Creación del Universo, la Vida y el Hombre.

 

Carísimos, ya somos hijos de Dios aunque aún

no se ha manifestado lo que seremos. Más sabemos

que, cuando Jesucristo se manifieste claramente seremos

semejantes a Él, porque lo veremos tal cual es. (I Sn. Juan 32)

 

 

 

 

 

 

 

 

 


INTRODUCCIÓN

«El universo»  «El hombre»  Dos grandes realidades unidas por un solo origen y un solo fin.  Tienen origen en la Voluntad Divina, y en Ella deben terminar, creados por Dios, por Él y para Él.[1]  Dos realidades que han quedado cubiertas de velos, oscurecidas, debido a la incredulidad del mismo hombre.    Desde entonces, enormes incógnitas aprisionan a estas dos grandes realidades, dos existencias rodeadas por un sinnúmero de preguntas, y casi ninguna respuesta definitiva porque no se aceptó la única respuesta que ha existido:  «La revelación»  Milenios han transcurrido desde la aparición del ser pensante, racional, el único capaz de interesarse en su propio origen y destino, pero sobre todo, capaz de analizar su entorno, estudiarlo para tratar de desentrañar los misterios que le plantea, y así, al final, llegar al conocimiento de sí mismo.  En este largo camino de estudio y conocimiento han existido siempre dos bandos, dos posiciones:  Aquellos que aceptando la revelación reconocen a un solo Creador del Cielo y la tierra; y aquellos que no aceptan a Dios como creador, los cuales se subdividen a su vez en dos:  Quienes por abierta oposición y deseo de quitar a Dios todo reconocimiento, o mejor dicho, negar a Dios, lo desconocen, y quienes llevados por un deseo honesto de encontrar la verdad, pero sin creer en Ella,[2] no con el afán de negar a Dios plantean numerosas teorías, tesis acerca del origen de todo, incluyéndose a sí mismos.  Este segundo bando se ha encontrado con dificultades a cada paso, tabúes enormes a su alrededor que lo han atado a creencias impuestas por la fuerza, no por la razón y convencimiento; «anatemas» lanzados por personas religiosas, las que en vez de hacer uso de su oficio de guardianes y dispensadores de la verdad, volviéndose soberbios e intolerantes creyeron que debían imponer sus ideas por la fuerza, avalados por el temor que infundían en los exponentes de dichas teorías, de una herejía; ellos tomaron apariencia de personas benevolentes y cultas, pero casi siempre han sido lo contrario, incultas,[3] – que con la terca idea de tener la razón, aunque en múltiples ocasiones han tenido que dar marcha atrás en sus planteamientos, convirtiéndose por ende en la principal causa de la deserción de sus adeptos, y han llegado a ser el hazmerreír de todos – creyendo que por su intolerancia y el temor a las represalias, aquellos que se han atrevido a disentir abiertamente, o aquellos que simplemente han expuesto una nueva posibilidad, válida o no, eso no importa, pero que merecían respeto, aceptación, y sobre todo amor, iban a abandonar sus posiciones, pero no ha sido así, por el contrario, se han multiplicado y han ganado en credibilidad y en conocimientos; por eso en la actualidad casi ninguno cree en los postulados de la Iglesia, todo ha caído en el descrédito, y se piensa que el adoptar dicha postura es sinónimo de oscurantismo.

Es por esto que hay que emprender un camino de reencuentro, tratar de analizar las posibilidades, y sin temor enfrentar las oposiciones, hacer un análisis de ellas para intentar esclarecer las dudas acerca de la verdad revelada y demostrar la inviabilidad de las otras ideas.  Aunque esto sobrepasa con mucho la finalidad de este trabajo, y no quisiéramos entrar en estas disertaciones, sin embargo, quedaría en entredicho todo lo expuesto si no abordáramos, aunque sea someramente, estas cuestiones.

 

Teorías Acerca del Origen del Universo y el Hombre

 

Son tres las tesis actuales acerca del origen del universo y de la vida, y estas son:

1.- La teoría creacionista,[4] en la cual hay un Dios creador que creó el cielo y la tierra, a todos los seres tanto vegetales como animales que la habitan, y al hombre a su imagen y semejanza.

2.- Una teoría evolucionista, basada en la preexistencia de la materia y la energía, que serían eternas, y en el azar y la necesidad, que sin intervención exterior hizo nacer la vida a partir de la materia inanimada, y la hizo florecer a través de millones de años hasta su actual multiplicidad, incluyendo al hombre.  Ésta se subdivide a su vez en dos:  Evolución absoluta, y la llamada mitigada, que sostiene que esta evolución ha sido planeada y dirigida por Dios, poniendo Él, en un determinado momento, el alma a un ser animal para dar origen así a ese ser llamado hombre, que sería creado a imagen y semejanza de Dios.[5]

3.- La tercera tesis es la que supone que la vida vino del espacio, y se subdivide a su vez, en dos postulados: a)  La tesis de los “dioses” astronautas, esos seres que vinieron a la tierra desde lo más profundo del espacio para hacer de criaturas animales, los primeros hombres pensantes por medio de manipulaciones genéticas.  b)  La teoría de la panspermia, que dice que gérmenes de vida venidos del espacio en cometas o meteoritos, pudieron fertilizar un planeta estéril como la joven tierra.

Esta tercer tesis la dejaremos a un lado, puesto que, aunque fuera cierta alguna de sus dos posibilidades, seguiríamos en el mismo problema, ¿cómo apareció la vida?  Además de que dejaría sin resolver el problema del universo.  Así que resolviendo las otras dos, resolveremos esta tercera.  Sólo diremos algunas palabras acerca de ella, basadas en la Fe.

 

Ciencia Vs. Ciencia

 

Ya que la «ciencia» es la que nos ha proveído los medios necesarios para dudar y llegar así a quitarnos nuestra fe, en vez de tratar de refutarla, dejemos que sea la misma ciencia la que ponga en entredicho sus propios argumentos, y aunque no se llega – ni se llegará, mientras no se haga a un lado la rabiosa oposición a Dios – a ninguna conclusión, pues como dice Seyyed Hossein Nasr:[6]  “Por su naturaleza, la ciencia sólo puede ocuparse de un nivel de la existencia, la existencia física.  La ciencia se basa también en el estudio de lo que pasa en el tiempo y en el espacio, por consiguiente, el científico se acerca al principio, pero no puede llegar al comienzo propiamente dicho, pues éste se encuentra más allá de la existencia material y de las dimensiones espacial y temporal.  En cambio, la mayor parte de las religiones, con excepciones como el confucionismo, se han ocupado del origen del universo.

Hasta el siglo XVII, de Oriente a Occidente la finalidad de la ciencia fue estudiar las huellas de la sabiduría de Dios en su creación.  Pero la filosofía cartesiana que sirve de fundamento a la revolución científica, estableció una división entre el sujeto que conoce y el objeto conocido.  La ciencia moderna estimó que su meta era el estudio de la mera cantidad, y descartó todos los aspectos cualitativos de la naturaleza, todos sus elementos espirituales.

Por lo que debemos unirnos a Tsevi Mazeh,[7]: “La ciencia no puede decirnos el por qué y el para qué; en cierto modo se limita a los detalles técnicos del cómo funciona el mundo.[8]

La teoría de la evolución y la extraterrestre se fundamentan en postulados hasta hace poco tiempo aceptados por la mayoría de los científicos.  Uno de ellos, y quizá el de más fuerza, era el llamado «Principio de Copérnico»[9] el cual mantenía la idea de que nosotros no ocupamos una posición privilegiada en el universo, ni en lo referente al lugar que ocupamos en el sistema, ni en las condiciones de la vida.  La práctica de la ciencia comienza, según sabemos, con la suposición de que somos típicos, no excepcionales, así que los más grandes pensadores modernos del mundo propusieron y luego probaron que la tierra no era el centro del universo, que el sol no es el centro, que nuestra galaxia no es el centro, y finalmente, que no existe un centro.  Copérnico nos dio la teoría para dar el primer paso, Galileo demostró su veracidad, Einstein nos dio la teoría para dar los últimos pasos, y las observaciones de galaxias distantes de Edwin Hubble convencieron al mundo.  El astrónomo Robert Jastrow, fundador del Instituto Goddard de la NASA, llama al logro de Hubble, el último paso magnífico en la revolución del pensamiento respecto al lugar de la humanidad en el cosmos que había sido iniciado por Copérnico.

Habiendo probado que nuestro planeta, el sol, y nuestra galaxia son típicos, la ciencia debe aún responder la pregunta acerca de si nosotros mismos somos típicos.  Carecemos de certeza absoluta de que no somos típicos, hasta que alguien confirme la existencia de seres inteligentes en cualquier otra parte del universo.  Si la cuestión se plantea de esta manera, el paso final en la revolución de Copérnico está aún pendiente.

Exoplanetas.  El Principio de Copérnico predecía que debíamos encontrar planetas que orbiten estrellas semejantes al sol.  Esto se hizo realidad con un descubrimiento realizado en 1995, pero, los primeros exoplanetas descubiertos parecían pertenecer a sistemas solares anormales, no sólo porque los planetas localizados con toda precisión eran inmensos, como se esperaba, ya que son más fáciles de medir, sino también porque daban vueltas muy cerca de sus estrellas, lo cual distaba mucho de la expectativa de encontrar sistemas solares semejantes al nuestro, con planetas grandes y gaseosos más alejados.  Así que nuestro sistema solar comienza a parecer anormal.

La Astrofísica Virginia Trimble (Universidad de California) escribió:  “No es una coincidencia que los planetas terrestres, de superficie sólida estén cerca del sol y suficientemente cálidos para el agua líquida, mientras que los planetas jovianos (gigantes de gas) estén en los bordes exteriores y extremadamente fríos del sistema solar.”  Usando el sentido común y modelos de computadora, ella calculó que la vía láctea probablemente aún contiene por lo menos 1010 [diez billones] de estrellas que podrían haber alojado planetas terrestres habitables por más de cinco mil millones de años.  Nuestra verdadera observación de sistemas planetarios inesperadamente diferentes nos fuerza ahora a volver a repensar nuestras opiniones sobre la frecuencia de planetas semejantes a la tierra.

Los exobiólogos han dado el nombre de «zona de Rubiales» al cinturón habitable donde puede existir agua en forma líquida alrededor de una estrella, ya que no es ni demasiado frío ni demasiado caliente para la vida.  Esos exoplanetas que se han observado pasando algún tiempo por la zona de Rubiales, tan sólo la atravesaron.  Sus órbitas son extremadamente elípticas, lo que significa que las temperaturas de su superficie fluctúan desde más calientes que Venus hasta más frías que Marte.  El mismo hecho de que estos planetas atraviesen la zona habitable en sus órbitas alargadas asegura que no puede haber planetas más pequeños y más hospitalarios en este sistema, ya que los gigantes desestabilizarían sus órbitas.

Maestros y estudiantes leyeron en Science News (Noticias de Ciencia): “Los recientes descubrimientos de planetas gigantescos orbitando dentro de una corta distancia de sus estrellas; han trastornado un principio central de los astrónomos:  «Que el sistema solar de la tierra, donde grandes planetas orbitan lejos del sol, proporciona el modelo para el desarrollo planetario por todas partes»  Claro que es muy prematuro afirmar por estos métodos cuán extraña es nuestra tierra.  En resumen, los descubrimientos de exoplanetas son probablemente el más importante logro científico en los últimos años, pero obtener estas buenas noticias tuvo un precio, el reconocer que el principio de Copérnico no puede ser aplicado tan ordenadamente en nuestro propio sistema solar, pues éste parece ser atípico, y los que permiten que exista vida, si existen, deben ser la excepción, no la regla, incluso entre estrellas semejantes al sol.

La rara ecuación de la tierra, como fue denominada por el geólogo Peter Ward y el astrónomo Donald Brownlee, ambos de la Universidad de Washington en Seattle en su libro del 2000, Rare Earth—Why Complex Life Is Uncommon in the Universe (Tierra Extraña—Por qué la vida compleja es rara en el universo), Ward y Brownlee recuerdan a sus lectores:  “Cuando cualquier término de la ecuación se acerca a cero, también lo hace el resultado final.”  Y concluyen:  «Parece que la Tierra puede ser verdadera y extraordinariamente rara»  Aquí está el por qué:

Gigante Espacial de Gas. Los planetas semejantes a Júpiter que orbitan cerca de su estrella anfitriona, o que orbitan excéntricamente, se niegan a compartir cortésmente su espacio con planetas más pequeños.  Los planetas habitables necesitan hacer órbitas elípticas dentro de la «zona de Rubiales» Los gigantes de gas que dibujan órbitas excéntricas expulsarán a vecinos más pequeños fuera del sistema o los enviarán a chocar contra su sol.

Los gigantes de gas de “buen comportamiento”, como Júpiter y Saturno, mantienen órbitas elípticas a una respetuosa distancia.  En esa posición, incluso cumplen la necesaria función de aspiradora cósmica de vacío, atrayendo a los cometas y asteroides hacia sí mismos, antes de permitirles golpearnos (como cuando el Cometa Shoemaker-Levy 9 golpeó Júpiter en 1995)  Jorge Wetherill de la Institución de Carnegie de Washington calculó que sin Júpiter, los cometas golpearían la Tierra entre 100 y 10,000 veces más, lo cual significaría que no estaríamos aquí.

Luna Grande. Resulta que los planetas habitables necesitan ser miembros de un sistema de doble planeta, como algunos astrónomos llaman a nuestro sistema de luna y tierra.  La mayoría de la gente no se da cuenta que nuestra luna es inmensa comparada con los tamaños relativos de otras lunas en los sistemas de luna y planeta de nuestro sistema solar.  La masa de la luna crea un ancla estabilizadora para la tierra, previniéndola de la atracción indebida hacia el sol o hacia Júpiter, lo que produciría que la tierra se incline demasiado lejos en su eje de giro.  Descubriendo esto, el astrónomo Jacques Laskar escribió:  “Debemos nuestra presente estabilidad climática a un acontecimiento excepcional, la presencia de la luna.”  Sin una inmensa luna orbitando a la distancia correcta de nosotros, los científicos predicen que la tierra estaría sujeta a un efecto fugitivo de invernadero, como en Venus, o en una edad de hielo permanente, como experimentaría Marte si tuviera más agua.  Peor aún, la mayoría de astrónomos ahora piensa que la presencia de la luna de la Tierra es el resultado de un accidente extraño, quizá uno en un millón, cuando un planeta más pequeño golpeó la Tierra cuando aún se estaba formando, con un golpe oblicuo que permitió que los mantos de cada planeta combinaran y terminaran en órbita alrededor de la Tierra.  “Para producir semejante luna masiva,” escribe Ward y Brownlee, “el cuerpo que impacta tuvo que ser del tamaño correcto, tuvo que impactar el punto correcto en la Tierra, y el impacto tuvo que haber ocurrido precisamente en el tiempo correcto en el proceso de crecimiento de la Tierra.”

Ubicación Galáctica.  Como en el negocio de bienes raíces, la ubicación lo es todo.  Las estrellas localizadas más lejos del centro de la galaxia que nuestro sol, contienen concentraciones más bajas de elementos pesados, necesarios para formar planetas rocosos como la Tierra.  Las estrellas mucho más cercanas al centro de una galaxia residen en un vecindario más denso, exponiendo cualquier planeta que orbita a una radiación mortal.  Las estrellas que se encuentran dentro de los brazos de una galaxia espiral tienen el mismo problema.  La mayoría de las estrellas que viajan a través de los brazos espirales no permanecerán allí, pero nuestro sol es excepcional por su órbita circular alrededor de la galaxia.

Placas Tectónicas.  Un planeta habitable necesita una cantidad crítica de elementos radioactivos, como el uranio, para producir el calor que genera un campo magnético.  Sin nuestro campo magnético, la atmósfera pronto se perdería en el espacio.  El centro radioactivo también abastece de combustible a las placas tectónicas para el movimiento de la corteza planetaria a través de su superficie.  De todos los planetas de nuestro sistema solar, tal movimiento se encuentra sólo en la Tierra; las placas tectónicas son cruciales para la vida, pero para la generación de dichas placas tectónicas son críticos un conjunto de factores improbables, estos incluyen no sólo un centro radioactivo, sino una corteza del espesor correcto y un manto de la viscosidad o de la flexibilidad correctas.

Corteza Precisamente Adecuada.  Es necesario un ensamblaje fortuito de dos tipos de corteza, de diferentes densidades, para permitir que una se deslice sobre la otra, y para permitir que la más ligera se mantenga encima del agua para producir continentes fijos, tal es el caso en nuestra corteza, la cual consta de 2 placas principales:  La Oceánica, cuyo espesor es entre 30 y 50 Km, compuesta de basalto y gabro; la segunda, la continental, cuyo espesor es entre 50 y 150 Km, compuesta principalmente de granito.

Cronometrando el Calentamiento.  Los exobiologistas indican la necesidad de una estrella anfitriona con la temperatura precisamente adecuada, llamada estrella principal de sucesión.  Pero las estrellas de sucesión principales aumentan su salida de energía con el tiempo, creando obvios problemas para los planetas orbitantes.  En el caso de la tierra, ahora sabemos que la era cuando el sol calentó fue cronometrada para coincidir con la era en la cual la atmósfera de la tierra gradualmente cambió de estar conformada en su mayor parte por gases de invernadero a la mezcla más fría que hoy gozamos.

Lo que acabamos de revisar se refiere exclusivamente a la parte del lugar donde estamos situados, ahora veamos algunas consideraciones acerca de las condiciones «típicas» para que se desarrolle la vida que se forma en dicho planeta «típico» o sea en el nuestro.

Contingencia Biológica.  Aunque asumamos que existen abundantes planetas en nuestra galaxia que reúnen las condiciones correctas, y que la vida se desarrolla en forma rutinaria en ellos, la pregunta más importante permanece, ¿cuántos de ellos desarrollarán vida inteligente?  La mayoría de biólogos y paleontólogos dicen que la evolución trabaja sin dirección o sin una escalera de progreso.  En lugar de eso, la historia de la vida en la Tierra muestra que el sendero de la evolución depende de una serie de acontecimientos imprevisibles.  ¿Cuáles eran las probabilidades de que los dinosaurios desaparecerían a causa de un asteroide que impactó la tierra hace sesenta y cinco millones de años, preparando el terreno para nosotros?  ¿Cuáles son las probabilidades de que la explosión cámbrica,[10] cuando todos los planos modernos de los cuerpos aparecieron en nuestro planeta dentro de un intervalo corto, acontezca en otros planetas?  La Tierra Extraña  de Ward y Brownlee concluye que, aunque la vida microbiológica podría ser común en el universo, la vida compleja (incluso tan compleja como un simple gusano) no lo es.  La explosión cámbrica de cuarenta nuevos grupos de animales complejos extensamente separados, creen, no tenía que suceder.  El darwinismo no predice tal acontecimiento.  Y el hecho de que ningún gran grupo nuevo de animales (llamados phyla) haya evolucionado en los últimos 530 millones de años, nos da una pauta.

El paleontólogo de Harvard Stephen Jay Gould ve la inteligencia del Homo sapiens «como una última rareza excéntrica»  El hecho de que sólo una especie de un estimado de cincuenta mil millones la desarrollara en este planeta después de 3.8 billones de años de vida, sugieren que la alta inteligencia puede no ser el resultado más natural en el curso de acontecimientos evolutivos.  “Si la inteligencia tiene tan alto valor,” dice el colega de Harvard de Gould, Ernst Mayr, “¿por qué no vemos que más especies la desarrollen?”  La lista de biólogos y paleontólogos destacados que defienden esta posición es impresionante, incluyendo a George Gaylord Simpson, Theodosius Dobzhansky, Francois Jacob, y Francisco Ayala.  El astrónomo inglés John Barrow nota que:  “Se ha desarrollado un consenso general entre evolucionistas, que la evolución de la vida inteligente, comparable en la habilidad de procesamiento de información a aquella del Homo sapiens, es tan improbable, que es extremadamente difícil que haya ocurrido en cualquier otro planeta en todo el universo visible.”

Después de escribir una visión general de lo que él llama “los embotellamientos en el camino a la inteligencia,” el editor de la revista Astronomía, Robert Naeye, concluye:  “En la tierra, una larga secuencia de acontecimientos improbables se sucedieron de la manera exactamente correcta para dar a luz nuestra existencia, como si hubiéramos ganado una lotería de un millón de dólares un millón de veces seguidas.  «Contrariamente a la creencia predominante, quizá nosotros sí somos especiales»

En suma, no tenemos ningún principio confiable que nos diga qué creer acerca de los extraterrestres.  Peor, nuestras tres opciones para explicar la vida: leyes, azar, o milagro, requieren un acto de fe.  Esta inferencia es una bofetada en la cara para los que han puesto su fe en la ciencia.  La convicción de que la vida inteligente es un imperativo cósmico no es científico, cuando hemos visto que los verdaderos datos señalan en la dirección opuesta.  Ni biólogos ni astrónomos ven algo imperativo acerca de las muchas contingencias que se tuvieron que reunir, contra todas las probabilidades, para que nosotros estemos aquí.

Aunque fuerza nuestra credulidad, la creencia de que somos un azar parece, a primera vista, más en la línea con la ciencia moderna, hasta que nos damos cuenta que nos dirigimos directamente contra el reverenciado principio científico de Copérnico.  ¿Qué dirían Copérnico o Hubble?  Verdaderamente, Copernico no se hubiera suscrito al principio que lleva su nombre, ya que permaneció descaradamente antropocéntrico[11] mientras creía que la tierra daba vueltas alrededor del sol.  Y Edwin Hubble debe ser reconocido, no sólo por tomar el paso final en la revolución de Copérnico, sino por terminarlo definitivamente.  Poco después de descubrir que nuestra galaxia era una de muchas, descubrió que todas las galaxias huyen una de la otra, demostrando un universo expansivo.  Los científicos habían preferido pensar que nuestra época en el tiempo era  una raja típica fuera de una eternidad inmutable, pero de su aceptación eventual del gran estallido significó que nuestro universo ha cambiado con el tiempo.  Nuestra era resulta ser una era especial que permite la vida del carbono, contradiciendo el principio de Copérnico que dice que no debe haber nada de particular acerca de nuestro tiempo o lugar.

El discípulo de Edwin Hubble, el astrónomo Alan Sandage, dijo:  «No podemos entender el universo claramente sin el elemento sobrenatural»

El físico James Trefil concluyó su libro acerca de extraterrestres y las condiciones para la vida con la declaración:  “Si fuera un hombre religioso, yo diría que todo lo que hemos aprendido acerca de la vida en los últimos veinte años muestra que somos extraordinarios, y por lo tanto especiales ante los ojos de Dios.”  Al no ser un hombre religioso, aparentemente rechazó dar el salto.[12]

Terminemos con esta curiosísima cita tomada de la revista Las Ciencias, año 18 n r.  El Homo Sapiens, el morfológicamente más perfecto, no parece haber sido el último aparecido.  Los hallazgos de Swanscombe, Denise, Kanjera, Quinzano, etc., todos ellos del paleolítico inferior y medio, corresponden a fanerontrópidos, y sugieren como posible la hipótesis contraria, de que las formas morfológicamente inferiores de hombres fósiles, pudieran derivar por «evolución regresiva» de otras morfológicamente más perfectas.

Además, y sólo para ver las contradicciones de la ciencia, analicemos lo siguiente:  Se ha sostenido que los cambios en los individuos y en las especies se deben a «mutaciones» ocasionadas por el azar, por la necesidad, o por factores externos,[13] lo cual nos lleva a pensar que éstas son una forma de avanzar en el camino evolutivo de seres inferiores a superiores, sin embargo, hasta los últimos años no descubrieron los genetistas en qué medida la reproducción sexual liberó la vida de los caprichos de la naturaleza, «porque la mayor parte de las mutaciones casuales no eran mejoras, sino defectos de la información genética»  «Los seres con reproducción sexual desarrollaron barreras en contra de los peligrosísimos errores (mutaciones) genéticos» [14]

Interesante, ¿no es verdad?  Dejemos que sean ellos mismos, los científicos, quienes sigan poniendo en entredicho sus propias teorías, unos para negar a Dios con sus tesis y elementos de hallazgo, y otros que, aunque no vayan buscando a Dios, su ciencia los lleva a reafirmar la existencia de un Ser superior, creador de todo lo visible y lo invisible.

Ahora analizaremos la «teoría» creacionista.  La dividiremos en dos apartados, en el primero de los cuales revisaremos el orden de los seres creados sin tomar en cuenta al hombre, y solamente enumeraremos los sucesos de acuerdo al relato Bíblico, limitándonos a poner algunos comentarios para explicar un poco más lo que Dios hace; en el segundo nos ocuparemos del hombre, para demostrar que estamos hablando de un ser totalmente desconocido, diferente a todo lo que nos han enseñado, y que por ser tal, merece, sin lugar a dudas, el título de «Rey de toda la Creación».

 

GÉNESIS [15]

(Origen o principio de algo)

 

En vista de que en esta teoría manifiestamente se habla de Dios, nuestra costumbre de establecer premisas estará dirigida expresamente a entender, no tanto el origen del universo y la vida, sino entender a Dios, y así, desde este entendimiento poder tener acceso a sus obras y verlas en plenitud.

Premisas

1.- Sin importar si creemos en Dios como Creador o no, debemos aceptar dos verdades:

          a) La existencia de algo eterno:  Dios o la materia.

          b) La generación espontánea no existe.

Así que en las dos posturas debemos hacer un acto de fe:  Acto de fe en la materia inerte que llega a dar vida; en la materia sin inteligencia que pone “leyes”[16] infinitamente sabias y perfectas que rigen el universo entero y la misma vida; en el caos que saca de sí mismo el orden perfecto de todo lo creado.  O un acto de fe en un Ser eterno, infinitamente poderoso, sabio, amoroso, que todo lo crea con peso, número y medida,[17] transmitiendo a lo creado el mismo orden que rige en Él, que infunde su misma vida a su criatura, y que todo lo conserva con su potencia puesta en las mismas leyes que rigen todo lo que ha salido de Él.

2.- Dios crea primero las cosas menores como preparativo a las mayores, y éstas como corona de las menores.[18]  En la Creación la finalidad primaria era el hombre, pero en vez de crear al hombre, primero crea cielos, soles, mares, tierra, aire, vientos, como habitación dónde poner a este hombre y hacerle encontrar todo lo que era necesario para hacerlo vivir; en la misma creación del hombre primero hizo el cuerpo y después le infundió el alma, más preciosa, más noble, y que contiene más valor que el cuerpo.  Es necesario hacer primero las obras menores, para preparar el decoro, el puesto a las obras mayores.

3.- Dios jamás hace cosas a medias e incompletas.  Así que tanto la creación en general, como el hombre, fueron tales desde el momento mismo de su creación.  Dios cuando hace una obra, es tanto su amor, que todo da y prepara a fin de que nada falte a su obra creadora.  Hace obras completas, jamás a medias, y si alguna cosa parece que falta es la parte de la criatura que no toma todo lo que Él ha puesto fuera para su bien y para su gloria.[19]  Un acto solamente se puede decir completo cuando quien obra agota en él todo lo que era necesario para cumplirlo; si falta alguna cosa, o se puede agregar algo, jamás se puede decir obra completa.  Así es el modo de obrar de Dios, agota todo:  amor, potencia, maestría, belleza, para volver plena, perfecta, completa su obra.  No que Él se agote, porque el Ente Supremo no se agota jamás, pero en la obra que ha hecho nada entra de más para volverla completa, y si quisiera poner de más sería inútil y no provechoso lo que pudiera poner.[20]

Este punto es importantísimo, pues teniéndolo en cuenta veremos lo siguiente:  Para que un ser, cualquiera que sea, mineral, vegetal o animal, pudiera pasar a una escala mayor por evolución natural, o peor aún, por evolución mitigada, se tendría que destruir la perfección del primer ser, y se tendría que crear nuevamente la perfección del siguiente, y estaríamos de nuevo en lo mismo, pues sería un acto de creación, por lo cual sería un absurdo destruir un ser para crear otro, crear tomando como base la nada que quedó de aquel ser que fue destruido.

4.- Todas sus obras, Dios las inicia entre Él y una sola criatura, y después son difundidas a los demás.[21]

Fuente de conocimiento.

Al igual que para interpretar una pintura o una escultura no hay nadie mejor que su autor, o quien conoce íntimamente la manera de pensar y sentir del mismo, así para entender la creación en general y la creación del hombre, es necesario que su autor, Dios mismo nos lo explique, y esto se nos da a través de la revelación, la cual se ha subdividido en dos categorías: la pública,[22] que en términos generales conocemos como Sagrada Escritura, aunada a la tradición; la segunda incluye a las revelaciones privadas, las cuales, dice la Iglesia, que no pueden agregar nada a la revelación pública, y que solamente nos pueden ayudar a vivir mejor las verdades incluidas en la anterior,[23] por eso no habrá ninguna otra revelación pública.[24]

Esto hay que entenderlo en toda su plenitud, pues de lo contrario nos veremos en el riesgo de poner en la inutilidad y en el ocio la acción de Dios, quien por medio de estas revelaciones quiere que avancemos en nuestra vida espiritual para llegar a cumplir su Voluntad al crearnos:  Ser imagen y semejanza de Él, lo cual nos lo repite Jesús de muchas maneras en el evangelio, sobre todo aquello de sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto,[25] o lo que dice San Pablo en Rm 829: pues a los que Él tiene especialmente previstos, también los predestinó para que reproduzcan la imagen de su Hijo Jesucristo.


Consideraciones acerca de las revelaciones:  Pública y privadas.

Se pueden encontrar cuatro argumentos muy bien definidos en la Sagrada Escritura (revelación pública), los cuales son:

1.- Creación del universo, culminando con la creación del hombre.

2.- La segunda se refiere a la prueba, la caída y sus consecuencias.  Hasta aquí es la primera obra de Dios, y le corresponde al Padre realizarla (Dios creador).

3.- La tercera es todo lo que Dios tiene que hacer para restablecer a su criatura al plan original trazado por Él desde toda la eternidad; esta tercera parte empieza en el anuncio en el paraíso de un Redentor, y culmina con la venida de Jesús, su vida, pasión, muerte y resurrección, su evangelio, y todo lo que hicieron sus apóstoles y lo que ha hecho la Iglesia a través de los siglos (Dios Redentor); esta obra le corresponde a la Segunda Persona de la Trinidad el realizarla).

4.- La cuarta es la santificación (Fiat Voluntas Tua), que no es lo mismo que la salvación, es la restitución del hombre a la santidad original, a la santidad que tenía el hombre al ser creado, a la santidad de Adán inocente, y es la tercera gran obra de Dios (Santificación), que le corresponde al Espíritu Santo realizarla.[26]

Respecto a esto último, que no es lo mismo la salvación que la santificación, lo podemos analizar en el pasaje Bíblico del joven rico, veamos:

“Se ponía ya en camino cuando uno corrió a su encuentro y arrodillándose ante Él le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué he de hacer para tener en herencia vida eterna?»  Jesús le dijo:  «¿Por qué me llamas bueno?  Nadie es bueno sino sólo Dios.  Ya sabes los mandamientos:  No mates, no cometas adulterio, no robes, no levantes falso testimonio, no seas injusto, honra a tu padre y a tu madre»[27]

Hasta aquí todo se refiere a la salvación del alma, y la respuesta de Jesús está acorde con la pregunta, no puede pedirle más de lo que ha pedido a toda la familia humana, obedecer los mandamientos de Dios y gracias a eso se podrá asociar a la redención llevada a cabo por Él.  Sin embargo el diálogo continúa, pues el joven no quedó satisfecho:

  Él, entonces, le dijo:  «Maestro, todo eso lo he guardado desde mi juventud.»  Jesús, fijando en él su mirada, le amó y le dijo:[28] 

Fijémonos bien en la última frase:  «Lo amó»  Ciertamente Jesús ama a toda la humanidad, pero el evangelista hace hincapié en esto, ¿será tal vez porque aquel joven no se conformaba solamente con la salvación, y tenía ansia de más?

Jesús le dijo:  «Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos; luego ven y sígueme»[29]

Aquí cambiamos de evangelista, cambiamos a Mateo, pues él pone la parte de «si quieres ser perfecto», que es el punto neurálgico de la cuestión, pues es Jesús mismo quien diferencia la salvación de la perfección.

Ahora, al parecer estamos hablando de algo nuevo, pues siempre hemos tenido a la salvación del alma como la parte primordial de la acción de Dios hacia nosotros, y la preocupación esencial de nuestra vida.  No es así, pues es el mismo Jesús quien nos deja en suspenso en la noche del jueves santo:  «Muchas cosas tengo aún que deciros; mas por ahora no podéis comprenderlas, cuando venga el Espíritu de verdad, Él os conducirá poco a poco hasta la verdad plena; pues no hablará de Sí mismo, sino que hablará lo que oyere y os comunicará las cosas venideras»[30]

Hasta la verdad plena.  ¿Qué, o cuál es la verdad?  ¿Qué quiere decir plena[31]?  La única Verdad es Jesucristo, pues es en Él donde el Padre hace desahogo de todo su Ser, es en Él donde encuentra todas sus complacencias,[32] es en Él donde todas las cosas creadas se concentran, el mismo Jesús se proclama a Sí mismo como la Verdad.[33]  ¿Entonces?  ¿Conocemos realmente a Jesús?  ¿Es suficiente la revelación pública para conocerlo?  ¿Ya no habrá necesidad de más revelaciones?

Respecto a estas cuatro partes de la revelación, la primera, la creación del hombre, es FUNDAMENTAL, pues si no sabemos exactamente quién es Adán, qué dones poseía, para qué fue creado, NUNCA sabremos qué quiere Dios de nosotros, para qué nos creó, y por decirlo así, dejaremos inútiles los dones que Jesús nos participó por medio de su Redención.

Esto no quiere decir que las otras partes no sean necesarias, pero la comprensión de Adán es la parte inicial y la causa, tanto de nuestra existencia, como de nuestro estado actual; desafortunadamente no se le ha dado el valor que tiene, por eso hemos, en muchas ocasiones, perdido el camino de regreso a nuestro Padre Celestial.  Ha sido tan efectiva y demoledora la acción de Satanás en la familia humana, que nos ha hecho olvidar el origen del hombre, hemos olvidado cómo fuimos creados, por quién fuimos creados, y sobre todo, el para qué fuimos creados.  Nos ha distorsionado la revelación, y debido a la falta de fe en la palabra de Dios, nos ha sugerido, y lo hemos aceptado, el ver como una fábula lo que era un testamento de amor,[34] para que siendo sencillos,[35] pudiéramos ver en todo su esplendor el cuidado de Dios al crear nuestra casa (el universo), pero sobre todo, la delicadeza, el amor, el cuidado que puso al crearnos a nosotros.  Ahora pensamos que es un modo de dar a entender a gentes rudas y primitivas, influenciadas por sinnúmero de mitologías paganas, el que Dios nos había creado, pero sin tener relación lo relatado con la realidad; tan es verdad esto, que ahora dentro de la misma Iglesia se acepta la teoría de la evolución, aunque algunos, para salvar dizque la honra de Dios, la ponen como evolución mitigada, o sea, dirigida por Dios mismo, de lo cual ya hablamos antes.  Así, pensando de esta manera, Moisés se convierte en el autor del relato del Génesis, y no en el Profeta inspirado por el Espíritu Santo,[36] pues si todo esto es una evidente mentira, lógicamente no puede venir de Dios, sino que es tomado de la cultura, tradiciones y mitologías contemporáneas al autor.[37]  Yo pregunto:  ¿quién puede hablarnos del primer hombre?  ¿Quién nos puede decir qué cosa significaba este hombre para Dios, cuál era su plan para él?  Ciertamente Dios no quiere darnos un tratado de astronomía, de antropología, de geografía, de historia, etc., pero no pudo dejarnos sin una orientación exacta de quién es el hombre.  Este señalamiento no agota de ninguna manera lo que Dios quiere comunicarnos acerca de Adán, pero es suficiente para el primer grado de conocimiento, el resto vendría después.[38]  Así que deben creerse con fe divina y católica todas aquellas cosas que se contienen en la palabra de Dios escrita o tradicional, y son propuestas por la Iglesia como divinamente reveladas.[39]

Es una verdad incuestionable el que no habrá ninguna otra revelación que supere a la ya dada, pues toda la revelación se basa en revelar a Cristo, unión hipostática:  Dos naturalezas, humana y divina en una persona, la persona del Verbo; así que no puede haber ninguna otra revelación, pues sería aceptar a una nueva persona, otro mediador, otro redentor.  Si miramos con atención las dos citas del catecismo puestas como notas al pie (23 y 24), veremos como se reconoce que la revelación pública no está totalmente explicitada, lo cual está conforme a las palabras dichas por Jesús en la noche del jueves santo.[40]  Así que el punto medular de la revelación pública es revelar la persona de Jesús, de Él nos habla la Sagrada Escritura desde el Génesis hasta el Apocalipsis, y nunca habrá otra revelación pública, nunca habrá otro mediador.  Pero nuestro conocimiento de Él aún no es completo para poder llegar a imitarlo, a reproducir su imagen; falta la parte divina, ¿a qué imagen y semejanza se refiere la creación del hombre?  ¿Qué pasó con el plan de Dios cuando Adán cae?  ¿Cómo interactuaban la Voluntad Divina y humana en Jesús?  ¿Qué hacía esta Voluntad cuando de pequeño estaba en los brazos de su Madre, mientras se alimentaba al pecho de la Santísima Virgen?  ¿Qué hacía la Divinidad mientras Jesús oraba, caminaba, comía, dormía?  ¿Qué hacía mientras Jesús era azotado, coronado de espinas, clavado en la cruz?  Etc., etc., etc.  Esta parte no la conocemos aún, y como es inaccesible a la mente creada el conocerla, es necesaria la revelación para poder profundizar más en el misterio de la persona de Jesús como primogénito de toda criatura; si no, ¿cómo podríamos llegar a conocerla?[41]  Si no es así, la promesa de Jesús de que el Espíritu Santo nos conduciría hasta la verdad plena sería una falacia.

 

Ahora vayamos a la Sagrada Escritura:  Libro del Génesis

Capítulo I 1-5  En el principio creó Dios el cielo y la tierra.[42]  La tierra estaba informe y vacía, las tinieblas cubrían la superficie del abismo, y el espíritu de Dios se movía sobre las aguas.  Dijo, pues, Dios: Sea hecha la luz.[43] Y la luz quedó hecha, y vio Dios que la luz era buena, y dividió la luz de las tinieblas; a la luz la llamó día, y a las tinieblas noche; así de la tarde aquella y de la mañana siguiente resultó el primer día.[44]

En este primer día hay que aclarar varias cosas:  En la Creación la  finalidad primaria era el hombre, pero en vez de crear al hombre, primero creó cielo, sol, mar, tierra, aire, vientos, como habitación dónde poner a este hombre y hacerle encontrar todo lo que era necesario para hacerlo vivir.  No mencionamos la creación de los ángeles en este primer día, por haber sido tratada en la meditación de los ángeles.

Capítulo I 6-8  Dijo asimismo Dios: Haya un firmamento o una gran extensión en medio de las aguas, que separe unas aguas de otras.  E hizo Dios el firmamento, y separó las aguas que estaban debajo del firmamento de aquellas que estaban sobre el firmamento.  Y quedó hecho así, y al firmamento le llamó Dios cielo. Con lo que de tarde y de mañana se cumplió el día segundo.

Así que dijo sea el firmamento y sepárense las aguas de las aguas, porque para la vida terrestre se necesitaba el agua.  Pero ésta no debía estar toda sobre el globo o toda en el cielo, sino más bien descender cuando era justo, recogerse donde era justo, volver a subir por cuanto era justo, de otra manera la tierra se habría convertido en polvo o en un pantano.[45]

Capítulo I 9-13  Dijo también Dios: Reúnanse en un lugar las aguas que están debajo del cielo y aparezca lo árido o seco. Y así se hizo.  Y al elemento árido le dio Dios el nombre de tierra, y a las aguas reunidas las llamó mares.  Y vio Dios que lo hecho estaba bueno.  Dijo asimismo: Produzca la tierra hierba verde y que dé simiente, y plantas fructíferas que den fruto conforme a su especie, y contengan en sí mismas su simiente sobre la tierra. Y así se hizo.  Con lo que produjo la tierra hierba verde, que da simiente según su especie, y árboles que dan fruto, de los cuales cada uno tiene su propia semilla según la especie suya.  Y vio Dios que la cosa era buena.  Y de la tarde y mañana resultó el día tercero.

En el tercer día creó el mar reuniendo las aguas, el mar, el enorme depósito para la descarga de todas las aguas terrestres y para la alimentación de todas las aguas celestes que las nubes habrían después esparcido nuevamente sobre la tierra.[46]

Tres días para preparar la tierra para ser habitada, y en el tercer día la vistió de hierba y plantas para que pudiera recibir semillas y hacer nacer los vegetales.

Capítulo I 14-19  Dijo después Dios: Haya lumbreras o cuerpos luminosos en el firmamento del cielo, que distingan el día y la noche, y señalen los tiempos o las estaciones, los días y los años, a fin de que brillen en el firmamento del cielo, y alumbren la tierra. Y fue hecho así.  Hizo, pues, Dios, dos grandes lumbreras: la lumbrera mayor para que presidiese al día, y la lumbrera menor para presidir la noche; e hizo las estrellas.  Y las colocó en el firmamento o extensión del cielo, para que resplandeciesen sobre la tierra y presidiesen el día y a la noche, y separasen la luz de las tinieblas. Y vio Dios que la cosa era buena.  Con lo que de tarde y mañana, resultó el día cuarto.

Ahora, sobre la tierra, sobre la cual ya hay luz, agua y aire, he aquí que enciende la fuente del calor, y con el sol perfecciona la luz, y con las estrellas y la luna regula las mareas y las ráfagas de los vientos y de las aguas celestes.  He aquí la tierra pronta a recibir los animales.[47]

Capítulo I 20-23  Dijo también Dios: Produzcan las aguas reptiles animados que vivan en el agua, y aves que vuelen sobre la tierra, debajo del firmamento del cielo.  Creó, pues, Dios los grandes peces, y todos los animales que viven y se mueven, producidos por las aguas según sus especies, y asimismo todo lo volátil según su género. Y vio Dios que lo hecho era bueno.  Y los bendijo, diciendo: Creced y multiplicaos y henchid las aguas del mar, y multiplíquense las aves sobre la tierra.  Con lo que de la tarde y mañana resultó el día quinto.

La escritura es muy clara:  Según su especie y según su género; en el caso de los vegetales que tengan semilla, y en el caso de lo animales simiente para que se puedan reproducir, pero siempre dentro de su misma especie, sin saltos entre las diversas especies.

Capítulo I 24-25  Dijo todavía Dios: Produzca la tierra animales vivientes en cada género, animales domésticos, reptiles y bestias silvestres de la tierra, según sus especies. Y fue hecho así.  Hizo, pues, Dios las bestias silvestres de la tierra según sus especies, y los animales domésticos, y todo reptil terrestre según su especie. Y vio Dios que lo hecho era bueno.[48]

 

Este relato deja grandes interrogantes y ha dado pie a la ciencia para tratar de explicar el origen de todo por evolución, por lo que forzosamente deben recurrir a la extensión de miles de millones de años y a fuerzas externas CASUALES,[49] las que dieron, según ellos, origen a todo lo creado.  Oigamos las palabras de Jesús dichas a Luisa Piccarreta acerca de este tema:

«Hija mía, ven junto conmigo y mira el gran vacío que existe entre el Cielo y la tierra.  Este gran vacío antes de que mi Fiat se pronunciara era horrible al verse, todo era desorden, no se veía ni división de tierra, ni de aguas, ni de montes, era un amasijo que daba pavor; en cuanto mi Fiat se pronunció todas las cosas rodaron agitándose entre ellas, y cada una tomó su puesto, quedando todas ordenadas con la marca de mi Fiat eterno, y no pueden apartarse si mi Fiat no quiere.  La tierra no daba ya pavor, es más, al ver la vastedad de los mares, sus aguas ya no fangosas sino cristalinas, su dulce murmullo, como si las aguas fueran voces que quedito, quedito hablasen entre ellas, sus olas fragorosas que a veces se levantan tanto que parecen montes de agua y que después caen en el mismo mar; ¿cuánta belleza no contiene, cuánto orden y cuánta atención no despierta en la criatura?  Y luego, la tierra toda pintada de verde y florida, ¿cuánta variedad de belleza no contiene?  Sin embargo es nada aún, el vacío no estaba del todo lleno, y así como mi Fiat se movió sobre la tierra y dividió las cosas y ordenó la tierra, así moviéndose arriba, en lo alto, extendí los cielos, los adorné con estrellas, y para llenar el vacío de la oscuridad creé el sol, el que haciendo huir las tinieblas llenó de luz este gran vacío y puso el realce de toda la belleza a todo lo creado.  Entonces, ¿quién fue la causa de tanto bien?  Mi Fiat Omnipotente, pero este Fiat quiso el vacío para crear esta máquina del universo»

No debería existir tanta divergencia entre ciencia (razón) y revelación; si la ciencia es verdadera, llevada por una recta razón, sin la finalidad de desconocer a Dios, sino sólo con la intención de conocer la verdad, no puede haber choque entre ella y la fe.[50]  La sola belleza de todas las cosas creadas debería dirigir nuestra mente a Dios, pues en ellas refulge Dios mismo.[51]  Pero como no hemos querido reconocerlo, ensoberbecidos por nuestra «ciencia humana» y dispuestos a aceptar las más denigrantes teorías con tal de no reconocernos como criaturas, y por ende dependientes de Dios, Él, nuestro Padre, ha permitido que quedemos en la más terrible oscuridad, pues no hay peor ceguera que la de aquel que no quiere ver.[52]  Veamos las palabras de San Pablo en la carta a los Romanos capitulo I 9-25  «Puesto que ellos han conocido claramente lo que se puede conocer de Dios, porque Dios se los ha manifestado.  En efecto, las perfecciones invisibles de Dios, aun su eterno poder y su divinidad, se han hecho visibles después de la creación del mundo, por el conocimiento que de ellas nos dan sus criaturas; y así tales hombres no tienen disculpa; porque habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias; sino que ensoberbecidos devanearon en sus discursos, y quedó su insensato corazón lleno de tinieblas; y mientras se jactaban de sabios, fueron unos necios, hasta llegar a transferir a un simulacro en imagen de hombre corruptible, y a figuras de aves, y de bestias cuadrúpedas, y de serpientes, el honor debido solamente a Dios incorruptible o inmortal»

Exacta similitud con la ciencia moderna, que con tal de no reconocer a Dios como creador, es capaz de poner a la materia, al caos inicial, a la casualidad, a las leyes naturales, a los animales, como origen de todo, y como origen del mismo hombre.

 


El Hombre

 

Capítulo I 26-27 Y por fin dijo: Hagamos[53] al hombre[54] a imagen y semejanza nuestra; y domine a los peces del mar, y a las aves del cielo, y a las bestias, y a toda la tierra, y a todo reptil que se mueve sobre la tierra.  Creó, pues, Dios, al hombre a imagen suya, a imagen de Dios le creó; los creó varón y hembra.

Hasta aquí se han pronunciado cinco palabras, cinco ordenes del Ser Supremo,[55] con las cuales ha creado y ordenado todo.  Nada se aparta de su mandato; de la misma nada, por su poder, todo ha salido a la luz como un fiel reflejo de sus perfecciones y bellezas para ornamentar su obra ad extra, el universo entero, obra que servirá para albergar su más caro ideal, su obra más bella, la criatura que debía servir para permitirle a Él, al Ser Supremo, el gozar en ella su misma creación, esta criatura es «el Hombre»  Formó, pues, el Señor Dios al hombre del lodo de la tierra, y le inspiró en el rostro un soplo o espíritu de vida, y quedó hecho el hombre viviente con alma racional.  El espíritu es esencia salida de Dios; piensen que el alma es soplo infundido por Dios.  En el Génesis se dice:  El Señor Dios formó al hombre con el fango de la tierra y le inspiró en la cara el soplo de la vida.  No digan:  Para darle vida.  No, para dar vida a los animales domésticos o selváticos, cuadrúpedos, reptiles, peces, pájaros que fuesen, no tuvo necesidad de inspirar en su cara el soplo vital, los creó y basta.  El soplo de Dios es el alma, el alma vida.  Es el aliento del Espíritu de Dios que se vuelve espíritu vital en el hombre.  Abran los evangelios, ¿con qué creen que Él daba vida a los muertos?  ¿Con la mano?  ¿Con la voz?  No, infundiendo su aliento, que por ser Dios era vital, o sea espiritual, era alma.  Se inclinaba sobre los muertos y los tomaba de la mano y ordenaba:  levántate, sí, pero esto era la forma exterior y visible.  Mientras se inclinaba infundía en su cara el espíritu, la efusión de su Espíritu, y volvía a la vida.  En Lázaro no se acercó, por eso, en ese milagro invocó la ayuda del Padre, y aprendan, para tener lo que pedía, sin fallo, le agradeció antes del milagro por haberlo oído.

En el Vol. 12  24/02/19, Jesús le dice a Luisa Piccarreta:  «Hija mía, nada has dicho de la creación del hombre, de la obra maestra de la potencia creadora, donde el Eterno, no a gotitas, sino a olas, a ríos ponía su amor, su belleza, su maestría y llevado por el exceso de amor se ponía a Sí mismo como centro del hombre; pero Él quería al hombre como una digna habitación, ¿qué hace entonces esta Majestad Increada?  Crea al hombre a su imagen y semejanza, y desde el fondo de su amor hace salir un respiro y con su aliento omnipotente le infunde la vida, dotando al hombre de todas sus cualidades, proporcionadas a la criatura, haciéndolo un pequeño dios.  Así que todo lo que ves en lo creado es nada en comparación a la creación del hombre; ¡oh! cuántos cielos, estrellas y soles mucho más bellos extendía en el alma creada, cuánta variedad de belleza, cuántas armonías, basta decir que miró al hombre creado y lo encontró tan bello, que se enamoró de él, y celoso de este su portento, Él mismo se hizo custodio y poseedor del hombre y dijo:  'Todo lo he creado para ti, te doy el dominio de todo, todo es tuyo, y tú serás todo mío.'  Tú no podrás comprender del todo los mares de amor, las relaciones íntimas y directas, la semejanza que corre entre Creador y criatura; ¡ah! hija de mi corazón, si la criatura conociera cuán bella es su alma, cuántas dotes divinas contiene, y cómo entre todas las cosas creadas sobrepasa a todo en belleza, en potencia, en luz, tanto, que se puede decir:  'Es un pequeño dios y un pequeño mundo que todo en sí contiene.'[56]  ¡Oh! si lo conociera, cómo ella misma se estimaría de más y no ensuciaría con la más leve culpa una belleza tan singular, un prodigio tan portentoso de la potencia creadora.  Pero la criatura, casi ciega en el conocerse a sí misma, y mucho más ciega en el conocer a su Creador, se va ensuciando con mil suciedades, en forma tal que desfigura la obra del Creador, tanto, que difícilmente se reconoce»

 

Imagen y Semejanza

 

Dice Sto. Tomás:  El hombre ha sido creado a imagen y semejanza de Dios.  Sin embargo, esta imagen divina no es unívoca y perfecta, sino analógica e imperfecta.[57]  Su explicación es la siguiente:  Sólo el Verbo Divino es imagen unívoca y perfectísima del Padre.  Las criaturas no pueden serlo en esta forma, «en virtud de la distancia infinita que existe entre el Creador y las criaturas»  Sólo cabe en ellas una imagen o semejanza analógica e imperfecta, que, sin embargo, eleva al hombre a una dignidad sublime, incomparablemente por encima de toda la creación corpórea y animal.[58]

San Agustín dice:  Donde hay imagen hay también semejanza, pero donde hay semejanza no siempre hay imagen.  La semejanza es algo esencial a la imagen; pero la imagen añade al concepto de semejanza el ser sacada de otro, ya que se llama imagen precisamente por hacerse imitando a otro.  De ahí que un huevo, por más que sea semejante e incluso igual a otro huevo, no es imagen del mismo, puesto que no procede de él.  Es evidente que en el hombre hay una semejanza de Dios, puesto que procede de Él como ejemplar; «pero no es una semejanza de igualdad», ya que el ejemplar es infinitamente superior a lo ejemplado.

Agrega Sto. Tomás:[59]  El primogénito de toda criatura (Col. I 15) es la imagen perfecta de Dios, que cumple exactamente las condiciones esenciales a la imagen.  Por eso se dice de Él que es «imagen», no «a imagen».  El hombre en cambio es «imagen» por la semejanza; pero es «a imagen» por la imperfección de esa semejanza (???).  Y, puesto que la semejanza perfecta de Dios sólo puede darse en la identidad de naturaleza, su imagen se da en el Verbo como la imagen del rey en su hijo natural; mas en el hombre, como en una naturaleza ajena,[60] se da la imagen de Dios como la imagen del rey en una moneda de plata.

Así las cosas, aceptando que no habrá nada que agregar al conocimiento de Jesús, que nunca podremos alcanzar la imagen y semejanza que Dios ¿nos puso? al crearnos, desechando las palabras de Jesús que nos quiere en la misma unidad de las Tres Divinas Personas,[61] ¿qué podremos hacer?  ¿Recurrir a la razón para lograr saber qué debo imitar de Jesús?  Equivaldría a decir que podemos saber a ciencia cierta lo que otra persona hace, ha hecho, piensa, etc., sin que ella nos lo diga.  ¿Quedar con la frustración de no haber podido hacerlo por no haberlo conocido, porque Jesús no lo dijo expresamente en su Evangelio, ni lo sugirieron o indiciaron los apóstoles o los padres de la Iglesia?  Sería tanto como decir que la Virgen María no podía decir nada nuevo de Jesús porque los profetas no habían mencionado nada de eso; ¡qué locura, qué soberbia!  Aparte de que Jesús sí dejó indiciado el que aún había más, y que se nos daría después, cuando pudiéramos con ello, pues en ese momento no lo podríamos entender.  Por lo tanto debe ser revelado.  ¿A quién?  ¿Cuándo?  A quien Dios quiera y cuando Dios quiera.  Él no está sujeto a las normas, mas bien las normas deben sujetarse a Él.

Hasta el momento actual, la mística sólo ha llegado al punto de la conformidad de voluntades, al vivir conforme las normas que nos dejó con su ejemplo, con su palabra, imitando alguna o algunas de las características de su vida, pero eso no quiere decir que hayamos reproducido en nosotros su vida, y sólo lo han logrado aquellos que han llevado una vida totalmente consagrada, aunque en forma parcial, no total, lo cual sería imposible para el total de la humanidad, sin embargo, esto ha sido decretado para TODOS, no para unos cuantos.  Si la revelación privada no agregara nada, Conchita Cabrera de Armida, que superó con mucho a los místicos de la conformidad de voluntades (San Juan de la Cruz, Sta. Teresita, etc.) no existiría, y ella es el ejemplo de cómo una simple persona, en su hogar, dedicada a su esposo e hijos, puede alcanzar la más alta perfección (Encarnación Mística), que nadie más ha logrado, a excepción de su guía espiritual Mons. M. Martínez.

Debemos aspirar a ser imagen de Jesús, pero no sólo en la parte externa, no, sino tratar de ser imagen de Él en la parte interna, para que así Él pueda, sin estorbos, repetir su vida en nosotros y hacernos partícipes de su naturaleza divina, elevándonos al rango de imagen y semejanza perfecta, al igual que Él. (imagen unívoca)  ¿Herejía, soberbia, fantasía de la imaginación?  Claro que no.  Este, que era el verdadero trabajo del hombre, crecer en esta imagen y en esta semejanza, quedó, debido al pecado original fuera del alcance, pues para poder lograrlo Dios había plantado en el centro del Edén el árbol de la vida, del cual el hombre debía alimentarse continuamente, pero que Dios resguardó poniendo guardia de Querubines con espada de fuego para evitar que el hombre pudiera llegar a él.  (Valga una aclaración, este árbol existe, pues no dice que Dios lo quitó, sino que resguardó el camino para que el hombre no llegara y comiera de él).

 

Participación de la Naturaleza Divina

Recurramos en primer lugar a la Sagrada Escritura para escudriñar y ver si es que existe alguna referencia al respecto:

«Mas no ruego sólo por éstos, sino también por aquellos que, mediante la palabra de ellos crean en Mí, a fin de que todos sean uno, como Tú, Padre, en Mí y Yo en Ti, que ellos también sean uno en Nosotros, para que el mundo crea que Tú me has enviado.  Y la gloria que Tú me diste, Yo se la he dado a ellos, para que sean uno como Nosotros somos uno:  Yo en ellos y Tú en Mí, a fin de que sean perfectamente uno, y que el mundo sepa que Tú me has enviado»[62]

«Llevando siempre en nuestro cuerpo la mortificación de Jesús, para que su vida se manifieste en nuestra carne mortal»[63]

«También por Él mismo nos ha dado Dios las grandes y preciosas gracias que había prometido, para haceros partícipes, por medio de estas mismas gracias, de la Naturaleza Divina»[64]

Debemos reconocer que es un trabajo que no se puede realizar con las fuerzas naturales, que la criatura no puede llegar a tanto; debe ser Él mismo quien lo haga, y nosotros simplemente desearlo, hacerlo hacer, no digo dejarlo hacer, pues eso implicaría una actitud pasiva, al igual que los protestantes creen que se salvarán sólo con aceptar a Jesús como salvador, sin ninguna participación personal, no, no, hacerlo hacer implica un actuar, un esfuerzo personal, un despojarnos del hombre viejo, como dijo San Pablo:  «Pues en ella habéis oído predicar y aprendido, según la verdad de su doctrina, a desnudaros del hombre viejo, según el cual habéis vivido en vuestra vida pasada, el cual se vicia siguiendo la ilusión de las pasiones.  Renovaos, pues, ahora en el espíritu de vuestra mente o interior de vuestra alma, y revestíos del hombre nuevo, que ha sido creado conforme a la imagen de Dios en justicia y santidad verdadera»[65]  Sólo quiere encontrarnos con la completa disposición de renuncia, para así poder poner en ese vacío que quede después de esa renuncia, su vida como vida de nosotros, para que así, al igual que Jesús y cumpliendo la petición del “Padre Nuestro”, se haga en nosotros la Voluntad de Dios como en el Cielo así en la tierra.  ¡Renunciar a todo para poder conformarnos en todo a la Divina Voluntad, y dejar que sea Ella la que nos transforme en Jesús.  !Este, renunciar, despojarnos, conlleva un sacrificio, un sufrir; no profundizamos en este tema del sufrimiento por haber sido tratado ya en la meditación del sufrimiento.

El Catecismo de la Iglesia Católica, en el N° 475 dice:  «Cristo posee dos voluntades y dos operaciones naturales, divinas y humanas, no opuestas, sino cooperantes, de forma que el Verbo hecho carne, en su obediencia al Padre, ha querido humanamente todo lo que ha decidido divinamente con el Padre y el Espíritu Santo para nuestra salvación.  La voluntad humana de Cristo sigue a su Voluntad Divina sin hacerle resistencia ni oposición, sino todo lo contrario estando subordinada a esta Voluntad Omnipotente»

Así debemos ser nosotros para poder decir que somos hermanos de Cristo, que formamos parte de la misma Familia, pues su Familia es la Divina.  ¿Qué se necesita para lograrlo?  Se necesita una Voluntad Divina actuante que habite en nosotros y nuestra voluntad humana cooperante y subordinada a Ésta, para dejar que Ella sea la que actúe, y así nuestros actos sean actos de Dios, no sólo nuestros, y Él pueda habitar realmente en nosotros para formar una sola cosa, según las palabras de Jesús.

En el N° 521, el mismo Catecismo dice:  «Todo lo que Cristo vivió hace que podamos vivirlo en Él y que Él lo viva en nosotros.  “El Hijo de Dios con su encarnación se ha unido en cierto modo con todo hombre” (GS 22,2).  Estamos llamados a no ser más que una sola cosa con Él; nos hace comulgar en cuanto miembros de su Cuerpo en lo que Él vivió en su carne por nosotros y como modelo nuestro»

Debemos continuar y cumplir en nosotros los estados y misterios de Jesús, y pedirle que los realice y lleve a plenitud en nosotros y en toda su Iglesia.  Porque el Hijo de Dios tiene el designio de hacer participar y de extender y continuar sus misterios en nosotros y en toda su Iglesia por las gracias que Él quiere comunicarnos y por los efectos que quiere obrar en nosotros gracias a estos misterios.  Y por este medio quiere cumplirlos en nosotros.

En el número 460 dice:  «El Verbo se encarnó para hacernos partícipes de la “Naturaleza Divina”  Porque tal es la razón por la que el Verbo se hizo hombre, y el Hijo de Dios, hijo del hombre, para que el hombre al entrar en comunión con el Verbo y al recibir así la filiación divina, se convirtiera en hijo de Dios. (S. Irineo)  Porque el Hijo de Dios se hizo hombre para hacernos dios. (S. Atanasio)  El Hijo unigénito de Dios, queriendo hacernos partícipes de su Divinidad, asumió nuestra naturaleza, para que, habiéndose hecho hombre, hiciera dioses a los hombres» (Sto. Tomás)

Y así podríamos continuar, pero esto es una pequeña comprobación de que esta es la Voluntad de Dios:  «Que seamos iguales a su Hijo»

A este respecto, de imagen y semejanza, veamos estas palabras de Jesús a Luisa Piccarreta:  «No podemos decir que la obra de la Creación esté por Nosotros terminada si nuestra Voluntad, como fue decretado por Nosotros, no obra en la criatura y vive con la libertad, santidad y potencia con la que obra y vive en Nosotros; es más, éste es el punto más bello, más culminante, más fúlgido y el sello del cumplimiento de la obra de la Creación y de la Redención.  Estos son decretos divinos y deben tener su pleno cumplimiento, y para cumplir este decreto queremos servirnos de otra mujer, la cual eres tú; fue la mujer la que incitó, la causa por la que el hombre se precipitó en sus desventuras, y Nosotros queremos servirnos de la mujer para poner las cosas en orden y hacer salir al hombre de sus desventuras y restituirle el decoro, el honor, la verdadera semejanza nuestra, como fue por Nosotros creado, por eso sé atenta, no tomes las cosas a la ligera, aquí no se trata de una cosa cualquiera, sino se trata de decretos divinos y de darnos campo para hacernos cumplir la obra de la Creación y Redención»[66]

«Hija de mi Querer, esta Luz que tú ves no es otra cosa que mi Voluntad, que quiere consumir tu voluntad para darte la forma de nuestra imagen, esto es, de las Tres Divinas Personas, de modo que transformándote toda en Nosotros, dejaremos en ti nuestro Querer como actor divino que nos semeje en nuestras obras y nos dé la correspondencia de lo que hacemos Nosotros, así que saldrán de Nosotros nuestras imágenes, y nuestro Querer obrante en ti hará otro tanto.  ¡Oh! cómo la finalidad de la Creación será completada, el eco de nuestro Querer será el eco de nuestro Querer poseído por ti, la correspondencia será recíproca, el amor será recíproco, estaremos en plena armonía, la criatura desaparecerá en su Creador y entonces nada faltará a nuestra alegría, a nuestra felicidad, por las cuales hicimos salir fuera a la Creación; el hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza tendrá su efecto, y sólo nuestro Querer, como actor en la criatura, dará cumplimiento a todo y la Creación nos traerá la finalidad divina y la recibiremos en nuestro regazo como obra nuestra, como la hicimos salir»[67]

Podríamos seguir mostrando capítulos donde se dice que la criatura podrá adquirir la imagen y semejanza perfecta.  No como algo nuevo, una nueva forma de santidad, no, es todo lo contrario, es readquirir la santidad de origen, la santidad con la cual fue creado Adán, y que de no haber sido por el pecado original todos nosotros la habríamos heredado.

Así que necesitamos conocer a Adán para saber qué hizo Dios en él y ponerlo en nosotros a través de la Divina Voluntad obrante.  Pero ¿cómo lo sabré si no es a través de la revelación privada?  Aunque debo decirlo, las verdades acerca de la Divina Voluntad no son revelación, no, son la tercera gran obra de Dios; no se puede decir que Luisa es una vidente, sería como decir que María fue otra vidente.  Es a través de esta obra que Dios nos da la posibilidad de readquirir en nosotros la vida de su Voluntad, para hacer crecer la Vida Divina que nos fue injertada en el Bautismo.

Por haber estado ocultas estas verdades, es que vemos la naturaleza humana tan lejana de Dios,[68] e incluso la vemos inferior a la naturaleza angélica, cuando que nuestra naturaleza es infinitamente superior.  Esto merece aclaración:

Sto. Tomás pone al acto intelectivo como el primer acto de Dios, al cual le sigue el acto volitivo.  Planteado así, una naturaleza sería superior a otra en función de su capacidad intelectiva, y como sabemos que la inmaterialidad es la base del conocimiento, por eso pone a la naturaleza angélica, que es totalmente inmaterial, como superior a la humana, a la cual su materia le sirve de estorbo para su conocer, pues todo lo debe recibir a través de los sentidos y no de las especies intelectivas.  Pero debemos volver a revisar lo dicho en los ángeles, y ahí veremos que la naturaleza angélica está limitada a la participación que Dios les dio en el momento mismo de su creación, que va de 1 a 9 extensiones de conocimiento de su Voluntad, y una vez confirmados en su bienaventuranza, son INCAPACES de volver a tener un conocimiento más, por lo que debemos decir que son seres limitados desde su creación, pues así los quiso Dios, y al que le participó una extensión de conocimiento, aunque lo quisiera, lo cual no sucede pues está totalmente conforme a su estado, no tendría capacidad de tomar más, pues no le fue dada esta capacidad.  Pero lo más importante es que ellos no participan del acto creciente y del acto conquistante, cosa que el hombre sí tiene esta prerrogativa, y no le fue puesto un límite, sino que Dios le da la plena libertad de tomar y vivir cuantas extensiones de conocimiento quiera, y con cada conocimiento realizar actos mayores, los cuales irán engrandeciendo la Vida Divina en la criatura.  Así que la aparente inferioridad de la naturaleza humana, en realidad es superioridad, pues gracias a este actuar en el tiempo, con actos sucesivos, nos permite una participación infinitamente mayor que la de los ángeles.

Aunado a lo anterior, tenemos que decir que la materia de nuestra naturaleza, lo que para Sto. Tomás es una inferioridad, sirve como la tierra a las flores, que se presta para formar las bellas floraciones que casi la esconden y la cubren con la variedad de sus bellezas.  Si no fuera por la tierra, a las flores les faltaría el lugar para formarse la vida para poder nacer y hacer su bella aparición, y el sol no encontraría a quién comunicar el desahogo de sus bellos colores y de sus puras dulzuras.  Así es la naturaleza humana para el alma que vive en la Divina Voluntad, es como tierra fecunda y pura que se presta para dar el campo de acción y hacerla formar no solo las bellas floraciones, sino para hacer aparecer tantos soles por cuantos actos hace.  Es un encanto de belleza ver la naturaleza humana que vive en la Divina Voluntad, cubierta y escondida como bajo de un prado florido, todo investido de luz fulgidísima, el alma por sí sola no habría podido formar tantas variedades de belleza, mientras que unida con la naturaleza humana material encuentra las pequeñas cruces, las necesidades de la vida, las variedades de las circunstancias, ahora dolorosas, ahora alegres, que como semillas se sirve de ellas para sembrarlas en la tierra de la naturaleza humana para formar su campo florido.  El alma[69] no tiene tierra y no podría producir ninguna floración; en cambio unida con el cuerpo, ¡oh! cuántas más bellas cosas puede hacer.[70]  ¡Bendita inferioridad que nos hace ser superiores a todo lo creado!

Otro punto a considerar es el que Dios forma a la naturaleza humana de acuerdo al modelo de la Humanidad del Verbo, el cual se iba a encarnar aunque no hubiera habido pecado, pues esta encarnación era la finalidad de la creación, Él quería repetir su vida en la criatura para gozar, junto con ella, de sus mismos atributos puestos en las cosas creadas.  Así que la naturaleza humana contiene en sí todo lo necesario para albergar a la Divinidad, en cuanto a criatura es posible, para repetir la Vida Divina; por eso, no es inferior, sino superior, pues está destinada a incorporar en ella a la Divinidad.  En su Hijo esto se dio por la unión hipostática, y como ésta no se podía repetir, Dios nos dota con una voluntad y un libre albedrío, con los cuales nos podemos unir a la Divina Voluntad, y por medio de su acción en nosotros ir adueñándonos de la misma vida del Verbo encarnado, y llegar así a ser otro Jesús, no sólo el portador de Jesús, sino identificarnos a través de su Voluntad obrante en nosotros a su misma vida, convirtiendo en naturaleza divina nuestros más pequeños actos, y volviendo la Vida Divina naturaleza nuestra.

El primero en plantearse si la encarnación se hubiera llevado a cabo aunque Adán no hubiera pecado fue el abad Ruperto en el siglo XII.  Así piensa San Alberto Magno y, sobre todo, Escoto y sus discípulos.  San Francisco de Sales, Sto. Tomás, San Buenaventura, Capreolo, Cayetano, etc, piensan que no, aunque Tomás dice en la primera cuestión del tratado del Verbo encarnado en la Suma Teológica, que la encarnación en sí misma es convenientísima por dos razones principales:  Por la naturaleza misma de Dios, que le conviene comunicarse en grado sumo, o sea, asumiendo una naturaleza creada y elevándola a la unión personal con Él, que es la suprema y máxima comunicación posible.  Y para la manifestación de los divinos atributos:  la encarnación del Verbo nos da a conocer de forma admirable la infinita bondad, misericordia, justicia, sabiduría, poder.

 

Continuamos

Capítulo I 28-31. Y les echó Dios su bendición y dijo: Creced y multiplicaos,[71] y henchid la tierra, y enseñoreaos de ella, y dominad a los peces del mar y a las aves del cielo y a todos los animales que se mueven sobre la tierra. Y añadió Dios: Ved que os he dado todas las hierbas las cuales producen simiente sobre la tierra, y todos los árboles los cuales tienen en sí mismos simiente de su especie, para que os sirvan de alimento a vosotros, y a todos los animales de la tierra, y a todas las aves del cielo, y a todos cuantos animales vivientes se mueven sobre la tierra, a fin de que tengan que comer. Y así se hizo. Y vio Dios todas las cosas que había hecho; y eran en gran manera buenas. Con lo que de la tarde y de la mañana se formó el día sexto.

Hasta aquí nuestro relato.  Como vemos, esta revelación, no forma literaria, alegoría, etc., encierra en sí misma una gran realidad, un gran proceso de creación de Dios, donde Él se creaba a Sí mismo en la criatura.[72]

Escuchemos de los propios labios de Jesús algo acerca de Adán:  «Adán en virtud del primer período de su vida inocente y hecha toda en la unidad de nuestro Fiat, posee tal gloria y belleza que ninguno lo puede igualar, y sólo al verlo, todos los bienaventurados reconocen cuan bella fue, majestuosa, enriquecida de tanta gracia, la creación del primer hombre, al mirarlo se ve en él el bien incalculable de la Divina Voluntad en la criatura, la alegría y la felicidad que puede poseer, y sólo en él, como dentro de un espejo, ven los bienaventurados cómo fue creado el hombre, el amor exuberante que le dimos, las riquezas con las que lo enriquecimos, cómo todo le dimos, por cuanto la criatura podía contener, hasta desbordar fuera y poder inundar toda la tierra; si esto no fuese, que en Adán no se viera toda la magnificencia de la obra de nuestras manos creadoras, ni siquiera en el Cielo se podría conocer lo que hicimos de grande en la Creación y lo que hace y puede hacer la criatura en nuestra Divina Voluntad; es nuestro amor que lo exige y también nuestra Justicia que quiere tener en el Cielo la realidad de aquella imagen, cómo fue creado el hombre y no algún otro, sino aquél mismo que salió de nuestras manos creadoras, a fin de que si no lo conocen en la tierra, lo conozcan en el Cielo; miran su origen en Adán y agradecidos me dan las gracias y ruegan que venga a reinar mi Fiat sobre la tierra y forme otras imágenes más bellas que Adán, porque él no fue obra completa en mi Querer Divino, sino período de vida, sólo la Soberana Reina posee vida y obras completas en mi Fiat, por eso no hay quien la pueda igualar, y mi Querer quiere hacer otras vidas completas en Él para repetir lo que hizo en la Creación y hacer conocer a la tierra en qué modo y orden fue creada la criatura y lo que puede hacer de grande, de bello, de santo mi Divina Voluntad en ella.

Además de esto tú debes saber que hasta ahora no he manifestado a ninguno, ni las grandes dotes de Adán, ni la sublimidad, grandeza y santidad suyas, porque vivió en su primer período de su vida en la unidad de mi Querer, y en virtud de estos actos suyos hechos en Él, su gran gloria que goza en el Cielo; más bien pensaban muchos que como se deslizó en la culpa, a lo más pudiera tener una gloria común a todos los demás bienaventurados, o tal vez menos que los demás.  Pero queriendo restablecer de nuevo el reino de mi Divina Voluntad, siento en Mí una necesidad de amor de manifestar la primera época de la Creación y el primer período de la vida de Adán, toda de Voluntad Divina y su gloria que goza en el Cielo en virtud de Ella, a fin de que conociendo las otras criaturas tanto bien, se dispongan y suspiren el Fiat Divino como en el Cielo así en la tierra»[73]

 

¿Qué podemos decir?  Es muy difícil hacer alguna consideración sobre este tema, pues si aceptamos que Adán es simplemente una alegoría, como lo proponen algunos sectores de la Iglesia moderna, tenemos que concluir que todo es mentira:  mentira la creación del hombre, mentira el pecado original, mentira la caída del hombre, mentira la necesidad de un Redentor, mentira la Inmaculada Concepción, mentira la misión redentora de Jesús, mentira la misma Iglesia brotada de lo más profundo de su corazón, mentira los sacramentos, mentira la bienaventuranza eterna, y ahora, mentira las palabras de Jesús acerca de la restitución del hombre a la santidad original, todo lo referente al Fiat Voluntas Tua es, ni más ni menos, que producto de una mente exaltada,[74] de una imaginación demasiado soberbia que merece ser puesta en el olvido sin tomarla en cuenta.  Si nos unimos a la Iglesia tradicional, que acepta a Adán como un ser real, padre de toda la familia humana, creado directamente por Dios, el cual lo dotó con innumerables dones, tenemos que acatar el que ninguna revelación privada puede agregar algo más a la pública, y todo es simplemente una forma piadosa de interpretar, pero que no puede ser aceptado como depósito de fe.  ¿Tendremos que esperar a que Dios ponga su mano y diga «basta» y Él mismo abra la inteligencia de su Iglesia para que sea aceptado el Fiat Voluntas Tua?

Parece insoluble la cuestión, pero esto es porque vemos con ojos humanos, no divinos.  Cuando Luisa es condenada y sus libros puestos en el índice de libros prohibidos, Jesús le dice las siguientes palabras, las cuales deberíamos de tomar como dichas para nosotros en los tiempos actuales, y confiar ciegamente en su palabra:

«Con su condena creen hacer morir lo que he dicho sobre mi Divina Voluntad, en vez de esto permitiré tales flagelos, incidentes tristes, que haré resurgir mis verdades más bellas, más majestuosas en medio de los pueblos.  Por eso, por parte mía y tuya no nos apartemos en nada, sigamos haciendo lo que hemos hecho, aunque todos se pongan en contra.  Éste es mi modo divino de obrar, que por cuantos males hagan las criaturas no aparto jamás mis obras, las conservo siempre con mi potencia y virtud creadora por amor de quien me ofende, las amo siempre, sin cesar jamás.  Con no apartarnos nunca, nuestras obras son cumplidas, quedan siempre bellas, hacen bien a todos; si nos apartáramos, todas las cosas irían a la ruina, ningún bien se podría cumplir.  Así que también en esto te quiero junto conmigo, siempre firme, sin apartarte jamás de dentro de mi Voluntad, y hacer lo que has hecho hasta ahora, atenta a escucharme para ser la narradora de mi Voluntad.

Hija mía, lo que no aprovecha hoy aprovechará mañana, lo que ahora parece tinieblas porque encuentra mentes ciegas, mañana, para otros que tienen ojos se cambiará en sol, y cuánto bien harán.  Por eso continuemos lo que hemos hecho, hagamos por parte nuestra lo que se necesita, a fin de que nada falte de ayuda, de luz, de bien, de verdades sorprendentes para que sea conocida mi Voluntad y reine.  Yo me serviré de todos los medios, de amor, de gracias, de castigos, tocaré por todos los lados de las criaturas para hacer reinar mi Voluntad, y cuando parezca como si el verdadero bien debiese morir, resurgirá más bello y majestuoso»[75]

 

Una curiosa nota tomada del Catecismo de la Iglesia Católica en su número 349, dice:  «El séptimo día acaba la primera creación.  Y el octavo día comienza la nueva creación»  ¿Cuál, sino aquella de la que hemos estado hablando?

Así que estamos ya en posibilidad de poder decir:  El hombre actual NO es el hombre creado por Dios, por lo tanto no debemos tomarlo en cuenta para tratar de aplicar nuestras conjeturas del cómo y del por qué de su creación.  Esta afirmación podría tomarse por una herejía, sin embargo es una enorme realidad que nos ayudará a profundizar en esta gran obra de Dios, su obra maestra.

Terminemos este ensayo con algunas palabras dichas por Nuestro Señor a Luisa piccarreta acerca del «hombre»:

«Hija mía, mira qué armonía, qué orden en todas las cosas creadas, y cómo todas salieron a vida del Fiat eterno, así que todo me costó un Fiat.  La más pequeña estrella como el refulgente y espléndido sol, la más pequeña planta como el gran árbol, el pequeño insecto como el animal más grande, parece que dicen entre ellos:  'Somos nobles criaturas, nuestro origen es el Querer eterno, todos tenemos el sello del Fiat Supremo, es verdad que somos distintos y diferentes entre nosotros, tenemos diversidad de oficios, de calor, de luz, pero esto dice nada, uno es nuestro valor, el Fiat de un Dios; única la vida y nuestra conservación, el Fiat de la Majestad Eterna.'  ¡Oh, cómo todo lo creado habla elocuentemente de la potencia de mi Querer y enseña que desde la cosa más grande hasta la más pequeña, uno es su valor, porque tienen vida por el Querer Divino!  En efecto, una estrella diría al sol, es cierto que tú tienes mucha luz y calor, tu oficio es grande, tus bienes son inmensos, la tierra casi depende de ti, tanto que yo hago nada en comparación con lo que haces tú, pero tal te hizo el Fiat de un Dios, así que nuestro valor es igual, la gloria que damos a nuestro Creador es toda semejante.”

Después ha agregado con un acento más afligido:  “No fue así al crear al hombre.  Es verdad que su origen es mi Fiat, pero no me bastó, sino que llevado por un exceso de amor le di el aliento queriendo infundirle mi misma vida, lo doté de razón, lo hice libre y lo constituí rey de todo lo creado, pero el hombre ingrato, ¿cómo me ha correspondido?  Entre todo lo creado sólo él se ha vuelto el dolor de mi corazón, la nota discordante.  Y además, qué decirte de mi trabajo en la santificación de las almas, no solo un Fiat, no uno mi aliento, sino que pongo a su disposición mi misma vida, mi amor, mi sabiduría, pero cuántos rechazos, cuántas derrotas recibe mi amor»[76]

«Hija mía, la creación del hombre fue el centro donde nuestra Divinidad concentraba todos los bienes que debían surgir en la criatura, poníamos en ella Vida Divina y Voluntad Divina, vida humana y voluntad humana; la vida humana debía servirnos de habitación, y las dos Voluntades fundidas juntas debían hacer vida en común, con sumo acuerdo, más bien la voluntad humana debía tomar de la nuestra para formar sus actos, y la nuestra debía estar en acto continuo de dar de lo suyo para hacer que la voluntad humana quedase modelada y toda uniformada en la Divina Voluntad.  Ahora, no hay vida, tanto humana, espiritual y Divina, que no tenga necesidad de alimento para crecer, para fortalecerse, embellecerse y felicitarse.  Nosotros poníamos nuestra Vida Divina en el hombre porque era incapaz de recibir toda la plenitud de nuestro Ser Divino, pusimos en él cuanto podía contener de nuestra vida, dándole libertad de hacerla crecer cuanto más pudiera y quisiera, pero nuestra vida en el hombre, para crecer, tenía necesidad de alimento, he aquí la necesidad de poner en él una Voluntad Divina; nuestra Vida Divina no se habría adaptado a alimentos de voluntad humana»[77]

«Hija mía, mi amor me hace sentir la necesidad de hablar de la creación del hombre, toda la Creación está llena de nuestro amor y dice, si bien en mudo lenguaje, y si no habla lo dice con los hechos, y es la más grande narradora de nuestro amor hacia el hombre, y cuando en todo fue extendido nuestro amor, de modo que no debía encontrar punto donde nuestro amor no lo cubriera y corriera hacia él, y más que sol no lo flechara continuamente, cuando todo estuvo completo en la Creación, creamos al hombre, pero antes de crearlo, escucha la historia de nuestro amor hacia él:  Nuestra Majestad adorable había establecido el constituir al hombre rey de toda la Creación, darle el dominio sobre todo y hacerlo señorear sobre todas nuestras obras, pero para decirse verdadero rey, de hecho no de palabras, debía poseer en él todo lo que habíamos esparcido en la Creación, así que para ser rey del cielo, del sol, del viento, del mar y de todo, debía poseer dentro de él un cielo, un sol, y así lo demás, de modo que la Creación debía reflejar en él, y él debía, poseyendo las mismas cualidades, reflejar en la Creación y dominarla.  En efecto, si no tuviera un ojo lleno de luz, ¿cómo podía gozarse la luz del sol y tomar de ella cuanto quisiera?  Si no tuviera pies y manos para recorrer la tierra y tomar lo que la tierra produce, ¿cómo podría decirse rey de la tierra?  Si no tuviera el órgano respiratorio para respirar el aire, ¿cómo podría servirse de él?  Y así de todo lo demás.  Por eso antes de crear al hombre miramos toda la Creación, y en nuestro énfasis de amor exclamamos:  'Cómo son bellas nuestras obras, pero entre todas haremos al hombre más bello, concentraremos todo en él, de modo que la Creación la encontraremos fuera y dentro de él.  Y conforme lo íbamos modelando, así encerrábamos en él el cielo de la razón, el sol de la inteligencia, la rapidez del viento en el pensamiento; la extensión del espacio, la fuerza, el imperio en la voluntad; el movimiento en el alma, en la cual encerrábamos el mar de la Gracia, el aire celestial de nuestro amor y todos los sentidos del cuerpo como la más bella floración.  ¡Oh! hombre, cómo eres bello, pero no contentos con esto poníamos en él el gran Sol de nuestra Voluntad, y dándole el gran don de la palabra, a fin de que fuera con los hechos y con las palabras el elocuente narrador de su Creador; era él nuestra imagen, la cual Nosotros nos complacíamos en enriquecerla de nuestras más bellas cualidades.  Pero no contentos de todo esto, fuimos presas de un amor tan exuberante hacia él, que nuestra inmensidad lo envolvía por todas partes, dondequiera y a cada instante nuestra Omnividencia lo veía en cada cosa, y hasta en las fibras de su corazón nuestra potencia lo sostenía, llevándolo por todas partes en nuestros brazos paternos; nuestra vida, nuestro movimiento, palpitaba en su latido, respiraba en su respiro, obraba en sus manos, caminaba en sus pies, y llegaba a hacerse escabel hasta bajo sus pasos; nuestra paterna bondad para tener al seguro a este nuestro amado hijo, lo ponía en condiciones de que él no se podía separar de Nosotros, ni Nosotros de él.  ¿Qué más podíamos hacer y no hicimos?»[78]

 

Este es el hombre, el verdadero, el creado a imagen y semejanza de Dios, quien ha decidido restituirlo nuevamente a su plan original, y debido a eso ha manifestado tantas verdades acerca de su Fiat, de su Voluntad, y cómo su Querer quiere venir a reinar en nosotros.  Es gracias también a la fidelidad de Luisa, al siempre haber estado dispuesta a la renuncia de su voluntad humana para dar las riendas a la Voluntad Divina, que este reino se haya establecido ya en la tierra, y que podemos aspirar a que se trasplante a cada uno de aquellos que lo quieran.  ¿Aceptarlo, o no...???

 

Razones teológicas para la no existencia de vida extraterrestre.

 

Sólo pondremos algunos razonamientos acerca de esta teoría, y llegaremos a la conclusión de que todo aquel que quiera creer en vida «inteligente» a imagen y semejanza de Dios, fuera de nuestro planeta, debe forzosamente negar abiertamente los postulados más elementales de nuestra fe.

a.- Adán puso a su mujer el nombre de Eva, puesto que había de ser madre de todos los vivientes.[79]

b.- Dijo Dios a la serpiente:  «Pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu linaje y el suyo; Ella[80] te aplastará la cabeza, y tú le acecharás el calcañal»[81]

c.- El Catecismo de la Iglesia Católica en el número 359 dice:  «Realmente, el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado»   San Pablo nos dice que dos hombres dieron origen al género humano, a saber, Adán y Cristo.

d.- En el N° 402 dice:  «Todos los hombres están implicados en el pecado de Adán»

e.- El 416:  «Por su pecado, Adán, en cuanto primer hombre, perdió la santidad y la justicia originales que había recibido de Dios no solamente para él, sino para todos los humanos».

f.- S. Pablo lo afirma: «Por la desobediencia de un solo hombre, todos fueron constituidos pecadores» (Rm 5, 19): «Como por un solo hombre entró el pecado en el mundo y por el pecado la muerte y así la muerte alcanzó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron» (Rm 5, 12). A la universalidad del pecado y de la muerte, el apóstol opone la universalidad de la salvación en Cristo: «Como el delito de uno solo atrajo sobre todos los hombres la condenación, así también la obra de justicia de uno solo (la de Cristo) procura a todos una justificación que da la vida» (Rm 5, 18).

Si observamos con objetividad las citas anteriores, aunado a todo lo que se dijo acerca del hombre en los escritos de Luisa Piccarreta, veremos cómo es prácticamente imposible la existencia de seres extraterrestres.

La costumbre de Dios es poner en uno todo lo que quiere dar a todos, y de este uno hacer pasar a los demás todo aquello que quiso darles.  Si existen seres fuera de nuestro planeta, y son creados a imagen y semejanza, deben ser descendientes de Adán y Eva, y por lo tanto, son seres que heredaron el pecado de origen y requieren forzosamente de la Redención.  No puede ser que hayan nacido antes de que Adán y Eva pecaran, pues en la Sagrada Escritura claramente se dice que Adán «conoció» a su mujer hasta después de haber sido arrojados del paraíso terrenal, y Eva concibió y parió a Caín.

En caso de estar necesitados de Redención, seguramente Jesús pagó también por ellos, pero no es suficiente, pues deben saberlo para adherirse libremente a esta redención.  También quedaría la necesidad de los sacramentos:  Del bautismo para ser reinjertados en Cristo, de la penitencia para ser perdonados sus pecados personales, del sacramento de la eucaristía para hacer crecer su Vida Divina, etc., ¿y de dónde los tomarían?  ¿Qué apóstol se fue a otra galaxia para llevarlos?  O ¿será tal vez que Dios haga leyes con excepciones, que obliguen a unos sí y a otros no, que a unos los condene por falta de estas ayudas y a los otros aunque nunca las hayan tenido los pueda salvar?  ¡Ah, qué poca imaginación tenemos!  ¡Claro, Jesús se puede encarnar en esos otros planetas para redimirlos!  ¡Cómo no lo habíamos pensado!  IMPOSIBLE.  Si esto fuera, sería tanto como decir que las obras de Jesús no son universales, y que el principio de que Dios se agota en las obras que realiza es una mentira, pues puede hacer varias veces la misma obra.  Varias veces se fabricará[82] una madre, el Verbo tomará varias humanidades para hacer múltiples uniones hipostáticas, múltiples pasiones, múltiples evangelios, centenares, millares o más apóstoles, múltiples iglesias, etc., etc., etc.  Lo mismo sería si dijéramos que aquellos seres no son hijos de Adán y fueron creados en forma particular, entonces las preguntas serían:  ¿Qué les puso a esos seres, pues todo lo necesario para ser hombres a imagen y semejanza ya lo había agotado en Adán?  ¿Pecaron también ellos, o se mantuvieron fieles al Señor?  Si pecaron, estamos en el mismo caso anterior; si no pecaron, entonces deberemos decir que la Redención llevada a cabo en este planeta no fue universal, pues a estos seres no les benefició en nada, y para ellos fue inútil; por lo tanto Dios sí hace cosas inútiles.

No existe vida similar a nosotros, con cuerpo, alma (con sus tres potencias: voluntad, inteligencia, memoria), y espíritu, a lo que se debe añadir Vida Divina y Voluntad Divina obrante, en el universo.  Los extraterrestres son una invención para distraernos y hacernos creer que la vida es común en este universo, cosa que como vimos al principio, se está demostrando científicamente que no es así.

Espero que estas reflexiones nos hagan pensar un poco acerca del papel privilegiado que Dios nos otorgó, y nos impulsen a vivir con más arrojo todas aquellas prerrogativas que nos fueron asignadas por creación.

Que Dios los bendiga, y nos abra la inteligencia para poder ver con claridad sus designios.  Y tomando la petición que el rey Salomón dirigió al Señor, uniéndonos todos juntos pidamos sabiduría para ver con claridad dónde está la verdad y cómo debemos comportarnos:

«Yo soy aún como un niño pequeño que no sabe la manera de conducirse... Da, pues, a tu siervo un corazón dócil para que sepa hacer justicia, y discernir entre lo bueno y lo malo»[83]

 

 

 

Salvador Thomassiny F.



[1] (Col. 116)

[2] Yo soy el camino la verdad y la vida

[3] Por esto digo incultas, pues cultura. (Del lat. cultūra) quiere decir: “Conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico”. Y esto es lo único que no han tenido:  “Juicio crítico”.  Se han basado en una creencia religiosa, y sin tomar en cuenta las ideas de los contrarios han querido imponer por la fuerza, no por la razón, sus ideas, pero por su intolerancia y modos insolentes y soberbios, han sido más motivo de separación, sordera voluntaria a los razonamientos,  y de burla de todos aquellos que los enfrentan, y han motivado con esto que la mayor parte de la gente acepte sus razonamientos; siendo que lo que debiera de ser, es que llevados por el convencimiento de sus razones, creencias, etc., se acercaran a los otros para tratar de convencerlos y llevarlos a la luz de la verdad.

[4] Catecismo de la Iglesia Católica N° 295  Creemos que Dios creó el mundo según su sabiduría. Éste no es producto de una necesidad cualquiera, de un destino ciego o del azar. Creemos que procede de la voluntad libre de Dios que ha querido hacer participar a las criaturas de su ser, de su sabiduría y de su bondad: «Porque Tú has creado todas las cosas; por tu voluntad lo que no existía fue creado» (Ap 4, 11). «¡Cuán numerosas son tus obras, Señor! Todas las has hecho con sabiduría» (Sal 104, 24). «Bueno es el Señor para con todos, y sus ternuras sobre todas sus obras» (Sal 145, 9).

 

[5] ¿No creen ustedes que Dios sería incongruente consigo mismo al tomar un animal (primate = mono), que Él mismo pone como INMUNDO en el capítulo 11 del Levítico para formar la humanidad de la Segunda Persona de la Trinidad?  Si revisamos el versículo 27 de dicho capítulo veremos que dice: «Entre los demás animales que andan en cuatro patas, los que tienen unas como manos sobre las cuales andan, serán inmundos» Esto lo debemos revisar en Biblias impresas antes del año 1960, pues a partir de ese año se inicia una serie de cambios, que al parecer son mínimos, pero que tienen una gran trascendencia, como éste, en que por el cambio sufrido, ya no es el mono el inmundo sino el oso; cambiaron manos por plantas y, ¡oh! sorpresa,  resultó que el oso por ser plantígrado, ahora es el inmundo.

[6] Catedrático de Estudios Islámicos de la Universidad George Washington

[7] Profesor de Astronomía de la Universidad de Tel Aviv, Israel.

[8] Si la ciencia es el conjunto de conocimientos obtenidos mediante la observación y el razonamiento, sistemáticamente estructurados y de los que se deducen principios y leyes generales, por medio de los cuales lo que se estudia puede ser repetido, ¿por qué se dice ciencia a aquella que estudia el universo y la aparición de la vida, sobre todo el hombre, si no pueden corroborar sus teorías por medio de la aplicación de estos principios y leyes para repetir lo que mencionan? A lo más quedaría a nivel de Filosofía.

[9] Sistema de Copérnico, modelo del sistema solar propuesto en 1543 por el astrónomo polaco Nicolás Copérnico. El sistema de Copérnico adelantó la teoría de que los planetas giran en órbitas alrededor del sol, y que la tierra es uno de los planetas y gira sobre su eje norte-sur de oeste a este a razón de una rotación por día. Estas hipótesis sustituyeron al sistema de Tolomeo, que había sido la base de la teoría astronómica hasta entonces. La publicación del sistema de Copérnico estimuló el estudio de la astronomía y de las matemáticas y sentó las bases para los descubrimientos del astrónomo alemán Johannes Kepler y del físico inglés sir Isaac Newton.  La teoría de Tolomeo mantenía que la tierra está inmóvil y se encuentra en el centro del Universo; el astro más cercano a la tierra es la luna y según nos vamos alejando, están mercurio, venus y el sol casi en línea recta, seguidos sucesivamente por marte, júpiter, saturno y las llamadas estrellas inmóviles. Posteriormente, los astrónomos enriquecieron este sistema con una novena esfera, cuyo movimiento se supone que lo causa la precesión de los equinoccios.

 

[10] Hace 570 millones de años los seres pluricelulares se extienden explosivamente

[11] Teoría filosófica que sitúa al hombre como centro del universo

[12] Fred Heeren, periodista de ciencia y autor de Muéstrame Dios.  Lo que el Mensaje del Espacio nos Dice Acerca de Dios (Show Me God, What the Message from Space Is Telling Us About God).

[13] Medio ambiente.

[14] “La nueva historia de Adán y Eva” de Günter Haaf.

[15] Catecismo N° 290 «En el principio, Dios creó el cielo y la tierra»: tres cosas se afirman en estas primeras palabras de la Escritura: a.- El Dios eterno ha dado principio a todo lo que existe fuera de Él. b. Sólo Él es creador (el verbo «crear» -en hebreo «bara»- tiene siempre por sujeto a Dios).  c. La totalidad de lo que existe (expresada por la fórmula «el cielo y la tierra») depende de Aquél que le da el ser.

[16] Aunque la más elemental lógica impone el pensar que donde hay una ley debe haber un legislador.

[17] Sab. 1121  Tú dispones todas las cosas con justa medida, número y peso;

[18] Luisa Piccarreta  Vol. 12  15/04/19

[19] Luisa Piccarreta  Vol. 29  29/09/31

[20] Luisa Piccarreta Volumen 32  9/04/33

[21] Has de saber que todas mis obras las inicio entre Yo y una sola criatura, después son difundidas.  En efecto, ¿quién fue el primer espectador del Fiat de la Creación?  Adán, y luego Eva; no fueron ciertamente una multitud de gentes, pero después de años y años han sido espectadores turbas y multitudes de pueblos. Luisa piccarreta, Vol. 12  24/01/21, cfr. Vol. 14  9/09/22, Vol. 15  8/05/23, Vol. 17  25/06/26, Vol. 20  24/01/21, etc.

[22] Revelación de Cristo

[23] A lo largo de los siglos ha habido revelaciones llamadas «privadas», algunas de las cuales han sido reconocidas por la autoridad de la Iglesia. Éstas, sin embargo, no pertenecen al depósito de la fe.  Su función no es la de «mejorar» o «completar» la Revelación definitiva de Cristo, sino la de ayudar a vivirla. Catecismo de la Iglesia Católica N° 67 

[24] Catecismo N° 66 No habrá otra revelación:  «La economía cristiana, por ser alianza nueva y definitiva, nunca pasará; ni hay que esperar otra revelación pública antes de la gloriosa manifestación de nuestro Señor Jesucristo»  Sin embargo, aunque la Revelación esté acabada, no está completamente explicitada; corresponderá a la fe cristiana comprender gradualmente todo su contenido en el transcurso de los siglos.

más plenamente en una cierta época de la historia.  Guiado por el Magisterio de la Iglesia, el sentir de los fieles (sensus fidelium) sabe discernir y acoger lo que en estas revelaciones constituye una llamada auténtica de Cristo o de sus santos a la Iglesia.  La fe cristiana no puede aceptar «revelaciones» que pretenden superar o corregir la Revelación de la que Cristo es la plenitud. Es el caso de ciertas religiones no cristianas y también de ciertas sectas recientes que se fundan en semejantes «revelaciones».

[25] Mt 548

[26] El Fiat Voluntas Tua se atribuirá al Espíritu Santo; y es propiamente en el Fiat Voluntas Tua que el Divino Espíritu hará desahogo de su obra. Luisa Piccarreta  Vol.  17   17/05/25

[27] Mc 1017-19

[28] Mc 1020-21

[29] Mt 1921

[30] Jn 1612-ss

[31] Completo, lleno. Dícese del momento culmen o central de algo. Diccionario de la Real Academia Española

[32] Y una voz de los cielos decía: «Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco.» Mt 317

[33] Le respondió Jesús: Yo soy el camino, la verdad, y la vida: Nadie viene al Padre sino por mí. Jn 146

[34] Dz 1787

[35] Yo te glorifico, Padre mío, Señor del cielo y de la tierra, porque has tenido encubiertas estas cosas, a los sabios y prudentes del siglo, y las has revelado a los sencillos  Mt. 1125

[36] ...Estos libros del Antiguo y del Nuevo Testamento, íntegros con todas sus partes, tal como se enumeran en el decreto del mismo Concilio, y se contienen en la antigua edición Vulgata latina, han de ser recibidos como sagrados y canónicos. Ahora bien, la Iglesia los tiene por sagrados y canónicos, no porque compuestos por sola industria humana, hayan sido luego aprobados por ella; ni solamente porque contengan la revelación sin error; sino porque escritos por inspiración del Espíritu Santo, tienen a Dios por autor, y como tales han. sido transmitidos a la misma Iglesia [Can. 4]. Dz 1787

[37] Para muestra de todo esto, basta leer las herejías que se ponen en la Biblia comentada por los profesores de Salamanca, de donde se nutren gran parte de nuestros Teólogos.  En la Biblia Latinoamericana, tan elogiada en la actualidad, y de donde se nutre gran parte de nuestra gente, que no tienen quien las guíe y que de buena fe tratan de ilustrarse, con la CULPABLE y acomodaticia complicidad de los ministros de la Iglesia.

[38] Cuando Dios revela estamos obligados a prestarle por la fe plena obediencia de entendimiento y de voluntad. Concilio Vaticano I Dz 1789

[39] Concilio Vaticano I  Dz 1792

[40] Jn 1612-ss

[41] cfr Dz 1786

[42] Dios es el creador de todas las cosas; es una verdad fundamental del orden religioso, de la cual se derivan nuestros deberes para con Dios. Sal 33 (32), 136 (135)

[43] Según el texto hebreo se debería traducir Sea la luz. Y la luz fue; o también Haya luz. Y hubo luz.

[44] La palabra día tiene diferentes sentidos en casi todas las lenguas; por tanto, no se sabe si son días naturales o más bien ciertas épocas o períodos en los cuales Moisés divide el tiempo en que Dios creó, formó y adornó el universo.  Jesús le dice a María Valtorta que día es período de tiempo en que se obra, no 24 Hs.

[45] María Valtorta I Quaderni del 1943

[46] Ibíd.

[47] Ibíd

[48] Magisterio de la Iglesia.  N° 1783.  [Del acto de la creación en sí y en oposición a los errores modernos, y del efecto de la creación]. Este solo verdadero Dios, por su bondad "y virtud omnipotente", no para aumentar su bienaventuranza ni para adquirirla, sino para manifestar su perfección por los bienes que reparte a la criatura, con libérrimo designio, "juntamente desde el principio del tiempo, creó de la nada a una y otra criatura, la espiritual y la corporal, esto es, la angélica y la mundana, y luego la humana, como común, constituida de espíritu y cuerpo" [Conc. Later. IV, v. 428; Can 2 y 5].

[49] Casualidad no quiere decir ausencia de causas, sino ignorancia de las mismas.

[50] Dz 1797.  [De la imposibilidad de conflicto entre la fe y la razón]. Pero, aunque la fe esté por encima de la razón; sin embargo, ninguna verdadera disensión puede jamás darse entre la fe y la razón como quiera que el mismo Dios que revela los misterios e infunde la fe, puso dentro del alma humana la luz de la razón, y Dios no puede negarse a Sí mismo, ni la verdad contradecir jamás a la verdad.  Ahora bien, la vana apariencia de esta contradicción se origina principalmente, o de que los dogmas de la fe no han sido entendidos y expuestos según la mente de la Iglesia, o de que las fantasías de las opiniones son tenidas por axiomas de la razón. Así, pues, "toda aserción contraria a la verdad de la fe iluminada, definimos que es absolutamente falsa"

[V Concilio de Letrán; v. 738].

[51] El catecismo de la Iglesia Católica en el N° 341 dice:  La belleza del universo, el orden y la armonía del mundo creado derivan de la diversidad de los seres y de las relaciones que entre ellos existen. El hombre las descubre progresivamente como leyes de la naturaleza que causan la admiración de los sabios. La belleza de la creación refleja la infinita belleza del Creador.

[52] El hecho es que Dios permitió que todas las gentes quedasen envueltas en la incredulidad, para ejercitar su misericordia con todos. Rm. 1132

[53] Hermosa palabra:  “Hagamos”, ya no es una orden de su omnipotencia, a la cual todo obedece, sino que es Él mismo, en su Santísima Trinidad, quien va a modelar al hombre con sus manos, a infundirle vida con su mismo aliento.  Esto dignifica a la criatura y la pone aparte de todos los demás seres.

[54] Catecismo N° 343 El hombre es la cumbre de la obra de la creación. El relato inspirado lo expresa distinguiendo netamente la creación del hombre y la de las otras criaturas.

[55] Sea hecho, produzca, reúnanse, aparezca, haya.

[56] Les replicó Jesús: ¿No está escrito en vuestra ley: Yo dije, dioses sois? Jn 10 34

[57] De fe la primera parte, teológicamente cierta la segunda.

[58] Aun reconociendo esta sublime superioridad en dignidad, no incluye a los ángeles, sigue pensando que su naturaleza, por ser espiritual es superior.  No toma en cuenta la imagen y semejanza con el Creador, cosa que los ángeles no tienen.

[59] Ni siquiera están de acuerdo en los términos, puesto que los usan conforme les va conviniendo para lo que quieren decir, para salvar según ellos la distancia infinita entre Dios y la criatura, pensando que el hombre es una obra más de la creación, no toman en cuenta la Humanidad de Nuestro Señor Jesús como causa de toda la creación, sino como una acción emergente para salvar al hombre, siendo que esta Humanidad es el modelo para toda la demás familia humana.  Esto lo explicaremos más adelante.

[60] Naturaleza ajena ???

[61] Para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. Jn. 1721

[62]   Jn. 1720-ss.

 

[63] II Cor  410

[64] 2 Pe. 14

[65] Efesios 21-24

[66] Luisa Piccarreta, Vol. 15   11/07/23

[67] Luisa Piccarreta, Vol. 14  17/04/22

[68] “Ahora, en cuanto la criatura hace su voluntad así retrocede y da un paso hacia atrás de su Creador, y Dios retrocede, y se forma una distancia infinita entre uno y otro.  Ve entonces la necesidad de perseverar en modo continuo de obrar en mi Divina Voluntad, para disminuir la gran distancia entre Dios y la criatura, producida por la voluntad humana, y no te creas que sea distancia personal, Yo estoy por todas partes, en todos, en el Cielo y en la tierra, la distancia que forma el querer humano sin el mío, es distancia de santidad, de belleza, de bondad, de potencia, de amor, son distancias infinitas que sólo mi Querer obrante en la criatura puede reunir y unir juntos y volver inseparables el uno del otro.”  Luisa Piccarreta, Vol. 30   30/05/32

[69] Como es espiritual, lo mismo se puede decir del ángel

[70] Luisa Piccarreta  Vol. 30   13/04/32

[71] Mismo mandato da a Noé en Gn. 9 1-ss

[72] Pero esto es nada, no son otra cosa que las cualidades de nuestro Ente Supremo, lo que es más de maravillar, es que queremos formar tantas vidas nuestras en cada criatura.  Esto es obrar como Dios, tener virtud de poder formar tantas vidas divinas por cuantas criaturas ha puesto fuera a la luz del día; del resto, la criatura es nuestra, creada por Nosotros, vivimos juntos, y porque la amamos nuestro amor nos lleva con una fuerza irresistible y potencia toda nuestra a formarnos como vida en ella, y nuestro arte creador, que no se contenta con crear a las criaturas, en el ímpetu de su amor quiere crearse a Sí mismo en la persona creada.  Luisa Piccarreta  Vol. 34   4/07/37

[73] Vol. 24   10/09/28

[74] Dejarse arrebatar de una pasión, perdiendo la moderación y la calma.

[75] Luisa Piccarreta Vol.  36  18/09/38

[76] Luisa Piccarreta  Vol 12   22/03/19

[77] Luisa Piccarreta  Vol. 29    3/08/31

 

[78] Luisa Piccarreta  Vol. 33    5/08/34

[79] Es muy clara la redacción:  Madre de TODOS los vivientes, refiriéndose a todos los seres creados a imagen y semejanza de Dios (pensantes, inteligentes) con una vida material y otra espiritual. Gn 320

[80] Este pasaje se refiere a la Virgen María, según se desprende de las palabras de Jesús a la serpiente, puestas en el volumen 29 de Luisa Piccarreta  el 19 de mayo de 1931:  “Tú te has servido de una mujer para arrancarme al hombre de mi Divina Voluntad, y Yo por medio de otra mujer que tendrá en su poder la potencia de mi Fiat, abatiré tu orgullo, y con su pié inmaculado te aplastará la cabeza.

[81] Pasaje muy interesante, pues aquí se hace manifiesto el origen del reino del demonio, que se contrapone al reino de Dios, y donde Él promete al Redentor y hace anuncio de la potestad que la Virgen tendrá sobre el demonio.  Esto es causa de la venida de Jesús a llevar a cabo la Redención de todo el género humano, o sea de todos los descendientes del ser creado a imagen y semejanza de Dios. Gn. 315

[82] Con toda intención pongo la palabra fabricar, pues son en serie, ninguna Inmaculada Concepción donde Dios agota todas las gracias para hacer de su Madre la Llena de Gracia.

[83] I Reyes 3