  Dios decide formarse un pueblo, para que así, a través de él poder dar reglas de comportamiento más precisas, pero sobre todo inicia la preparación para el arribo de su Mesías, tan es así, que le promete a Abraham (después de cambiarle de nombre):  En ti (en uno de tus descendientes) serán benditas todas las naciones de la tierra.

 

Y si se les dio una ley después de siglos y siglos de creado, fue porque el hombre había perdido su principio, por lo tanto había extraviado los medios y el fin.  Así que la ley no fue principio sino medio para llegar a dicho fin.

Debemos notar que esta ley fue puesta para el pueblo formado por Dios, pues todas las demás criaturas, aunque salidas del mismo tronco, no estaban ya en contacto con los demás, y esto sirve para ratificar la manera que Dios tiene de obrar, primero trata con una sola el bien que quiere dar, para luego de esta primera hacerlo pasar a todas las demás, así que primero trata con el pueblo hebreo, para que de él salga el Redentor, y de ahí se extienda a todas las demás naciones.  Así que la justificación y la salvación le venía a este pueblo, del cabal cumplimiento de la ley y de los preceptos y ritos que Dios le fue dando a través de los siglos, junto con la adhesión a la promesa del Redentor.

 

Los demás pueblos tenían el recuerdo de lo poco que se les había transmitido, y este poco lo fueron transformando con ritos y creencias salidas de su propia voluntad humana, la cual se hallaba bajo el dominio de fantasías, imaginaciones, temores, los cuales eran estimulados por Satanás.  De ahí provienen todas las religiones antiguas, y es por eso que tienen cierta similitud con la hebrea, pues vienen del mismo tronco.

 

Después, la misma ley dada al pueblo formado por Él mismo, sirve ya no sólo como medio de justificación, sino como medio para perdición, debido a las continuas trasgresiones a dicha ley, pues ahora ya se sabe lo que no se debe hacer; y nuevamente la voluntad humana quiere corregirle a Dios la plana, agregando sinnúmero de preceptos, casi todos ellos para el beneficio de aquellos a los que se les había confiado su custodia y su integridad: Los sacerdotes.

 

Cuarta etapa

Después, el tiempo se cumple y viene el Mesías, Jesús, el cual nos deja no sólo el ejemplo de su vida, su predicación, sus sufrimientos, muerte y resurrección, sino que funda su Iglesia, instituye sacramentos como medios más fuertes y potentes para salvar al hombre, y no sólo salvarlo, sino que en primer lugar le restituye la Vida Divina, esto por medio del Bautismo; le da el alimento para hacerla crecer, a través de las virtudes, la Vida de la Gracia, la Gracia Santificante, le infunde los dones del Espíritu Santo, pero sobre todo nos deja su propia carne y sangre para alimentarnos de ellas, la Eucaristía.  Así que el plano original se acerca cada vez más, pues ahora, gracias a todo esto, podemos acercarnos a una vida de intimidad con Dios, ya no más alejados, pero aún se ven dos seres, juntos, sí, pero no unificados, fundidos como en un principio.  Pero, cuántos abusos, cuántas profanaciones, cuántos se sirven de la ley y de los mismos sacramentos para pecar más y precipitarse en el infierno.  Comienza entonces el tiempo de difusión de los conocimientos del evangelio y de la persona de Jesús.  La encargada de esto es la propia Iglesia fundada por Él, pero, ¿qué pasa?  Lo mismo que pasó en el tiempo de la sinagoga, a la ley simple, luminosa del evangelio y la tradición, se agregan un sin fin de reglas secundarias, no bastan los mandamientos de la ley, no, sino que se tienen que agregar nuevos preceptos, nuevas exigencias, pasando por períodos de total oscuridad, como es el de la “santa” inquisición, cismas dentro de la Iglesia, dando lugar a miles y miles de sectas, todas ellas animadas por un mismo espíritu, creer en un Ser superior, pero que no debe ser el del otro, sino el personal, para provecho personal, provecho de cada iglesia.  Sin embargo, Dios es fiel y continúa estando en su Iglesia fundada por Él, la Iglesia católica, apostólica y romana, la Iglesia jerárquica.

 

En esta etapa, aunque la santidad que se adquiere es muy alta, pues en ella actúa la Gracia Santificante, es donde se han dado los dos más grandes acercamientos a Dios que la criatura ha podido alcanzar, que son:  La unificación de voluntades, con San Juan de la Cruz, y la Encarnación Mística con Conchita Cabrera de Armida, no se ha podido realizar la promesa que Jesús hizo en la noche del jueves anterior a su pasión:

“…Aún tengo otras muchas cosas que deciros; mas por ahora no podéis comprenderlas. Cuando venga el Espíritu de verdad, él os conducirá hasta la verdad plena; pues no hablará de suyo, sino que dirá todas las cosas que habrá oído, y os anunciará las venideras. El me glorificará: porque recibirá de lo mío, y os lo anunciará.[22] Hasta ahora, la Iglesia no ha agregado nada a la revelación hecha por Jesús, y aunque esto es una verdad demostrable, es más contundente el testimonio del mismo Jesús en Luisa:

 

“…Hija mía, toda la ley y los bienes de la Redención fueron escritos por Mí y depositados en el corazón de mi amada Mamá.  Era justo que, como fue Ella la primera que vivió en mi Querer y por eso me atrajo del Cielo y me concibió en su seno, conociera todas las leyes y fuera depositaria de todos los bienes de la Redención; y no agregué ni una coma de más, y no porque fuese incapaz cuando saliendo a mi Vida pública la manifesté a las gentes, a los apóstoles; y los mismos apóstoles y toda la Iglesia nada han agregado de más de lo que dije e hice Yo cuando estuve en la tierra.  Ningún otro evangelio ha hecho y ningún otro Sacramento de más ha instituido la Iglesia, sino que gira siempre alrededor de todo lo que Yo hice y dije.[23]

 

Quinta etapa

Sin embargo, todo lo anterior no sirve para restituir al hombre a su punto de origen, a la santidad divina.  Es hasta el año de 1865 en que Dios decide iniciar su tercera gran obra, la Santificación, con el nacimiento de Luisa Piccarreta, que es la primera de la estirpe normal, o sea nacida con pecado original y necesitada de los sacramentos para ser incorporada a la Iglesia; y que gracias a la Divina Voluntad que le fue dada en don por haberse sabido conservar siempre sin hacer uso de su voluntad humana, puede llegar a la fusión con la Vida Divina, a formar un solo ser con Jesús, y a través de Él, a repetir en sí misma la Vida Divina.  Esta etapa se atribuirá al Espíritu Santo.[24]

 

 En esta etapa el hombre alcanzará la santidad divina, sin la sombra del acto humano, sino todo divino, para poder hacer que Dios se reconozca en su criatura y ésta se reconozca en Dios.  Sólo con la Divina Voluntad, que es principio, medio y fin, el alma se pone al seguro, se eleva a la santidad divina, alcanza en modo completo la finalidad para la que fue creada y no hay ni la sombra de peligro de poder ofender a Dios.  Así que el camino más seguro es sólo su Voluntad, y los mismos sacramentos, si no son recibidos en orden con su Voluntad, pueden servir como medios de condenación y de ruina.  Por eso hay que inculcar tanto la Divina Voluntad, porque el alma estando en su principio, los medios le serán propicios y recibirá los frutos que contienen; en cambio sin Ella, los mismos sacramentos le pueden ser veneno que la conduzcan a la muerte eterna.

 


¿Cómo se adquiere?

 

Ahora ya sabemos qué es la Divina Voluntad, ya no cometeremos el error de verla como un atributo divino, como el deseo expresado de lo que Dios quiere que haga el hombre.  Por supuesto que no, sino que la veremos como en realidad es, la esencia de Dios mismo que quiere convertirse en vida de la criatura para divinizarla.  Es la manifestación más pura de unión con nuestro Creador.  Nos queda solamente el saber cómo se adquiere y cómo se debe vivir, este es el punto más importante de todos, pues fácilmente podemos equivocar el camino y tratar de incorporar a esta Divina Voluntad en una devoción más, podríamos ver en Ella una santidad reservada a algunos que pudieran o quisieran entrar a formar parte de una orden religiosa, etc., y por supuesto que no es así, es la santidad para toda la familia humana, por lo tanto no puede ser algo especial o difícil, algo que sólo se pueda aspirar a obtener con determinados métodos o reglas, no puede ser enseñado por alguien en especial, no, solamente se requiere querer tenerla como vida, así de simple, oigamos a Jesús hablando acerca de esto:

 

 “...Hija mía bendita, dime ¿qué quieres?  ¿Quieres tú que mi Voluntad reine y viva en ti como Vida?  Si verdaderamente lo quieres, todo está hecho, porque es tanto nuestro Amor y el deseo ardiente de que la criatura posea nuestra Voluntad como vida, para hacerla vivir de Ella, que en cuanto su voluntad humana verdaderamente lo quiere, así la nuestra llena el querer humano de nuestro Supremo Querer para formar en él su Vida, y vivir en ella como en su propio centro”… “…Si de veras la quiere tendrá el gran bien de poseer nuestra Voluntad como vida, y si esto no fuera, la santidad del vivir en mi Querer sería una santidad difícil y casi imposible, y Yo no sé ni enseñar cosas difíciles, ni quiero cosas imposibles, más bien es mi costumbre facilitar por cuanto es posible a la criatura las cosas más arduas y los sacrificios más duros, y si es necesario pongo de lo mío para hacer que la pequeña potencia de su querer venga sostenida, ayudada, animada por la invencible Potencia del mío, y así volver fácil el bien, o la Vida de mi Querer que quiere poseer la criatura.”[25]

 

Vamos a enumerar algunas condiciones necesarias para adquirirla:

 

“…Mi obrar es comunicativo y siempre está en acto sin jamás detenerse, pero estos canales muchas veces son ensuciados, en otros arrojan piedras y el agua no corre, corre con dificultad; no es que el mar no quiera dar el agua, ni porque no esté limpia el agua no pueda penetrar en todas partes, sino que es la parte de las criaturas que se opone a tan gran bien; por eso si leen estas verdades y no están dispuestos no entenderán nada, quedarán confundidos y deslumbrados por la luz de mis verdades; para los dispuestos será luz que los iluminará y agua que, quitándoles la sed, no querrán separarse jamás de estos canales por el gran bien que sienten y por la nueva vida que corre en ellos.  Por eso también tú deberías estar contenta en abrir estos canales en favor de tus hermanos, no descuidando nada de mis verdades, ni la más pequeña, porque por más pequeña que sea puede servir a un hermano tuyo para tomar agua.”[26]

 

¿Dispuestos a qué?  Oigamos un capítulo más:

 

“…Quien no está vacío del todo de su querer, no puede tener un cierto conocimiento del mío, porque el querer humano forma las nubes entre mi Querer y el suyo e impide el conocimiento del valor y efectos que el mío contiene.”[27]

 

Entonces, el estar dispuesto es querer vaciarse de nuestro querer.

 

“…Así es de mi Voluntad, para hacerse vida del alma ella debe hacer desaparecer la propia voluntad en la mía, su querer no debe existir más, mi Voluntad debe entrar en todos sus actos como acto primero.”  “…¡Oh! cómo es difícil encontrar una criatura que ceda todos sus derechos para dar sólo a mi Querer el derecho de reinar; casi todos quieren reservarse alguna cosa del propio querer, y por eso mi Voluntad, no reinando completamente en ellas, no puede formar su Vida en todas las criaturas.”[28]

 

“…Mi Voluntad Divina no puede descender a la tierra y desarrollar su Vida como en su propio centro, si no encuentra la voluntad humana vacía de todo, para llenarla de todos los bienes que mi Querer contiene.  Ella no será otra cosa que un velo sutilísimo que me servirá para cubrirme y habitar dentro, casi como hostia consagrada, en la cual Yo formo mi Vida, hago todo el bien que quiero, rezo, sufro, gozo, y la hostia no se opone, me deja libre, su oficio es prestarse a tenerme escondido y en mudo silencio adherirse a conservar mi Vida Sacramental.”[29]

 

“…Hija mía bendita, para hacer que un acto me sea agradable y mi Voluntad pueda formar Vida entera en él, todo el interior de la criatura debe estar concentrado en mi Fiat:  La voluntad debe quererlo; el deseo debe ardientemente desear lo que quiere el querer; los afectos, las tendencias, deben apetecer y tender sólo a recibir la Vida de mi Voluntad en el acto de ellos; el corazón, amar y encerrar en su latido la Vida de mi Voluntad; la memoria recordarlo; la inteligencia comprenderlo; así que todo debe estar concentrado en el acto en el cual mi Voluntad quiere formar su Vida.  Ahora, así como para formar una vida se necesita voluntad, deseo, corazón, afectos, tendencias, memoria, inteligencia, de otra manera no se podría llamar vida entera y perfecta, así mi Divina Voluntad queriendo formar su Vida en el acto de la criatura, quiere todo el conjunto de la criatura concentrado en su acto o Vida que quiere formar, de otra manera no se podría decir vida entera y perfecta.  He aquí el por qué mi Voluntad quiere todo, para poder recambiar la Vida de su Amor en el amor de la criatura, sus deseos y tendencias divinas en los de ella, su latido increado en el latido creado, su memoria eterna en la memoria finita, en suma todo, quiere ser libre en todo para poder formar Vida entera, no a mitad, y conforme la criatura cede de lo suyo, así mi Voluntad Divina hace el cambio de la suya, y entonces su Vida es fecunda y genera en el velo de la criatura que la cubre, amor, deseos, tendencias, memoria toda suya, y forma el gran prodigio de su Vida en ella, de otra manera no se podría decir vida, sino simple adhesión a mi Voluntad, ni siquiera en todo, sino en parte, por eso no llevaría ni los efectos ni los bienes que Ella posee.”[30]

 

¿Cómo se vive?

 

Ahora, ¿cómo se debe vivir?  ¿Quién me la puede enseñar?  Analicemos estas cuestiones:

 

Lo primero para adentrarnos en este difícil tema, es entender que si se trata de una santidad divina, o sea comportarnos y ser iguales que nuestro modelo Jesús, más bien, hacer que Jesús repita su Vida en nosotros, y sabiendo que la Divina Voluntad es la Vida de Jesús, no podemos depender de nadie para que nos enseñe cómo se vive, pues ¿quién conoce los mares interminables de la Divina Voluntad?  ¿Quién puede decirme cómo adquirir las prerrogativas divinas y hacer que mis actos se vuelvan uno con el acto único de Dios, y cómo puedo hacer para que los bienes que cada verdad divina posee, pasen a formar parte de mi propia naturaleza?  ¿Quién puede hacerlo?  NADIE.  Jesús mismo nos lo dice en el siguiente capítulo de los escritos de Luisa Piccarreta:

 

“…Hija mía, el mar que tú ves es mi Voluntad, Ella es luz y nadie puede navegar este mar sino quien quiere vivir de luz.  La barca que ves con tanta gracia navegar este mar es el alma que vive en mi Querer; con su continuo vivir en mi Querer ha respirado el aire de mi Voluntad y mi Voluntad la ha vaciado de la madera, de las velas, del ancla, del mástil y la ha convertido toda en luz, así que el alma, conforme va haciendo sus actos en mi Querer se vacía de sí y se llena de luz; el capitán de esta barca soy Yo, Yo la guío de acuerdo a su velocidad, Yo la sumerjo para darle reposo y tener tiempo para con­fiarle los secretos de mi Querer; ninguno podría ser hábil en guiarla, porque no conociendo el mar no pueden conocer el modo como guiarla, ni Yo me fiaría de ninguno, a lo más escojo una guía como espectador y oyente de los grandes prodigios que hace mi Querer.  ¿Quién puede ser hábil y capaz para guiar la carrera en mi Querer?  En cambio Yo, en un solo instante la hago hacer la carrera que otro guía la haría hacer en un siglo.”[31]

 

Estamos muy acostumbrados a que haya siempre quién nos diga qué debemos hacer, cómo hacerlo y cuándo hacerlo, pero esto no funciona en la santidad divina, pues ésta se debe llevar a cabo entre dos, entre Jesús y el alma, nadie más debe tener entrada:

 

“...Ahora, así quiero la santidad en la criatura, entre ella y Yo, entre dos, Yo por una parte y ella por la otra, Yo a dar mi Vida y como fiel compañero a comunicarle mi Santidad, y ella como fiel e inseparable compañera a recibirla.[32]

 

Por tanto debemos de estar seguros de que esta espiritualidad la debemos vivir en unión con Jesús, con nuestra Madre Santísima, y por supuesto con la mismísima Divina Voluntad, que se convertirán en maestros en nuestro interior para guiarnos por el camino que a cada uno de nosotros nos haya asignado la Divinidad.  Veamos:

 

“…Así que la cosa que debería dar más terror y espanto es el no vivir unida con mi Voluntad, todas las desventuras le llueven encima, en cambio unida con mi Voluntad, dentro de ella tendrá al maestro a su disposición que le enseñará ciencias más altas y difíciles, las artes más bellas, tanto, de ser un portento de ciencia en la tierra y en el Cielo.  Unida con nuestra Voluntad tendrá la razón divina, sentirá una especie de ciencia infusa, la cual formará el hombre ordenado, todo en orden a su Creador, todo se convertirá en bien, mejor dicho, no hay bien  que no poseerá si vive en nuestra Voluntad.”[33]

 

“…Mis verdades tomarán cada una un oficio distinto:  Quién hará de maestro, quién de padre amorosísimo, quién de madre ternísima, que para no exponer al peligro a su hija la lleva en su regazo, la arrulla en sus brazos, la alimenta con su amor, la viste de luz, en suma, cada verdad será portadora de un bien especial.”[34]

 

“…Con el vivir junto con mi Divina Voluntad se adquiere nueva vida, modos divinos, ciencia celestial, penetración de las cosas más profundas, en suma, como mi Fiat es el Maestro de los maestros y el que crea la ciencia más alta, hace conocer las cosas, no veladas, sino como son en realidad, por lo tanto, viviendo junto con la criatura no la quiere tener ignorante, la instruye, le hace sus sorpresas, le cuenta su historia divina, y esto la transforma y la vuelve capaz de recibir su acto nuevo que mi Querer le quiere dar.[35]

 

“…Además de esto, tú debes saber que cada palabra salida de la increada Sabiduría contiene vida, sustancia, obra, enseñanzas, así que cada verdad manifestada sobre nuestra Divina Voluntad tendrá en nuestro reino su propio oficio, muchas verdades tendrán el oficio de formar y hacer crecer la Vida de la Divina Voluntad en la criatura, otras ocuparán el oficio de alimentarla, otras harán de maestro, otras verdades tendrán el oficio de defensores.”[36]

 

No es conveniente que alguien que está en el mismo camino trate de convertirse en maestro, en guía, contraviniendo el deseo de Jesús, pero no sólo eso, sino que erigiéndose como maestro desvirtúe el valor inmenso de esta santidad divina y la ponga a nivel de las otras santidades humanas,[37] y por lo tanto se quiera poner normas, exigencias que no estén de acuerdo a la libertad que debe privar en ésta, y correr el grave peligro de poner las prácticas y los ritualismos en lugar de la vida divina.  Parece exageración lo que estamos diciendo, pero el hacerlo así, es poner obstáculos a esta Divina Voluntad en su camino.  Dios quiera que nunca más se oiga esta recriminación:  «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y, cuando llega a serlo, le hacéis hijo de condenación el doble que vosotros! ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que cerráis el reino de los cielos a los hombres; porque ni vosotros entráis ni dejáis entrar a los que entrarían!»[38] El tratar de vivir esta espiritualidad en unión con otras personas, viviendo en comunidad, implica un grave peligro, que trataré de explicar a continuación:

 

Una comunidad lleva como finalidad el estudio y práctica de alguna manera de vida, pensamiento, espiritualidad, etc., lo cual se logra a través de reglas y formas de enseñanza preestablecidos, donde los aspirantes o estudiantes se deben someter a reglas y estudios ordenados de la forma que al, o a los dirigentes les parece mejor.  Lo anterior supone que el, o los superiores, conocen de tal manera el tema, que saben exactamente qué y cuándo se deben impartir determinados conocimientos, y sobre todo, qué tipo de regla de vida se debe seguir para alcanzar dicha finalidad.

 

Eso va en clara contradicción con lo expresado por Nuestro Señor a Luisa el 28 de noviembre de 1921, véase la página 13.  Además, una comunidad tiende a estandarizar a las almas, hace que todas sigan en un mismo camino.  Está bien si lo que se intenta es la imitación de una forma de seguir a Jesús, la forma que siguió “x” o “y” persona, y que a él o ella lo condujeron a la calidad de “beato o santo” con lo cual la Iglesia acepta que su vida es digna de imitación, entonces sí, es necesario establecer un orden, para que todos resulten lo más parecido al original, y todo aquel que quisiera salirse del estándar sería mal visto y no serviría para estar en esa comunidad.

 

En la Divina Voluntad no se trata de imitar a nadie, no se trata de ser otras Luisas Piccarretas, no, lo que se intenta es que cada uno de nosotros viva la Vida Divina, con las características específicas con las que Dios nos dotó desde toda la eternidad a cada uno de nosotros, puesto que Él quería vivir su Vida y manifestar tal o cual característica en cada uno, por eso, todos serán bellos, todos santos, con santidad divina, pero diferentes entre sí.  Analicemos algunas palabras que sobre este tema le dice Jesús a Luisa:

 

“…En cuanto la criatura se somete a nuestra Voluntad para hacerla reinar, nos forma el lugar en la suya para hacernos obrar como Dios en su pequeño campito, y son tales y tantos los prodigios que hacemos, nuestras industrias de amor, que los Cielos se abajan, se sacuden y miran estupefactos lo que hacemos en la criatura donde reina nuestro Fiat Divino.  Tú debes saber que nuestra Creación no terminó en el hombre, porque fue interrumpida por la sustracción que hizo de nuestro Querer, no reinando en él no podíamos fiarnos de él, y por eso quedó como suspendida la continuación de nuestra obra creadora; por eso con ansia esperamos que vuelva a los brazos de nuestro Fiat, para que lo haga reinar, y entonces reemprenderemos la Creación, y ¡oh! cuántas cosas bellas haremos, daremos dones sorprendentes, nuestra Sabiduría pondrá fuera todo su arte divino, y ¡oh!, cuántas bellas imágenes que nos semejan pondrá fuera de su Luz Divina, todas bellas, pero distintas la una de la otra en la santidad, en la potencia, en la belleza, en el amor, en los dones, nuestro Amor no estará más obstaculizado, encontrando nuestro Querer podrá hacer y dar lo que quiere, así que desahogará tanto en el dar para rehacerse de su Amor reprimido.”[39]

 

“…Ahora hija mía, es tanto nuestro Amor, que fijamos diversos grados de santidad y diversos modos de santidad y de belleza para adornar al alma en nuestra Divina Voluntad.  De ellas haremos una distinta de la otra, distintas en la belleza, en la santidad, en el amor, todas bellas, pero distintas entre ellas.”[40]

 

Imaginemos que todo lo creado tuviera inteligencia, razón y voluntad, y que todas estas obras hubieran acudido a una «comunidad» para saber cómo debían vivir y qué cosa hacer.  Tendríamos una creación absurda, supongamos que el maestro de esta comunidad fuera el cielo, ¿qué podría enseñar?  Enseñaría a ser cielo, por lo que tendríamos un sol que querría actuar como cielo, un mar triste y sombrío por no poder ser cielo, y todo lo que no fuera cielo se vería frustrado en su finalidad, sin poder llegar a su plena realización, o sea, a manifestar lo que Dios quiso poner en ella como manifestación de una cualidad de Dios.  El siguiente capítulo habla de lo anterior:

 

“…Estaba pensando:  “Si la criatura no se hubiese sustraído de la Suprema Voluntad, habría sido una la santidad, una la belleza, una la ciencia, una la luz, y para todos el mismo conocimiento de nuestro Creador.”  Ahora, mientras esto pensaba, mi amado Jesús que me parece que Él mismo hace surgir los pensamientos en mi mente, alguna duda y dificultad para tener ocasión de hablarme y hacerme de maestro me ha dicho:

“Hija mía, tú te equivocas, mi Sabiduría no se adaptaría a formar una sola santidad, una sola belleza, a comunicar una sola ciencia y a todos el mismo conocimiento mío, mucho más porque habiendo sumo acuerdo entre mi Voluntad y la de ellos, el reino de mi Voluntad habría tenido libre su campo de acción, por lo tanto habrían sido todos santos, pero distintos el uno del otro; todos bellos, pero variados, una belleza más bella que la otra y según la santidad de cada una debía comunicar una ciencia distinta, y con esta ciencia quién debía conocer de más un atributo, quién debía conocer de más algún otro atributo de su Creador.  Tú debes saber que por cuanto podamos dar a las criaturas, apenas toman las gotitas de su Creador, tanta es la distancia entre Creador y criatura, y siempre tenemos cosas nuevas y distintas para dar, y además, si la Creación fue creada por Nosotros para deleitarnos, ¿dónde habría estado nuestro deleite si hubiéramos formado de la criatura una sola santidad, dado una sola belleza y un solo conocimiento de nuestro Ser incomprensible, inmenso e infinito?  Nuestra Sabiduría se habría rehusado de hacer una sola cosa.  ¿Qué se diría de nuestra Sabiduría, Amor y Potencia si al crear este globo terrestre hubiésemos creado todo cielo, o bien todo tierra, o todo mar?  ¿Qué gloria habría sido la nuestra?  En cambio la multiplicidad de tantas cosas creadas por Nosotros, mientras alaba la Sabiduría, Amor y Potencia nuestras, dice también la multiplicidad de la santidad y belleza en las cuales debían surgir las criaturas, por amor de las cuales ellas fueron creadas.  Mira el cielo adornado de estrellas, es bello, pero también es bello el sol, pero distintos uno del otro, y el cielo hace un oficio, el sol otro; el mar es bello, pero también es bella la tierra florida, la altura de los montes, las llanuras extendidas, pero tienen la belleza y el oficio distintos entre ellas.  Un jardín es bello, ¿pero cuánta diversidad de plantas y de bellezas hay en él?  Está la pequeña florecita, bella en su pequeñez, esta la violeta, la rosa, el lirio, todas bellas pero distintas en el color, en el perfume, en la grandeza, está la plantita y el árbol más alto; ¿qué encanto no es un jardín cuidado por un experto jardinero?  Ahora hija mía, también en el orden de la naturaleza humana habrá quién sobrepasará el cielo en la santidad y en la belleza, quién al sol, quién al mar, quién a la tierra florida, quién a la altura de los montes, quién a la pequeña florecita, quién a la plantita y quién al árbol más alto, y aunque el hombre se sustrajo de mi Voluntad, Yo multiplicaré los siglos para tener todo el orden y multiplicidad de las cosas creadas y de su belleza en la naturaleza humana, y aún sobrepasarla en modo más admirable y más encantador.”[41]

 

Entonces, quién puede decir qué debo estudiar, cuándo estudiarlo, cómo comportarme, sólo aquel que contiene en sí todas estas ciencias y posee como propios todos las atributos de Dios, por lo tanto, nadie, sólo Dios es el que puede guiarnos.  Esta es la razón por la que Jesús le frustró a Luisa el convertirse en religiosa.

 

Además, en múltiples capítulos se le menciona a Luisa el que la Divina Voluntad, el Querer Divino, el Fiat Divino y el mismo Jesús, son los maestros del alma, para guiarla a su finalidad querida por Dios.

Hacerlo en manera diferente, es oponernos a la Divina Voluntad, y ese es el mal de los males, es el repetir el pecado original, es el escoger a Barrabás en vez de Jesús y gritar crucifíquenlo.

 

Entonces, ¿cómo hacerlo?  Es el propio Jesús quien nos da la clave:  Lo primero es conocer que Dios quiere dar este don, y que podemos acceder a él.  En segundo lugar, desearlo, quererlo con firmeza, y ahí es el principio de la acción de la misma Divina Voluntad para dar la paridad a la voluntad de la criatura con Ella.  Posteriormente la lectura, pues los conocimientos  de la Divina Voluntad son alimento para hacer crecer su misma vida que está formando en la criatura.  La meditación de dichas verdades va haciendo que éstas pasen como propiedad a nuestra voluntad, dándonos también la posesión del bien o bienes que poseen.  Por último, y lo más importante, pues es lo que hace que estas verdades se conviertan en naturaleza de la criatura, es el hablarlas, comunicarlas, y para eso se requiere de un grupo que se reúna para comentar lo que se ha aprendido, para decir lo que cada uno entiende, y así todos se enriquecen sin tratar de imponer ideas, dejándole a Dios la iniciativa de qué, cómo y cuándo leer y actuar.  Esto es un asunto entre dos, Dios y el alma.  Además, se quita la tentación de incluir fines humanos, que una «comunidad» nunca podrían estar ajena a ellos.

 

Dios requiere de «libertad absoluta»:

 

“...Hija bendita, ánimo, no te abatas, mi Querer Divino quiere todo, porque sabe que un pequeño acto, un deseo, una fibra de querer humano le arruinaría sus obras más bellas, el orden divino, su santidad quedaría obstaculizada, su amor restringido, su potencia limitada, por eso no tolera que ni siquiera una fibra de querer humano tenga vida; es verdad que es el sacrificio de los sacrificios, ningún otro sacrificio puede igualar el peso, el valor, la intensidad del sacrificio de vivir sin voluntad, tanto que se requiere la Vida perenne, el milagro continuado de mi Querer Divino para poder resistir a este sacrificio, que frente a los otros, éstos se pueden llamar sombras, cuadros pintados, juego de niños que lloran por una insignificancia, porque está el querer humano que en las penas, en los encuentros dolorosos, en las obras, no se siente deshecho, sin vida, sin satisfacciones, por eso los sacrificios se sienten, ¡oh! cuanto más ligeros, pero vacíos de Dios, de santidad, de amor, de luz, de verdadera felicidad, y quizá ni siquiera exentos de pecados, porque el querer humano sin el mío no puede hacer jamás cosas buenas y santas.  Además, si mi Fiat no tuviera virtud de tener consigo al querer humano sin darle vida, más bien encerrar su Vida en él para hacer que no encuentre ni lugar ni tiempo de poder actuar, no podría obrar con aquella ostentación, suntuosidad y pompa divina que Nosotros estamos acostumbrados de hacer en nuestras obras; si en la creación hubiera estado otra voluntad, nos habría impedido la suntuosidad, la ostentación, la pompa divina que tuvimos en toda la creación, nos habría podido impedir la extensión del cielo, la multiplicidad de las estrellas, la vastedad de la luz del sol, la variedad de tantas cosas creadas, nos habría puesto un límite.  Por eso nuestro Querer quiere estar solo para hacer lo que sabe y quiere hacer, por eso quiere la voluntad humana consigo, concurrente, espectadora, admiradora de lo que quiere hacer en ella, pero debe estar convencida, si quiere vivir en mi Voluntad, que la suya no puede actuar más y que debe servir para encerrar la mía en la suya, para dejarla hacer con toda libertad sus obras, con toda la suntuosidad, con la magnificencia de la gracia y con la pompa de sus variedades divinas.  La primera cosa que queremos es la libertad absoluta, queremos ser libres hija mía, sea cualquiera el sacrificio que queremos y las obras que queremos hacer, si esto no fuera, el vivir en mi Voluntad será un modo de decir, pero en realidad no existe.”[42]

 

Por lo tanto, condición de necesidad absoluta, es que el amor debe ser solo:

 

“...Después ha agregado:  “El verdadero amor debe ser solo; en cambio cuando está apoyado en algún otro, aunque sea santo, aunque sea persona espiritual, me da nausea y en lugar de contento me da amargura y fastidio, porque el amor sólo cuando es solo me da completo dominio y puedo hacer lo que quiero del alma; además el ser solo es de la naturaleza del verdadero amor.  En cambio cuando no es solo, una cosa se puede hacer, pero otra no; es un dominio restringido que no me da plena libertad, y por lo tanto el amor se encuentra a disgusto y restringido.”[43]

 

Así que lo principal es la libertad, esa libertad donde nadie debe inmiscuirse, pues estaría poniéndose entre Dios y el alma.  El catecismo de la Iglesia Católica, en el número 1738 dice:  El derecho al ejercicio de la libertad es una exigencia inseparable de la dignidad de la persona humana, especialmente en materia moral y religiosa.  Mucho más cuando se trata de esta santidad, donde es Dios mismo que nos regala con la participación de una característica especial de su propia Vida.

 

He aquí expuestos los diferentes modos en que el hombre se ha podido justificar y santificar, sobre todo el último, que es el punto culminante de la creación, que pondrá término al sexto día, el día de la creación del hombre, pues como hemos visto, el «verdadero hombre» sólo se ha mostrado como ejemplo, pero no había sido posible copiarlo en su totalidad.  Todo depende ahora de cada uno de nosotros, y recordemos que no seremos santos porque Dios nos ha llamado, sino por el modo con que respondamos.  La santidad es una fábrica que cada uno edifica por sí mismo; la sabiduría puede enseñar el método de fabricarla, su diseño, pero la obra material queda en nuestras manos.

 

Dios quiera que esta reflexión lleve a alguna alma a encontrar el camino para fundirse en su Creador.

 

Salvador Thomassiny


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[1] Luisa Piccarreta  29/11/26

[2] Luisa Piccarreta    8/12/26

[3] Luisa Piccarreta    9/02/27

[4] Luisa Piccarreta  30/01/27

[5] Religioso, sa. (Del lat. religiōsus).

adj.   Perteneciente o relativo a la religión o a quienes la profesan. ||  2. Que tiene religión, y particularmente que la profesa con celo.

[6] El conformarse implica una acción de la voluntad al aceptar una situación o una voluntad ajena más poderosa, ante la cual no se puede luchar.  Esta acción es exclusiva del hombre racional, y sabemos que esta racionalidad está en el alma, no en la materia.

[7] Religión (Del lat. religĭo, -ōnis). Conjunto de creencias o dogmas acerca de la divinidad, de sentimientos de veneración y temor hacia ella, de normas morales para la conducta individual y social y de prácticas rituales, principalmente la oración y el sacrificio para darle culto.

[8] Gn 1: 26  Y por fin dijo: Hagamos al hombre a imagen y semejanza nuestra.

[9]Cfr. Col. 1: 13-20,  Jn: 1

[10]La persona humana, creada a imagen de Dios, es un ser a la vez corporal y espiritual. El relato bíblico expresa esta realidad con un lenguaje simbólico cuando afirma que «Dios formó al hombre con polvo del suelo e insufló en sus narices aliento de vida y resultó el hombre un ser viviente» (Gn 2, 7). Por tanto, el hombre en su totalidad es querido por Dios. Catecismo de la Iglesia Católica N° 362

[11] La enseñanza de la Iglesia afirma la existencia del infierno y su eternidad. Las almas de los que mueren en estado de pecado mortal descienden a los infiernos inmediatamente después de la muerte y allí sufren las penas del infierno, «el fuego eterno»  Catecismo de la Iglesia Católica N° 1035

[12] Mc. 8: 27 – 30  Desde allí partió Jesús con sus discípulos por las aldeas cercanas a Cesarea de Filipo; y en el camino les hizo esta pegunta:  Quien dicen los hombres que soy yo?  Le respondieron: Quién dice que Juan Bautista; quien Elías; y otros, en fin, que eres como uno de los antiguos profetas.  Y les dijo entonces:  Y vosotros, quién decís que soy yo: Pedro, respondiendo por todos, le dice: Tu eres el Cristo o Mesías.  Y les prohibió rigurosamente decir esto de el a nadie, hasta cuando fuese la ocasión de publicarlo.

[13] Luisa Piccarreta  Vol. 29    3/08/31

[14] Luisa Piccarreta  10/09/28,

[15] Luisa Piccarreta  Vol. 24    7/07/28:

[16] Luisa Piccarreta Vol. 20,  26/10/26

[17] Luisa Piccarreta  10/06/24

[18]Jn 14: 9-12

[19]Jn 5: 19

[20]Jn 8: 28

[21] Luisa Piccarreta  17/09/26

[22] Jn 16: 12-14

[23] Luisa Piccarreta  24/02/24

[24]La Creación se atribuye al Padre, mientras estamos siempre unidas las Tres Divinas Personas en el obrar: la Redención al Hijo; el Fiat Voluntas Tua se atribuirá al Espíritu Santo; y es propiamente en el Fiat Voluntas Tua que el Divino Espíritu hará desahogo de su obra.” Vol. 17  17/05/25

[25] Luisa Piccarreta  19/03/35

[26] Luisa Piccarreta   23/10/21

[27] Luisa Piccarreta   23/06/22

[28] Luisa Piccarreta    4/10/23

[29] Luisa Piccarreta   16/10/23

[30] Luisa Piccarreta   8/07/34

[31] Luisa Piccarreta  28/11/21

[32] Luisa Piccarreta     4/11/21

[33]Luisa Piccarreta    26/06/38

[34] LuisaPiccarreta     13/11/38

[35] Luisa Piccarreta   13/08/33

[36] Luisa Piccarreta   27/03/32

[37]“¡Oh! el bello vivir en mi Querer, me agrada tanto, que haré desaparecer todas las demás santidades, bajo cualquier otro aspecto de virtud en las futuras generaciones, y haré reaparecer la santidad del vivir en mi Voluntad, que son y serán no las santidades humanas, sino divinas 20/11/17

[38]Mt 23

[39] Luisa Piccarreta  18/06/37

[40] Luisa Piccarreta  6/05/38

[41] Luisa Piccarreta  15/05/26

[42] Luisa Piccarreta   4/07/36

[43] Luisa Piccarreta   9/07/12