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Anarquía Disfrazada De Ciencia Y Humanismo

 

Hoy día asistimos como espectadores o actores a la mayor revolución que la historia haya contemplado:  « La Revolución Sexual »  Si quisiéramos llevar a cabo una revisión exhaustiva de este tema, sobrepasaría con mucho la finalidad que nos hemos propuesto.  Esta revolución como fenómeno explosivo, en la era moderna se inicia con Freud, y partiendo de sus teorías, H. Marcuse afirma que la sobrevivencia de la civilización depende de:

1 .- La abolición gradual de todo aquello que reprima las tendencias instintivas del hombre.

2.- Del fortalecimiento del instinto vital.

3.- De la liberación del poder constructivo del Eros.

Debido a esto, y dadas las naturales controversias y una muy fuerte oposición, sale a la luz una nueva « doctrina científica » que se denomina Sexualidad, la cual no tiene bien definida su orientación, si filosófica, si psicológica, si médica, o bien una mezcla de las tres.  Ésta, trata aparentemente de todo lo que concierne a las características, formación, desarrollo, evolución del comportamiento humano en todas sus etapas, abarcando desde el recién nacido hasta el anciano; sin embargo, los temas principales y que más ampliamente se han desarrollado, conciernen al comportamiento sexual.  Esto es desmentido ferozmente por sus adeptos, sin embargo, la mayor parte de sus estudios, de sus experimentos, de sus observaciones, de sus conclusiones, se refieren a esta área del comportamiento.

Dentro de sus métodos de estudio se encuentra la observación acuciosa del ser humano y de los animales, para poder plantear teorías y hacer correlaciones de los comportamientos con las demás especies.  Así que se toman en cuenta todas las actitudes sexuales; lo único que importa es sacar a la luz del día todas las diferentes formas de comportamiento sexual, y después de enumerarlas, clasificarlas, compararlas, las somete a un análisis en el que sólo se toma en cuenta si esta conducta es aceptada o practicada por los individuos en forma libre, si da satisfacción a los que la practican.  Si es así la tipifica como « normal »  Esto, en la actualidad ha sido sostenido y defendido por la llamada « sexología existencial-humanista »  la cual se centra en las necesidades de la persona, sin confundir la « particularidad psíquica » del individuo con lo psicopatológico, y dice que ella se da cuenta de las distintas formas de vivir el fenómeno sexual.  Esta sexología tiene dos grandes influencias:  a) la tradición sexológica de aceptación y respeto a la diversidad sexual, y b) la psicología humanista, con una influencia muy especia de Carl Rogers y los exponentes de la psicoterapia gestalt.

Debido a lo anterior, el único patrón que se encuentra es la búsqueda afanosa de placer, y concluye que, dentro de la sexualidad del hombre todo es lícito, todo es permitido.  Ahora bien, para escudarse de los posibles ataques se rodea de un marco jurídico de respeto al derecho de la libertad (derechos humanos), por lo tanto, para la sexualidad todo está permitido, es más, todo es lícito y sano, y el reprimir cualquier manifestación de este comportamiento significaría coartar los derechos naturales del ser, sería atentar contra la integridad tanto física como mental de las personas.

Se aventura además a poner al mismo nivel la conducta instintiva de los animales con la conducta racional del ser humano, todo para fortalecer sus afirmaciones, y asegurar su aceptación y permanencia dentro del marco científico.  Aquí, cabe hacer notar que por lo que realmente pelea, es por la liberación de la conducta sexual, y por lo tanto, rabiosamente se busca la abolición de todas las normas morales, sociales y religiosas que rigen estos aspectos del comportamiento humano, pues se considera al hombre como responsable de su propia existencia, y para que pueda hacerse cargo de su vida, no debe haber autoridad superior a él; la única autoridad legítima es la de la propia persona y la de su conciencia, la cual se va formando y enriqueciendo con su experiencia «Relativismo moral».

Esto que esgrime la psicología humanista, borra de una sola pasada toda conexión con un Ser superior; quita también valor y credibilidad a la conciencia, como la voz de Dios en nuestro interior que nos advierte las normas escritas en nuestra alma, convirtiéndola en un cúmulo de recuerdos de experiencias, que va normando nuestro actuar dependiendo de si fueron o no, satisfactorias, gratas, dignas de ser repetidas.  Si quitamos de en medio a nuestro principio:  « Dios », lógicamente se intentará abolir cualquier intento de catalogar como anormal o patológica alguna conducta sexual, y para eso, siguiendo la escuela de André Bejín, se inician las necesarias pedagogías y terapias de lo sexual.  Se sostiene que el querer normatizar la actividad sexual es equivalente a « represión sexual » y esto, según Castilla del Pino, significa que la persona asume la norma que reprime su sexualidad, y a cambio recibe las ventajas de pertenecer al grupo, pese a que en su interior no concuerde con tal norma, por lo que solamente le quedan dos oportunidades al individuo:  a) Ocultar su preferencia, con lo que al cancelar una parte importante de su ser desarrolla un sacrificio del “yo”, o reconocer su preferencia como enfermedad o disfunción para ser atendida y recuperar su estado de “salud.”  Así las cosas, se  elimina toda posibilidad de catalogar la conducta sexual, dando lugar a una verdadera anarquía en este campo.

Es Bloch quien niega el fin único de la sexualidad: el coito reproductivo, y es Magnus Hirschfeld quien da inicio a la defensa del comportamiento homosexual y transvestista.  Freud consideró que la libido es el motor esencial del comportamiento humano.  Es él quien aporta la idea de la bisexualidad innata en los seres humanos.


REFLEXIONES ACERCA DE LA SEXUALIDAD HUMANA.

 

Para poder hablar de sexualidad humana, en primer lugar debemos conocer someramente lo que quiere decir “humano”, así que voy a tratar de poner en palabras muy simples lo que se considera como tal.  Además, se hablará  del  origen, desarrollo, y causas del comportamiento global del hombre, no solamente del comportamiento sexual.

El ser humano a través de su génesis, desarrollo, educación, medio en que se desenvuelve, experiencias, y de acuerdo a sus características propias, va adquiriendo determinados patrones de conducta que lo diferencian primero en dos grandes grupos:  « Hombres y Mujeres ».  Luego, dentro de cada grupo, cada individuo va desarrollando una manera muy particular de comportamiento, donde se manifiesta ampliamente la libertad de nuestro ser, pues no estamos sujetos solamente a un instinto, a una ley natural, a un patrón de conducta animal que nos marque una línea de desarrollo como a todas las demás criaturas irracionales.  Por lo tanto, el ser humano es diferente a los demás seres que habitan nuestro planeta, pues es el único capaz de cambiar su comportamiento, y es el único que puede someter su naturaleza a una fuerza superior:  « la razón » o acallar a ésta bajo la fuerza del instinto.

 

 

 

Somos seres racionales, y aunque participamos de la naturaleza animal, no debemos fijarnos en las pequeñas semejanzas, sino en la infinita distancia que nos separa de ellos:  « La Semejanza Con Dios »

Dios creó al hombre compuesto de dos substancias:  Una llamada cuerpo, creada con barro; y la otra llamada espíritu, la cual, una vez creada por Dios desciende a la carne que se forma en el seno de una mujer.  Sin el espíritu, el hombre sería una criatura animal guiada por el instinto y las facultades naturales; sin el cuerpo, el hombre sería una criatura espiritual con dotes sobrenaturales de inteligencia, de voluntad y gracia..., como los ángeles.  Dios creó hombre y mujer, trayendo a ésta del primero.  Adán intuyó y profetizó que por la mujer el hombre abandonaría padre y madre, se uniría a su esposa y los dos se volverían una sola carne.  Los dos vivían desnudos, no se avergonzaban el uno del otro, ni Dios rehusaba verlos así, puesto que no había por qué cubrir la inocencia, ni era indigno el contemplar un cuerpo inocente.  Para propagar la estirpe humana bastaría el Amor de Dios, que circulando en ellos, y sin libídine de sentido, sino sólo por latido de Caridad suscitaría los nuevos Adanes.

Todas las cosas creadas salieron a la luz por un acto de la Voluntad Divina que las puso fuera; no pueden cambiar el oficio que Dios les asignó; en cambio, al crear al hombre no fue solamente un acto de su Voluntad, sino una emanación que salió de su Seno, una parte de Él mismo la que infundió en el hombre.  Libre es Dios, libre creó al hombre para que creciera siempre más en belleza, en sabiduría y en virtud, y a semejanza de Dios pudiera multiplicar sus bienes y sus gracias, es más, para custodiar esta libertad y todos los dones que le habían sido dados, le hizo el don más grande, don que superó a todos los demás dones: « La Divina Voluntad »  Le dio Ésta como preservativo, como antídoto, como preventivo y como ayuda a su libre voluntad; así que se puso a su disposición para darle la ayuda que necesitara.  De ahí que la Divina Voluntad le fue dada al hombre como Vida primaria y acto primario de todas sus obras.

Dios dotó al hombre con su Imagen y Semejanza, o sea, de voluntad, de inteligencia, y memoria.  En la primera refulgía el Padre Celestial, quien como acto primero comunicaba su Potencia, su Santidad, su Altura, esto a través de su Voluntad dada al hombre, por lo cual elevaba a la voluntad humana, revistiéndola de su misma Santidad, Potencia y Nobleza, luego, como acto segundo concurrió el Hijo de Dios, dotando al hombre de inteligencia, comunicándole su Sabiduría y la Ciencia de todas las cosas, para que conociéndolas pudiera gustarlas y hacerse feliz en el bien.  Y después, como acto tercero, concurrió el Espíritu Santo dotándolo de memoria, para que recordando tantos beneficios pudiera estar en continuas corrientes de amor, en continuas relaciones; el amor debía coronarlo, abrazarlo, y uniformar toda su vida.

Dios es Amor, e hizo al hombre todo amor, así que el hombre no es otra cosa que un complejo de amor, y no se mueve por ninguna otra causa, sino sólo por amor; a lo más puede haber diversidad de amores, pero siempre por amor se mueve y no puede hacer de otra manera, porque su vida es amor, creada por el Amor Eterno, y por eso es llevado por una fuerza irresistible al amor.  Así que el hombre aun en el mal, en el pecado, en el fondo debe tener un amor que lo empuje a hacer ese mal.

Adán, antes de pecar era hijo, contenía por centro de su vida y de todos sus actos a la Divina Voluntad, por lo tanto poseía una fuerza, un dominio, un atractivo todo divino.  Después del pecado descendió del estado de hijo y se redujo al estado de siervo por haber roto su unión con la Divina Voluntad.  Al salir Ésta de él, salió la fuerza divina que le daba el dominio de sí mismo, perdió el camino de comunicación con su Creador, no reinaba ya en él el amor, y éste quedó despedazado por el temor, por el miedo.  Al perder la Divina Voluntad el hombre desfigura la Imagen Divina puesta en él, y pierde también los atributos divinos y los dones gratuitos dados por Dios, a saber:  Cuerpo sano, bello, ajeno al dolor, con los cinco sentidos perfectos, inmortalidad, ciencia y entendimiento perfectos, visión beatífica de Dios, y el destino de gozar de Dios eternamente.  Por lo tanto, al perder estos atributos que no eran suyos por naturaleza sino por gracia, entra a tomar posesión de los bienes que le correspondían realmente por naturaleza, o sea, los que poseían todos los demás seres creados, así que del puesto altísimo de hijo de Dios, descendió al mismo nivel de los seres irracionales, compartiendo con ellos la enfermedad, el deterioro, la muerte, anomalías, dependencia de las leyes físicas; además perdió la posesión y la dominación de las cosas, apareció la dependencia y predominio de las pasiones, la dominación del hombre por los instintos, se hace patente la debilidad y volubilidad de la voluntad humana, por lo cual el hombre ya no es firme en su forma de ser.  Al perder la inteligencia divina adquiere la ignorancia sobre la Creación y sus leyes, sobre Dios y su plan, sobre la forma de regresar a Dios; aparece la posibilidad de condenación; y por último, aparece la dominación por el demonio, el cual inocula al hombre con su propio pecado:  « La soberbia »

Resumiendo:  El hombre en su principio contenía:  Un cuerpo físico que comparte las características de todos los seres creados; además posee voluntad, inteligencia, memoria, libertad, y para custodiar estos dones y como principio de vida, la misma Divinidad se había puesto a su disposición a través de la Divina Voluntad.  Ésta era la que gobernaba las potencias del alma y les daba el toque divino, era la que sometía a las pasiones e instintos, le daba la paz, la estabilidad, la santidad, la belleza, la fuerza, y la identificación y acercamiento con Dios.  Entonces, al romper con Ella perdió las cualidades divinas que Dios gratuitamente le había dado, las cuales ponían a su nivel a la inteligencia, voluntad y memoria humanas; perdió el gobierno sobre las pasiones, las cuales señorean entonces sobre el hombre; perdió el gobierno sobre las cosas creadas, las cuales ya no dan sus bienes al hombre, pues ya no encuentran en él a su Creador, fin último por el que habían sido creadas: « Servir a Dios en el hombre », por lo que sus necesidades se vuelven apremiantes y se hacen aparentemente inmensas; perdió el gobierno sobre los instintos, los cuales, actuando con toda la fuerza de su naturaleza animal sobre la voluntad humana débil y voluble, se hacen aparentemente irresistibles, llevando al hombre a pensar que son parte de su naturaleza real, y tratan de tomar un lugar predominante en la vida.  Conclusión:  « Perdió El Dominio Sobre Si Mismo »

La inteligencia, al no estar ya sostenida por la Inteligencia Divina, no cumple su misión de encontrar a Dios en las cosas creadas..., y habiendo perdido de vista al Creador, todo le resulta inexplicable, por lo que inicia un intento por resolver el misterio del universo; trata de dar una explicación a la inestabilidad que existe dentro de él mismo, pero como esta inteligencia se encuentra influida por las necesidades e instintos, le falta la luz para poner todo en su lugar.  En pocas palabras:  « El Caos »

La memoria humana sin la divina pierde el recuerdo de su Creador, por lo que pierde las relaciones con Él, y pierde de vista todo aquello por lo que debiera establecer una relación continua de amor.  Esta memoria humana intenta retener todos los conocimientos que la inteligencia va adquiriendo, conocimientos difíciles, pues se trata de analizar las cosas creadas para tratar de encontrar su origen..., pero sin Dios.  El hombre complica cada vez más su existencia, pues tiene necesidad de adquirir nuevos conocimientos tratando de encontrar el principio de las cosas a través de los efectos, esto quiere decir que en vez de voltear hacia la causa primera de todas las cosas, volteamos hacia los efectos que esta causa produce, y como la causa primera es Dios, y Dios es Infinito, infinitos son entonces los efectos; por lo tanto, el hombre en vez de acercarse más a su origen y fin, lo pierde de vista, sin esperanza de poder concluir nada, pues nunca podrá llegar al fin de las cosas, por lo que está dicho antes, que los efectos de una causa Divina son infinitos.  Por lo tanto, el hombre se encuentra cada vez mas solo y relegado.  El principio de las cosas es uno, es simple..., es Dios; los efectos son múltiples, son complicados, son infinitos..., no son Dios.  “El hombre va en sentido contrario.”

La voluntad, siendo débil e inconstante no atina el camino a seguir, por eso, ahora se deja seducir por la inteligencia, y lanza al hombre a la búsqueda de nuevos descubrimientos; ahora se deja llevar por la memoria y se vuelve al pasado a buscar en lo ya conocido, pero como está envuelta por las pasiones e instintos, va en busca de la satisfacción ciega, negando y rechazando todo aquello que le haga ver su equivocación y le niegue la satisfacción de sus deseos.  Así que la voluntad humana se vuelve cada vez mas voluble e inconstante, y solamente se dirige hacia aquello que le proporciona satisfacción a sus necesidades aparentes, o sea, materiales.

Estas tres potencias del alma, cubiertas por los velos de la materialidad, explican o tratan de hacerlo, el origen del universo, el origen del hombre, sus relaciones con los demás seres, su propia conducta, etc., pero siempre a través de los velos de la sensualidad.  De ahí que el hombre no ve, no conoce, no acepta, no busca nada que no contenga el sabor de la autosatisfacción de su inteligencia y su voluntad, ensimismadas éstas en las tinieblas de la soberbia.

Dentro de este triste panorama, la memoria saca a relucir algo de su verdadero origen, recuerda veladamente a su Creador y sus verdades; la inteligencia empujada por esta memoria y por la voluble voluntad humana, inicia ciertas búsquedas hacia el campo de lo divino, pero tratando de matizarlo con todos los velos que tiene ante sus ojos, por eso resulta un Dios deforme, sin fuerza para arrastrar y sin luz para iluminar, un Dios que se ve sometido a los instintos y necesidades humanas, y que tendrá que doblegarse a los conocimientos y al progreso del hombre.  Éste vuelve a quedarse solo en el universo y sin encontrar su puesto.

Resultado:  Trastornos y disfunciones internas del individuo, de su psique, de su estabilidad, de su tranquilidad, etc., mal conocidas como trastornos emocionales, depresivos, neuróticos, etc.; trastornos en el autoconocimiento, en su verdadera finalidad, en su relación con los demás seres racionales, y con su Dios.

Todo lo anterior se quiere remediar exaltando la personalidad, autoafirmando sus conocimientos, sus decisiones, su personalidad, sus deseos, sus satisfacciones, adecuando su forma de ser a la sociedad existente, haciéndolos egoístas, etc.  ¿Podrá tener éxito esta estrategia?  Todo esto nos explica y aclara en cierta forma parte del comportamiento general del ser humano, y aunque se deja entrever el por qué de la actitud actual hacia el sexo, tratemos de explicarlo un poco más:

Adán y Eva pecaron en la primera rama del amor:  El amor hacia Dios al no obedecerle, pues la obediencia es amor.  Caín pecó contra el amor de Dios y contra el amor del prójimo.  Si el primer pecado, el de Adán, produjo tal decadencia en el hombre, ¿Qué grado de decadencia no habrá producido el segundo, al que acompaña la maldición de Dios... ?  ¿Qué variedad de formas de pecar no se habrán desatado en el corazón del « hombre animal » al estar privado de Dios?  Cuando Satanás toma posesión, inocula la corrupción en todas las ramas, cuando Satanás es rey, el súbdito adquiere todos los desenfrenos de su rey, va contra la ley divina y humana, viola hasta las normas más elementales del vivir como hombres dotados de alma, llegando a embrutecerse con los pecados más lúbricos del « hombre animal »

Donde no está Dios está Satanás, donde el hombre ya no tiene el alma viva, allí aparece el « hombre animal »  El bruto ama a los brutos, la lujuria carnal acicateada por Satanás le desata la avidez por todas las uniones, presentándole como bello y seductor lo que en realidad es horrendo y desordenado; lo lícito no le satisface por parecerle muy poco y demasiado honesto, y fuera de sí por la lujuria busca lo ilícito, lo degradante, lo bestial.  Ahora si, ya tenemos un cuadro más real de lo que la sexualidad significa:  « Un estudio del hombre animal, de su comportamiento, de sus instintos, de su lujuria; significa el estudio del hombre sin Dios »

¿Valdrá la pena hablar de la sexualidad humana?  Sí, sí valdría la pena hablar de ella si nos encontráramos sumidos en este triste estado, sin posibilidad de salir de él, sería el modo más apto para acallar nuestra conciencia y para justificar todos los excesos en nuestro comportamiento; sería el modo más idóneo para aceptar nuestra semejanza con los brutos, y sofocar de una vez por todas, las ansias de nuestra alma por lo sublime y lo divino; pero no, no estamos irremediablemente sumidos en este estado.  Dios, infinito amor misericordioso, infinito amor paterno, usó de su misericordia para con nosotros.  Pero, ¿cuál fue la misericordia que Dios usó con el género humano?  La misericordia de prometer inmediatamente a Adán, el Redentor Divino, el Mesías, el cual reintegraría al hombre a su condición de hijo de Dios con la restitución del estado de Gracia mediante sus méritos y su Pasión.  La Gracia es pues..., restitución del hombre a la capacidad de conocer y amar a Dios; es por tanto:  Luz para ver aquello que para el pensamiento humano es inmensa tiniebla, es voz sapientísima, es vista luminosa para contemplar a Dios, es don para ayudar al alma en su deseo de conocer a Dios, es medio para recordar su origen, y es instrumento para la deificacion de la criatura a través de conseguirnos nuevamente el don de la Divina Voluntad obrante en el hombre.  Y por cuanto más crece en la Gracia, otro tanto crecerá en ella la unión con lo Divino, como también la Sabiduría, que es uno de los atributos divinos, y con ella la capacidad de comprender, conocer y amar la Verdad, porque la Gracia es el Espíritu de Dios que penetra en el hombre con todos sus dones, transformando, elevando y santificando sus potencias y sus acciones, de entre las cuales, la primera y principal es el amor, por cuya acción fuimos creados. Amar es conocer..., no se ama sino a quien se conoce.  La criatura tiene necesidad de amar, y para sentirse menos sola y amar, debe recordar.

¡Entonces no estamos irremediablemente perdidos...!  En tiempos de Adán fue simplemente la promesa del Redentor, y por ella, aun sin la plenitud de la Gracia, el hombre pudo a duras penas escalar la empinada cuesta de la santidad que Dios había prefijado para cada criatura.  Después, tuvimos los méritos del Redentor, que nos restituyó la Gracia, y por lo tanto la posibilidad de ser nuevamente hijos de Dios; ahora, en estos tiempos, tenemos ya a la Divina Voluntad obrante en nosotros, la cual nos restituye todo lo que se perdió con el pecado original, injertándonos nuevamente la imagen y semejanza dada en la creación del hombre, y gracias a ésta, volveremos a ser dominadores de todo, pero principalmente de nosotros mismos.

Nuestro Señor Jesucristo nos ha dejado sacramentos, a través de los cuales nos es conferida la Gracia.  Él, elevó el contrato natural de unión entre hombre y mujer a la dignidad de Sacramento, dándole el poder de restituir la Gracia.  El matrimonio es la esencia de la que brota la vida del género humano, es el medio por el cual la tierra es poblada, pero sobre todo, es medio de salvación.

A causa del pecado, nuestros primeros padres destruyeron la integridad de la familia, y por eso, nuestra Madre y nueva Eva inocente participó en las bodas de Caná con su Hijo Divino, para restituir la santidad al matrimonio y reordenar los planes que Dios había preordenado en el edén.

¿Qué tenemos ahora...?  Un panorama completamente diferente al acostumbrado, tratemos de resumirlo:

1 .- Un hombre incompleto, al cual le falta el principio de vida, el don divino que salvaguarda su integridad, su dominio sobre él mismo y sus pasiones:  « La Divina Voluntad obrante en ella »

2.- Un comportamiento totalmente desordenado, donde muchas de las características aparentemente puestas por Dios (instintos, necesidades), son, ni más ni menos que la ausencia del mismo Dios en la vida de la criatura.

3.- Una sexualidad animal, una sexualidad del hombre sin Dios, un concepto erróneo de comportamiento, y una ciencia humana que intenta imponernos como virtud los errores ocasionados por la ausencia del principio vital:  « La Divina Voluntad »

4.- Una posibilidad de restituirnos al plan de Dios a través de la Gracia primero, y luego a través de la  Divina Voluntad.

5.-  El matrimonio es un sacramento, entonces, confiere la Gracia, por lo tanto está preordenado para nuestra santificación, no como medio lícito socialmente para saciar hasta el embrutecimiento nuestra libídine.

Terminemos estas reflexiones anotando las palabras de nuestro Señor a María Valtorta el 25 de Septiembre de 1943:

“La libídine extingue la luz del espíritu y mata la Gracia.  Sin Gracia y sin luz, ustedes no se diferencian de los seres inferiores, y realizan por eso, acciones de animales.

¿Qué cosa es la lujuria?  La lujuria es desorden, desorden guiado por una inteligencia libre y consiente, que sabe que su apetito está mal, pero sin embargo lo quiere saciar igualmente.  La lujuria es desorden y violencia contra las leyes naturales, contra la justicia y el amor hacia Dios, hacia nosotros mismos, hacia nuestros hermanos, esto es la lujuria, tanto la de la carne como aquella que mira a las riquezas y potencias de la tierra.

Después de lo anterior, creo que sería inútil el hablar de comportamientos sexuales lícitos o no; hablar de homosexualidad, lesbianismo, bisexualismo, trasvestismo, masturbación, bestialismo, pedofilia, uniones sexuales múltiples, etc., etc., etc. no tiene ningún sentido, pues basta analizar al hombre real, creado a imagen y semejanza de Dios, para saber inmediatamente cuál es el comportamiento adecuado, y cuál es inadecuado.

Dejemos al « hombre animal » el intento de normatizar todas esas actitudes, que, dicho sea de paso, es un intento de quitar a Dios de nuestras vidas, y es producto de la tenaz y feroz batalla que Satanás ha emprendido contra Dios a través de su criatura predilecta:  « El hombre », el cual se ha dejado vencer por su mortal enemigo con tal de satisfacer sus bajos instintos impulsados por la libídine, resultante del pecado original.

Y si aún hiciera falta alguna investigación para conocer si una actitud, de cualquier índole, no exclusivamente sexual, es adecuada o no, normal o no, simplemente analicémosla a través de esta triple “lupa”:

a).- Naturaleza.  tendremos que ver si lo que analizamos es acorde a ella.  Por ejemplo, en el aspecto sexual (homosexualidad) ver si concuerda su naturaleza física, hormonal, cromosómica, con su comportamiento, y en caso de no concordar, tendremos que concluir que algo está mal.

b).- Finalidad.  Para conocer ésta, forzosamente tendremos que analizarla desde Dios, pues si lo dejamos a un lado, nunca podremos entender nuestra finalidad, y por fuerza caeremos en la anarquía del relativismo.

c).- Integridad.  Simplemente se verá si todo lo anterior está presente en el momento del análisis y en relación a la función que se investiga, de no estar todo en orden, por fuerza se deberá concluir que no es normal.

Cabe aclarar que todo lo anterior no quiere decir, de ninguna manera, que la persona o personas que se encuentren fuera de la normalidad puesta por Dios mismo, deban ser despreciadas o tratadas en forma diferente, no, pero sí se debe hacer notar que lo que no se puede aceptar es el comportamiento fuera de la norma divina, de la finalidad para la cual nos creó Dios; y para eso, se requiere por fuerza, del estudio de Dios, no de la ciencia, pues ésta sin Dios solamente envanece al hombre, y se repite el acto del pecado original, comer del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal.

Recordemos:  La causa de todos los males del hombre es la ausencia de Dios.  Por lo tanto, el remedio a todos los males del hombre, será la presencia de Dios en él.

Fiat

Salvador